
Por: Luis Vivori
Las raíces africanas en Argentina son un misterio. O al menos eso parece. Como otras culturas, la africana sufrió el ninguneo de las esferas del poder durante todo el siglo XX. Sin embargo, aquellos historiadores que se ocuparon de bucear en los años del Virreinato del Río de la Plata, destacan que la población negra procedente de la trata de esclavos llegó a ser de más de la mitad de la población de algunas provincias durante los siglos XVIII y XIX. Una cifra lo suficientemente importante como para dejar una huella imborrable en nuestra cultura. De esto se sabe poco y nada. Y es un ocultamiento nada casual. Como el de otras culturas, marginadas adrede con el objetivo de imponer otras. Una negación intencionada de nuestro multiculturalismo y diversidad racial. Otro tanto sucede con los pueblos originarios que habitaron y habitan estos territorios desde siempre. Pablo César, director de cine experimental, posó su cámara sobre el continente negro con su trilogía Equinoccio, el jardín de las rosas; Unicornio, el jardín de las frutas y Afrodita, el jardín de los perfumes. Con Orillas, fue más allá y construyó un puente entre la Isla Maciel, Gran Buenos Aires y la República de Benin, en el Oeste africano. En Orillas, César narra dos historias cruzadas que se juntan en el final, arrastrando consigo similares marcas de pobreza y marginación.
Isla Maciel y Benín, dos orillas que se tocan. Shantas es un joven que vive en una casilla en Villa Tranquila, Isla Maciel. Con su bandita salen a chorear. En su barrio se vincula con Julio, un sacerdote umbanda que lo trata como una especie de súper héroe. En el mismo barrio trabaja el médico Alberto Nuñez, con experiencia como médico sin fronteras en el continente africano. Nuñez vacuna a los chicos mientras negocia apoyo económico de un pastor flojo de papeles de la iglesia Corazón de Cristo. Una pequeña muestra de un barrio marginado que sirve como pintura de toda una situación social. El contraste con un grupo de violadores clasemedieros que necesitan vivir una experiencia “intensa”, demuestra bestialmente los prejuicios y desprecio de esta clase con aquellos que la sociedad condenó a vivir en el fondo del mar. En paralelo, en Benin, Africa, se desarrolla otra historia. Babárímisá, un niño de 15 años, tiene una extraña enfermedad en el corazón. Morenike, su madre, intenta curarlo en los hospitales de la zona. Frente a las carencias materiales de los centros médicos, busca el milagro recorriendo los poblados cercanos. La pobreza, la violencia, la desesperanza y los rituales místicos recorren las vidas de Shantas y Babárímisá. No se conocen, sin embargo, el destino trágico los va a cruzar, sacrificando a uno para salvar al otro.
Tras las huellas de Africa en Argentina. Los cambios migratorios operados en Argentina desde finales del siglo XIX y durante todo el siglo XX, fueron generando un cambio abrupto en la población. Los europeos primero y los habitantes de países limítrofes después, fueron ganando terreno y en paralelo se fueron extinguiendo los últimos vestigios de la comunidad africana. Diversas enfermedades, pero sobretodo, la decisión de llevar a los esclavos africanos a las guerras (en especial la guerra de la triple alianza) fueron mermando su número en nuestro país. El último censo de 2010 determinó que la población afrodescendiente de Argentina asciende a casi 150 mil personas, un 0,4% del total. Y aunque hoy día los africanos que llegan no sufran la discriminación evidente que sí sufren por ejemplo paraguayos y bolivianos, la “negritud” sigue siendo motivo de subestimación o xenofobia. “Viví la discriminación cuando filmaba Orillas, donde hablo de las raíces negras de la población en Buenos Aires. Se instaló el negro como algo malo, lunes negro en los mercados, trabajo en negro, tuve un día negro en los medios en los títulos de diarios y en la TV, etc.”
Filmar, experimentar, reflexionar. El camino que debió recorrer César entre dos continentes, con poco presupuesto y con mayoría de actores “no actores” reclutados en los lugares de filmación le dejó varias conclusiones: “Casi nunca se ha filmado en esos lugares y cuando se ha hecho ha sido en documentales en algunos casos, pero cuando estuvimos filmando, incluso en Benín, las ceremonias de iniciación religiosa son reales con músicos y artistas yorubas y fue entrar ahí desde un lugar muy especial, entrar al corazón de ellos, no era ni la plata ni la fama ni nada lo que los motivaba, al revés, cualquiera de esos elementos podría haber hecho sospechar sobre las intenciones de un equipo de filmación”. Orillas no debe verse desde el lugar del entretenimiento ni bajo los standares clásico para juzgar un film: “yo creo que con Orillas hay que sentarse y dejarse llevar por la película porque la idea es que sea considerada como un disparador de preguntas más que nada. Si es verdad todo esto, qué pasó con los africanos en Argentina, dónde están nuestras huellas”. No es poco.
Entrevista extraída de:
http://www.cinestel.com/orillas-de-pablo-cesar-una-reflexion-sobre-el-mestizaje-cultural/
https://www.pagina12.com.ar/19870-ver-la-vida-a-traves-del-cine
Para ver la película en youtube:
https://www.youtube.com/watch?v=qkNmLEn5FHs&t=4776s