Ramos de flores, paquetes con velas, cintas blancas y celestes, pequeñas botellas con agua bendita, rosarios de plástico, pulseras de hilo, imanes para la heladera, grandes velones de cera y estampitas de distintos tamaños, todo con la imagen de la virgen. Así reciben los avasallantes vendedores a cada uno de los fieles, en el poco espacio libre que queda en el patio de entrada, entre las rejas que dan a la vereda y las escaleras que llevan a la iglesia.