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Por: Daniel Menendez/Diego Bartalotta

 

Entrevista a Ernesto Tenembaum

 

La sección Barrio al Medio de Tercer Cordón fue inaugurada con la entrevista realizada a Ernesto Tenembaum; periodista gráfico, radial y televisivo, que fue premiado recientemente a la mejor Labor Periodística Masculina en los Premios Martín Fierro de noviembre 2017. Compartimos con él un café en el barrio de Palermo, cerca de Radio Con Vos, donde realiza su programa ¿Y Ahora Quién Podrá Ayudarnos? 

 

Ernesto Tenembaum: “Es muy difícil hablar del periodismo como una cosa general. El periodismo es un sector de producción de contenidos de la sociedad que está atravesado por mil variables; y donde influye mucho, sobre todo a los periodistas que tienen un desarrollo profesional destacado, la percepción de cada uno de los temas.

Sin embargo se puede hacer una visión general de que el periodista es (en general, no en todos los casos) un integrante de la clase media. Y entonces, así como cuando a uno le llegan más dos muertos en Buenos Aires que 300 en Arabia Saudita; de la misma manera una persona de la clase media es más sensible a las demandas y los reclamos de la clase media que a los de otros sectores sociales, sea cual fuere. Es más cercano un tipo de Caballito que un tipo de La Horqueta, o un tipo de Caballito que un tipo de Florencio Varela.

Entonces, cuando hay un corte de calles porque en Caballito está cortada la luz, el periodista naturalmente, más allá de los intereses de los medios y mas allá de todo, el periodista naturalmente entiende el reclamo del tipo que corta la calle porque le cortaron la luz, porque puede ser el mismo. En cambio, cuando se corta la autopista porque la policía mató a un pibe en Florencio Varela, el periodista muy naturalmente entiende el reclamo del conductor de autos que no puede pasar por ese corte. Le cuesta menos entenderlo porque es más parecido.

Más allá de la ideología de cada medio, que es algo para discutir y ver en cada momento y ver cada medio y ver cada periodista; más allá de eso, hay natural predisposición a entender y a proyectar y a transmitir el reclamo o el punto de vista de la clase media o de la clase media urbana, por sobre el de los sectores de una villa o de un barrio del conurbano.

Siempre digo que (no siempre y no todo) entre el periodismo y los sectores más desprotegidos de la sociedad, habitualmente hay como una especie de muro. Frente a eso me parece que quienes militan del otro lado del muro, por decirlo de una manera violenta, tienen dos opciones. Nunca son excluyentes, pero que existen. Una es denunciar que esto existe. Otra es reconocer que existe y ver cómo hacer para cambiarlo. Y establecer vínculos, puentes, agujeros dentro de ese muro para encontrar interlocutores y formas de transmitir situaciones que de repente puedan ser eficientes sobre todo para que los problemas de los barrios populares, de los sectores más jodidos, sean escuchados y tengan visibilidad. Para eso puede servir el periodismo, para que los sectores menos escuchados tengan visibilidad.

Si a eso se le agrega la irrupción de las redes sociales; la capacidad, la posibilidad de comunicar cosas distintas que no están dentro de la agenda mediática dominante, son infinitas. Entonces requiere en todo caso un trabajo muy consciente de quienes conducen a los movimientos sociales de cómo llegar al periodismo y qué cosas pasan en cada barrio.

Hay muchos ejemplos que demuestran que eso puede pasar. Por momentos La Poderosa logró meter algunas cosas, La Izquierda Diario es otro ejemplo. El programa de Cicioli, lado C, es otro ejemplo de la muestra permanente de lo que es el conurbano. Desde puntos de vista distintos. Pero permanentemente es cuestión de, yo creo, la posibilidad de incidir en los debates democráticos y de imponer ideas nuevas.

A mí me ha pasado que las veces que me acerqué con laburos televisivos, laburos en los barrios, y encontrás una realidad completamente distinta, una filosofía completamente distinta, una forma de solidaridad completamente distinta. Y te das cuenta que te cuesta llegar. La última vez que me pasó fue cuando fue esa fiesta en que los pibes se juntan para hacer quilombo. Tiene una X, no me acuerdo como se llamaba. Fui a Moreno a cubrir cómo era el barrio donde pasó eso, y el contraste de todo lo que falta con lo que pasa acá en la Capital que está a quince minutos, es una cosa que es estremecedora.

Depende de los movimientos sociales, no sólo de los periodistas, poder contar eso y que llegue.

Cada tanto aparece algún informe. Yo me acuerdo el trabajo que hacíamos en el periodismo para denunciar lo que pasaba en el tren Sarmiento antes de la tragedia. Esos focos de poder contar lo que pasa. Eso a veces lo hace el periodismo más de show y lo hace bien, pero si surge de abajo hacia arriba enseguida vos le prestas atención.

Los periodistas tenemos dilemas. Mi acercamiento en general trata de ser humilde y curioso. Y preguntar y ver qué dice la gente. Me parece que lo que yo espero ofrecer a un oyente es eso: alguna visión que le abra una ventanita sobre cómo son las cosas lejos del mundo en el que vive cotidianamente cuando pasan estas situaciones. Y no es fácil, no se logra habitualmente, pero es mi forma, y mi forma de saber que siempre se puede aprender.

El juicio moral de las cosas es posterior, si es que existe en algún momento. Es posterior a la curiosidad sobre cómo funcionan. Y nuestro trabajo es mostrar cómo funcionan las cosas. Cuando yo era más chico te podría haber dicho: “para cambiarlas”. Me parece hoy que uno puede ayudar en algunos casos, sin duda, a darle visibilidad a algunos temas. A mí me ha pasado con la mayoría de los casos donde ha habido víctimas. Desde la época de la dictadura hasta Once, a mí me ha pasado que eso ha sido un criterio indiscutible: aunque no este de acuerdo, la víctima tiene que tener el micrófono. El hecho horrible, el avión que cae por negligencia, la AMIA que expota por asesinos e impunidad, Santiago Maldonado. Estos hechos tienen que tener lugar en los programas porque es la defensa de la vida.

La verdad es que desde los barrios hay tanto para contar que no se conoce, que yo como periodista consumiría mucho historias de vida. Lo que pasa es que como siempre lo que prima es la imaginación, es la creatividad, es la perseverancia, el sostenimiento con el tiempo de un trabajo periodístico.

Por fuera de eso yo a lo que aspiro es a que haya curiosidad. El periodismo es la gran curiosidad por contar cosas. Si mañana le contas a la gente como se vive en las grandes mansiones de san Isidro y te lo cuenta una señora que vive ahí o que vivió ahí y te lo puede contar a mi me parece interesantísimo. O si te lo cuenta alguien que vive en el cuartel moreno y te cuenta como es la vida de un pibe que vive ahí y te lo cuenta bien es recontra interesante. Y después  que lo juzgue uno y que lo juzgue otro. Y después el juicio moral tiene que ver con la formación de la gente, yo no lo voy a cambiar. Puede cambiar un poquito para que la gente sea más tolerante, más comprensiva, más inquieta, más curiosa. Un poquitito, no mucho. Pero yo me guío por eso, por la curiosidad”.