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Por: Luis Vivori

Aquellos a los que la sociedad margina sin piedad. Aquellos “perdedores” que la reman todos los días para arribar a una orilla que les brinde un futuro mejor. Para todos ellos, Adrián Caetano, – director de cine argentino y uruguayo en mitades iguales – tiene un lugar en sus películas. Desde su ópera prima, la multi premiada Pizza, birra y faso (co dirigida con Bruno Stagnaro), Caetano viene erigiéndose en el paladín de los desposeídos. Luego siguieron Bolivia, un manifiesto anti xenofobia, o las tiras de TV Tumberos y la más reciente El Marginal, en las que retrata un ambiente carcelario poblado solo por pobres. Con Un Oso Rojo, de 2002, un clásico que bien vale la pena volver a echarle el ojo, logra combinar varias de sus preocupaciones. En el film, rodado entre Hudson, sur del conurbano y La Boca, el director nos trajo un relato barrial de delincuencia, cárceles y pobreza anclada en el conurbano bonaerense. Una especie de western, aunque en el sur y sin botas ni sombreros. Un relato con toques épicos y en el que los afectos empujan la trama. “Quería escribir una historia sobre un personaje que tuviese una hija. Y me parece que terminó siendo como una película sin tiempo, porque ya todos sabemos lo que es el Gran Buenos Aires. Así que lo que hace falta es contar una historia, una historia en una geografía que te sea familiar, con esos bondis, con esa cerveza”, resume el director.

Una de cowboys en Hudson. El oso sale de la cárcel luego de siete años purgados por robo y homicidio. Lo que se encuentra al salir no es grato: su mujer se fue con otro y su hija pequeña apenas si lo reconoce. Intentando reinsertarse, el oso consigue laburo como remisero en su barrio, en Hudson, con el que se paga las cuentas. La salida de la cárcel es condicional, por lo que tiene que hacer buena letra. Mientras, intenta recuperar a su familia. Pero las cosas no van como él imaginaba. Por un lado, su ex no quiere saber nada de reconciliaciones. Por el otro, El turco, un ex jefe en el delito que lo llevó a prisión, no tiene intenciones de devolverle su parte de aquel botín. En ese escenario, el oso comienza a perder la paciencia y la ilusión. Sin embargo y aunque vuelve a las andadas, lo hace empilchando un traje de romántico justiciero. En su derrotero de redención, asume, a los tiros, todos los riesgos de “limpiar” a la banda de sus cómplices con la única intención de salvaguardar el futuro económico de su hija.

Contar historias de los que les toca perder. Una escena de Un oso rojo muestra con vehemencia la opinión de Caetano sobre cierta clase media. En la misma, el oso se acerca a un hombre estacionado con su auto. Se asoma por la ventanilla del conductor y le pide al tipo un manguito para comer. La respuesta de éste, automática, conocida y repetida a diario en nuestras calles, es violenta y despreciativa: “andá a trabajar boludo”. La reacción del oso, igual de violenta, pero más física que verbal, deja en evidencia la cobardía del hombre, que casi se hace encima frente a la situación. Uno más de esos “odiadores” seriales de los pobres, que no son más que guapos de cartón. Muchos de ellos son parte de ese grupo que tuvo la suerte de quedar en el lado de los privilegiados, aunque busquen con esmero explicarlo de otro modo. El director los define así: “La gente de dinero cree que tiene dinero porque se lo merece cuando, en realidad, tiene dinero porque hay un sistema que permite que algunos tengan mucho y otros no tengan nada, y por azar son ricos como por azar podrían haber sido pobres. Me parece que ese tipo de pensamiento es un poco pernicioso. ‘Yo lo que tengo me lo gané’, dicen muchas veces. Sí, se lo ganó porque hay alguien que plantea el mundo en esos términos; ahora si la norma no fuera ganar o perder, no sé qué sería de ellos”

 

 

¿Vos de qué lado estás? La elección de las historias, del tono y del contexto en el que se las cuenta, le permiten a un director de cine construir su propia cosmovisión. Un acercamiento a la sociedad a la que pertenecen tomando una postura clara. Cada plano tiene un sentido, nada es ingenuo. Por eso y aunque para conocer las ideas de un realizador resulta fundamental ver sus películas, nunca sobra conocer en palabras su pensamiento: “Creo que el mundo está patas para arriba. Están subvertidos los valores: los niños molestan, los viejos también, el más débil pierde, el más fuerte gana …”, explica Caetano y describe los motivos que lo llevan a poner a los sectores más humildes como protagonistas de sus films: “No tengo una crítica social, es el marco social donde me ocurren las cosas. Y me gustan los sobrevivientes, esa gente que a pesar de que todo se le complica, ve cómo la saca adelante. Los yanquis cuando hacen películas, ya tienen algo deliberado: bueno, vamos a trabajar con el hombre común que es el que le llega al espectador. Yo no sabría hacer películas de otra clase social. Yo no veo héroes en la clase media”.


REFERENCIA

Entrevistas extraídas de:

http://pagina12.feedback.net.ar/secciones/espectaculos/index.php?id_nota=10886&seccion=6

http://www.me.gov.ar/monitor/nro5/entrevista.htm

https://www.laizquierdadiario.com/Adrian-Caetano-Me-gustan-los-sobrevivientes-que-pese-a-todo-ven-como-salen-adelante

Para ver la película en youtube:

https://www.youtube.com/watch?v=IXakdi_Nsdo