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NUEVAS FORMAS DE PARTICIPACIÓN, AMPLIACIÓN DE LA DEMOCRACIA Y MOVIMIENTOS SOCIALES

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Por: Daniel Menendez – @bdp_daniel 

“Los movimientos sociales estarían insertados en movimientos por la ampliación de lo político, por la transformación de prácticas dominantes, por el aumento de la ciudadanía y por la inserción en la política de actores sociales excluidos”1.

En la actualidad, mucho se debate sobre los modos de organización ante un devenir neoliberal. El contexto de ajuste económico, crecimiento de la pobreza y la indigencia, el achicamiento del Estado que ve restringida su capacidad de dar respuesta a la creciente demanda social, la suba desmedida de las tarifas y la inflación descontrolada producto, entre otras variables, de la devaluación, impactan en la vida cotidiana de miles de personas y ponen en riesgo la paz social. A su vez, una fuerte crisis de representatividad de los partidos políticos tradicionales, muestra los límites del sistema político para contactarse de manera genuina con las mayorías populares, a las que dice representar.

En este escenario, la pregunta que recorre a los movimientos del campo popular es: ¿Cómo construimos opciones democráticas, legítimas, que transmitan al terreno de la política el descontento de la sociedad? ¿De qué modo crear herramientas políticas que expresen la legitimidad de los reclamos sociales? ¿Qué significa ser democrático?  ¿Cómo elegimos hacia adentro de nuestras propias organizaciones? ¿Qué rol nos cabe como sujetos sociales en la toma de decisiones, que atraviesan diferentes dimensiones de nuestra vida, desde el gobierno del País, pasando por las instituciones que nos forman y conformar hasta llegar a nuestros propios hogares, en los cuales, decisiones domésticas vuelven a poner en el centro de la escena la pregunta por la organización?   

En medio la ola verde del feminismo nos enseñó que había que modificar las formas en las que nos vinculamos, porque ahí también se esconde el poder y el sometimiento de otrxs, aprendimos que participar significa asumir las diferencias con mayor madurez y elaborar los conflictos de otro modo y que solxs no podemos, que necesitamos unirnos. Pero para eso, necesitamos ampliar el concepto mismo de democracia, salir de la mirada restrictiva que la entiende como mera formalidad para comenzar a transitar nuevos caminos de participación, que asuman a la movilización social como parte misma del sentir democrático, que indague sobre nuevos mecanismos de tomas de decisiones y de consulta popular.

La cuestión es si estamos preparados para la democracia, concebida como “proceso histórico de creciente democratización de la vida social” que hace posible: a) el reconocimiento de las diferencias, pero sobre todo del “conflicto” como un componente inherente a la vida social y a la política (sin conflicto, no hay política, hay gobernabilidad); b) la legitimidad de una diversidad de actores –no solo los partidos, sino que sobre todo los actores sociales- que tienen derecho a participar e influir en el campo de “lo público”, es decir, de lo político; c) que las disputas por el poder no suponen la “eliminación” o el “exterminio” del otro, es decir, que los DDHH representan un aprendizaje y un fundamento para la acción política; d) que los derechos políticos y civiles son inviables sin derechos económicos y sociales. 2.

Entender a la democracia como proceso histórico de creciente democratización de la sociedad es asumirla como práctica constante, que atraviesa todas las dimensiones de nuestra vida. Esto nos lleva a situar la mirada en las organizaciones, que para representar genuinamente deben poder construir legitimidad, en dos sentidos: hacia adentro, proponiendo mecanismos que permitan debatir sobre qué hacemos y qué queremos representar, interpelando y revisando las formas en la que se construyen los liderazgos para que sean democráticos y respondan al horizonte de expectativas de renovación política. Y hacia afuera, fortaleciendo la legitimidad de las demandas sociales para generar caminos efectivos de transformación de la realidad en un sentido de justicia. Es necesario entonces hacer política, asumir que los conflictos existen, entre diferentes intereses y sectores en la sociedad, incluso entre las propias organizaciones del campo popular sobre cómo hacer para cambiar las cosas que están mal. No debemos esconder el conflicto para lograr “gobernabilidades vacías” hay que asumir las diferencias y resolverlas mediante un inmenso esfuerzo democrático con vistas a la unidad, pero unidad concreta y no como mera consigna.

Por otra parte, es importante promover espacios de organización de actores habitualmente corridos de la arena política, que tienen derechos y quieren reclamar por ellos. Ahí los movimientos sociales emergen con claridad: las mujeres, los y las trabajadores de la economía popular, jóvenes, estudiantes, obreros. Lo público es por definición, político. Nuevamente, la sociedad necesita de la política como método de ampliación de la democracia en la discusión sobre el acceso a lo público.

En un marco permanente del respeto a los Derechos Humanos, como pilar fundamental sobre el que construyamos nuestras prácticas. La política tiene que nutrirse de los Derechos Humanos como perspectiva. Y dejar de generar mecanismos simbólicos de denigración del otro, de la búsqueda de la eliminación de lo diferente.

Para cerrar el círculo de la ampliación democrática, tenemos que dejar de restringir el terreno de los derechos a los civiles y políticos, que son sumamente importantes pero que sin ampliación de derechos económicos, que promuevan la equidad y la justicia social, no pueden ser efectivizados.

El rol político de los movimientos sociales

El aporte político e identitario de los movimientos sociales, contiene una densidad teórica y práctica de múltiples dimensiones para comprender realidades, conflictos, luchas y experiencias organizativas de los pueblos. Damian Brumer y Natalia Burunov. 3.

Lo mencionado anteriormente, debe poder cristalizarse en acciones, en prácticas concretas de un camino sinuoso, no demarcado de antemano, que hay que construir, pero tampoco vuelve en un eterno retorno a foja cero, sino que se ordena en una historia de luchas persistentes en la memoria de nuestro pueblo. Queremos proponer ejes que sirvan como una caja de herramientas, para reflexionar sobre nuestros desafíos:

Inventar nuevos modos del hacer: el terreno de lo posible de ser creado es por definición un espacio en el cual los movimientos sociales solemos sentirnos cómodos: creatividad, audacia, protagonismo del pueblo,  innovación. Es importante arriesgarnos a lo nuevo. Las opciones políticas del campo popular deben reinventarse, resignificarse y nutrirse de nuevas experiencias.

Resignificación colectiva de lo político: es necesario retomar, más que nunca, a la política, en su mejor expresión. Como el modo por el cual se puede cambiar la realidad, a partir de herramientas que acumulen poder para, por y del pueblo en su conjunto, asumiéndolo como diverso y heterogéneo. Fomentar nuevas legitimidades, buscando consensos. Focalizar en aquello que nos une y poner en agenda pública las demandas de los diferentes sectores que integran las mayorías de este país.

Enlazar las luchas, vincular demandas y construir propuestas: La bibliografía sobre los movimientos sociales y nuestras propias experiencias, dan cuenta de un elevado nivel de fragmentación de las luchas sociales. Vuelve a ser necesario un punto de encuentro: necesitamos organizaciones que puedan proponer alternativas, como han sido la ley de emergencia social, el proyecto de ley de emergencia alimentaria y la emergencia de adicciones. Así como la histórica y recientemente sancionada ley de urbanización. Desde los movimientos sociales organizados en torno a la economía popular hemos logrado hermanarnos, sentirnos parte de lo mismo, el triunvirato de San Cayetano es una expresión genuina de unidad que nos enorgullece y llena de esperanza.

 

 

Recuperar el pensamiento crítico: la posibilidad de introspección, de indagar sobre lo que hacemos a cada paso que damos, de manera colectiva y sincera. El balance permanente y autocrítico, la superación de las dificultades a partir de diagnósticos adecuados. Tenemos que incluir el pensamiento crítico como perspectiva constante y como metodología de acción.

Democratizar la democraciaampliarla para antagonizar con su forma neoliberal. Disputar a través del ejercicio práctico de la política una democracia basada en la equidad, no formal sino concreta. La democracia como el derecho que tiene nuestro pueblo de vivir dignamente y de ser protagonista de la transformación social. 4.

En síntesis, creemos que la posibilidad efectiva de revertir las situaciones de injustica social va de la mano con el amplio desarrollo de los movimientos populares democráticos y sus capacidades de trazar representatividades políticas que conviertan a los reclamos en propuestas concretas de acción pública.

Darnos tiempos para la reflexión conjunta y respetuosa nos puede ayudar a construir organizaciones que recorran caminos más auspiciosos, legítimos y democráticos.

 


REFERENCIA
  1. Boaventura de Sousa Santos (Coordinador). Democratizar la democracia. Los caminos de la democracia participativa. Fondo de Cultura Económica, México.
  2. Mario Garcés D, Movimientos Sociales y Crisis de Legitimidad Disponible en http://rebelion.org/noticia.php?id=131125 Docente del Departamento de Historia de la Universidad de Santiago de Chile y Director de ECO; Educación y Comunicaciones.
  3. Movimientos sociales. Enfoques sociológicos. Damián Brumery Natalia Burunov, Capítulo 9 Disponible en http://blogs.unlp.edu.ar/introdsocio3/files/2017/03/Movimientos-sociales.-Enfoques-sociol%C3%B3gicos.pdf
  4. Boaventura de Sousa Santos (Coordinador). Democratizar la democracia. Los caminos de la democracia participativa. Fondo de Cultura Económica, México.