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“LA MASACRE DE PERGAMINO”

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Por: Tercer Cordón

Tercer Cordón entrevistó a Leandro Albani, autor de la investigación que narra los asesinatos que despertaron la supuesta calma de una ciudad- pueblo bonaerense y obligó a la capital a girar la gran cabeza  hacia su interior.

¿Cuál es la historia que cuenta el libro?

El libro cuenta la historia de la masacre de Pergamino el 2 marzo de 2017 en la comisaría primera de esa ciudad.

Ese día entre las seis y las siete de la tarde, siete chicos que estaban detenidos perdieron la vida asfixiados, porque después de una pequeña pelea que fue casi intrascendente, los policías decidieron engomarlos y de los 19 presos que había en la comisaría, estos 7 chicos fueron encerrados en la celda uno y empezaron a protestar para que los dejen salir porque casi siempre la policía cerraba las celdas a la noche.

Prendieron entonces fuego a pedazos de colchones y durante esa hora que transcurre entre la seis y las siete de la tarde el incendio creció y los policías y entre ellos  el comisario, ahora ex comisario, Alberto Donza no hicieron nada, Básicamente se quedaron mirando mientras los chicos morían asfixiados.

El libro tiene tres ejes. El primero es contar siempre a partir de una crónica periodística que sucedió ese dos de marzo de 2017, por otro lado hacer un paneo general de la situación carcelaria, tanto en los penales como en las comisarías, que es una situación muy crítica y el otro eje y tal vez, más importante fue contar las historias de vida de estos siete chicos a través del testimonio delos familiares y de gente que los conoció, porque en Pergamino la primera reacción de buena parte de la sociedad fue responsabilizar a las víctimas y a sus familiares en vez de responsabilizar a la policía bonaerense que es el primer eslabón de las responsabilidades, detrás está el Estado provincial y por último el estado nacional que son los responsables de aplicar estas políticas sumamente represivas dentro del sistema carcelario.

Entonces el libro cuenta qué sucedió y relata también un poco la lucha de estos dos años de los familiares y de muchos vecinos y vecinas de pergamino que todos los meses salen a la calle a reclamar justicia para que este año- que seguramente se va a realizar el juicio contra los seis policías imputados- reciban una sentencia dura y también el libro de alguna manera cuenta un poco qué es Pergamino para poner al lector y la lectora en el contexto de que es esa ciudad.

 

¿Cómo fue el proceso de investigación?

La investigación del libro me llevo un año y medio. Yo soy de Pergamino, así que más allá que viajaba a visitar familiares, ese año y medio viaje mucho más seguido, sobre todo a cubrir las marchas que se hacían  los días 2 de cada mes, pero también para poder entrevistar a los familiares, poder hablar con la gente recorrer los lugares que habían recorrido los chicos fue un trabajo bastante satisfactorio en lo periodístico y conmocionante a la hora de hacer las entrevistas o sentarme a escribir y fue también un desafío, porque tuve que meterme a leer causas judiciales, porque es algo que yo como periodista mucho no hago porque trabajo en periodismo internacional. Así que fue todo un aprendizaje y también por suerte, el libro me dio la oportunidad de conocer a los familiares de los chicos que es gente muy buena, muy trabajadora, que está realmente comprometida con su lucha yque lleva adelante todo una movida que es ejemplar. Pergamino es una ciudad muy conservadora que los mira de reojo pero así todo ellos siguen saliendo a la calle y en estos tiempos es importante rodearse de buena gente.

¿Cuál fue tu motivación para escribir sobre este caso?

Las motivaciones fueron varias, la más urgente tratar de difundir lo que había pasado, si bien la masacre de Pergamino tuvo bastante repercusión, me parecía que con el libro se podía dar una mano a que se difunda un poco más lo que sucedió.

En su momento, la de Pergamino fue la masacre más grade que había vivido la Argentina, después, lamentablemente, a finales del año pasado ocurrió la masacre de Transradio en Esteban Echeverría y hubo diez muertos, así que ese triste record cambió, pero me parece que lo más urgente era difundir a través de las voces de los familiares, pero también a través de una investigación seria y concreta, lo que había sucedido. También en lo personal, cuando me entere lo de la masacre, me pegó bastante porque me vi reflejado en la edad de esos chicos y lo que yo hacía a esa edad. Los chicos tenían entre 18 y 27 años y eran todos laburantes. Habían cometido errores pero, como dicen los familiares, ellos lo estaban pagando, aunque en realidad lo estaban pagando de una manera ilegal, porque en Argentina  está prohibido detener a la gente en las comisarías por periodos tan largos de tiempo.

En lo personal fue volver a reconstruir  cierta etapa de la adolescencia en Pergamino y entender que lo que hacía yo con mis amigos lo hacían también los chicos que murieron en la comisaría 1° y que en general, salvo la gente de clase muy alta y los que tienen poder. Todo el resto estamos a merced que la policía en cualquier momento nos levante o cometa un delito contra nosotros.

También fue importante reconstruir la historia de la ciudad, hablar mucho con gente no relacionada al caso y preguntarles como lo veían. Fue interesante escuchar como Pergamino vivió y aún vive, una masacre de esa magnitud.

 

¿Qué está pasando en los pueblos que se le pierde a la mirada porteña?

Buenos Aires muchas veces no da importancia a lo que sucede en el interior. No hay una mirada de país profundo. Con respecto a la masacre, los familiares de los chicos participan mucho en actividades acá en Buenos Aires y en todos lados donde los convocan y me parece que acá, al menos en capital, el caso tuvo visibilidad también por la participación activa de la Comisión Provincial de la Memoria en su momento.

Hay que tener en cuenta que a Pergamino en su momento viajó Adolfo Pérez Esquivel y Nora Cortiñas, Pero es cierto que el país mira con una cierta distancia, no sólo un caso como el de este tipo, sino en temas generales. Hay cierta visión despectiva, no de todos, pero sí de un sector importante sobre lo que ocurre en el resto del país.

 

¿Cómo ves la situación de los jóvenes en general en nuestro país?

Es real que la situación de los jóvenes durante estos últimos 4 años se ha precarizado y creo que es mucho más vulnerable que cuatro años atrás.

En general, creo que la represión hacia los jóvenes en Argentina se mantiene constante desde la vuelta de la democracia. La cantidad cada vez más grande de casos de gatillo fácil que Correpi ha registrado en todos sus informes es una muestra cabal que las fuerzas policiales tienen como uno de sus objetivos claros a los jóvenes humildes, de los sectores más populares. Los transforma en un objetivo de caza y creo que estos últimos años esos se profundizó mucho más. Alcanza con seguirle un poco la historia a Patricia Bullrich para darse cuenta que ella en particular y todo el gobierno siente un desprecio muy grande sobre las clases populares y en particular sobre los jóvenes. Entiendo que este gobierno y los anteriores también, pero en menor medida,  a ese sector de jóvenes pobres los consideran una sobra.

El sistema capitalista no puede incluir a todos, ni siquiera para generar la ganancia de los poderosos, entonces toda esta gente que sobra, molesta, la juventud en general, sobre todo después de la dictadura pasó a ser una molestia para el Estado Argentino. El objetivo a destruir por la Dictadura habían sido los revolucionarios y creo que en la actualidad a la policía se le ha dado mano libre para cualquier chico o chica que lleve una gorra o viva en un barrio o que se niegue a trabajar para la policía es un blanco a eliminar. Lamentablemente en estos cuatro años esa política represiva hacia los sectores populares se profundizó y sobre todo contra la juventud.

 


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