
En los barrios populares suele mantenerse esa magia de las navidades que muchos añoramos. Las reuniones suelen ser multitudinarias, en familia o con vecinos, que son la segunda familia en lugares donde los lazos sociales se mantienen fuertes ante una realidad cada vez más dura. Después de las doce, los mayores instalan las reposeras en las puertas y ven cómo los jóvenes continúan la fiesta en la calle hasta bien entrada la mañana.
La escena se repite en Año Nuevo. Las fiestas son comunitarias; por un lado, porque todos se conocen en el barrio; y por el otro lado, porque así el mango alcanza mejor para festejar.
Sin embargo el aura festiva tiene claroscuros que no suelen ser mediatizados. Los datos fueron relevados en las encuestas que realizamos en barrios populares del conurbano bonaerense. Algunos de ellos, no dejan de sorprender, como por ejemplo que 1 de cada 10 come carne (vacuna, pollo o cerdo) en las fiestas.
Además, el 22% dijo que no creía que el dinero le fuera a alcanzar para festejar.
Brindamos, entonces, por el trabajo digno y para no perder la esperanza de que llegará el día en que todos podamos festejar dignamente.
Las principales razones de abandono son la necesidad temprana de salir a buscar trabajo ante necesidades económicas en el hogar y las maternidades y paternidades a baja edad, con especial mención al embarazo adolescente.