“SON TODOS UNOS DELINCUENTES”

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Por: María José Thomatis  – @JoThomatis

 

En la película mexicana Un Mundo Maravilloso los hechos transcurren en un futuro no muy lejano de un país acechado por una profunda crisis social y económica. Las autoridades gubernamentales logran erradicar la pobreza con un recurso muy efectivo que les termina valiendo el Nobel de la Paz: desapareciendo a los pobres. Todas las conflictividades sociales, los dolores de cabeza de la economía, se desvanecen cuando dejan de existir las personas que los padecen en su propia piel. Fuera de toda ficción, por momentos, parece que existiera una clase política en Argentina que se desvive por ver desaparecer a los pobres. No a través del empoderamiento y de la inserción al mercado laboral, sino simplemente borrándolos del mapa. De su mapa, como en una película.

Jonathan es un pibe muy joven. Me saluda de reojo, después agarra confianza y me empieza a contar. Estamos parados en la calle, su lugar de trabajo, en una de las principales arterias del microcentro mendocino.  Hace más de 6 años que es cuidacoches y tiene una familia que depende enteramente de lo que este joven, que sólo pudo completar hasta cuarto grado de la primaria, lleve a casa. En la avenida circulan cientos de autos por hora: con ojos en la espalda y los pies nerviosos, me cuenta retazos de su historia entre corridas para ir a cobrar, antes de que los autos estacionados se vayan sin pagarle.

Hace varios días “lo viene persiguiendo la policía”. Jonathan es uno de los más de 300 cuidacoches afectados por lo dispuesto, desde el pasado 3 de abril, en la modificación del Código de Convivencia que solicitó el intendente Rodolfo Suárez de la Ciudad de Mendoza, que “prohíbe exigir y/o pretender dinero a cambio de un servicio de cuidar o lavar autos”. A partir de esa disposición fuertemente celebrada por el oficialismo a nivel nacional, la policía ha tenido vía libre para detener y, en algunos casos llevar por averiguación de antecedentes,  a cientos de hombres y mujeres que viven de cuidar autos en el Gran Mendoza; además de secuestrar sus elementos de trabajo y labrarles multas que van desde los $900 a los $1.250.

 

 

Este cambio punitivo no es más que una forma muy poco sutil de guardar la suciedad bajo la alfombra, ¿qué pasará ahora con las más de trescientas familias afectadas por la prohibición municipal? “El gobiernos nos prometió que iba a reubicar en empresas y capacitar a quienes se quedaran sin trabajo por esta medida. Hace un mes muchos pibes están sin poder pisar la calle y de todas esas promesas ninguna se cumplió” dice Esteban Ceballos, representante de los tarjeteros y cuidacoches de Mendoza.

Para Ceballos “la estrategia del municipio es eliminar a los cuidacoches para establecer el sistema de Estacionamiento Medido en todo el Gran Mendoza, porque así obtienen ganancias. Este gobierno no quiere ver a los pobres. Desde que se aprobó la prohibición, la municipalidad extendió las locaciones del Estacionamiento Medido que hace años se lleva a cabo como un supuesto programa social y que nuclea a miles de tarjeteros que trabajan con luz verde de los municipios”.

Numerosas organizaciones sociales se han manifestado preocupadas por el futuro de los cuidacoches de la ciudad. Entre otras cosas, denuncian que “no hay voluntad de parte del Estado en brindar oportunidades de progreso para los cuidacoches, de lo contrario hubiesen censado a la población afectada y promovido las capacitaciones antes de la prohibición”, dice Natalio De Oro desde Celpi (el Colectivo de Lucha Por Les Pibes).

“Está claro que el único objetivo es engañar y dividir” manifiesta el vocero del colectivo, haciendo referencia a la campaña de desprestigio y hostigamiento que esta gestión estatal viene ejerciendo sobre las personas que trabajan en la calle. Desde vendedores ambulantes (que ya fueron desplazados y prohibidos completamente en Mendoza por otra gestión municipal), pasando por artistas callejeros, artesanos y limpiavidrios,  hasta los cuidacoches, los últimos gobiernos de la ciudad se han encargado de inculcar la idea que circula por la cabeza de mucha gente: “son todos unos delincuentes”.

 

 

“Si trabajan en la calle deben robar, mentir, ser alcohólicos o drogadictos”, me dice un transeúnte que me encuentra entrevistando a un pibe. A simple vista se puede percibir cómo ha crecido la sensación de miedo y rechazo de los automovilistas hacia quienes sobreviven cuidando coches. En una recorrida por el centro de la ciudad, conociendo a quienes trabajan de esto, pude comprobar que sí, que algunos son muy hostiles, otros están efectivamente bajo el efecto de estupefacientes, otros enojados. ¿Es la solución a una situación violenta ejercer más violencia y aislamiento?

La policía los persigue, se los lleva a la comisaría, les marca los dedos, los estigmatiza, los multa y los deja de nuevo en la calle, pero sin trabajo y con multas imposibles de pagar para alguien que gana casi $2000 por semana para mantener una familia de 5, como la de Jonathan. ¿Cómo sobrevivirías al hambre y al aislamiento si te tocara la misma suerte?

Probablemente la provincia siga sentando precedente en materia de inhumanidad y despertando los aplausos a nivel nacional de grandes referentes políticos que creen que el problema de la pobreza son los pobres. Tal vez pronto nos llegue el Premio Nobel de La Paz: cuando todos los pibes estén bien escondidos, pasando hambre en algún lugar donde no los veamos y que los únicos que circulen a la luz del día sean los turistas, que siempre se han mostrado complacidos por la limpieza de las calles mendocinas.