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JUAN GRABOIS Y LA LLEGADA DEL FMI: “VA A HABER UNA REBELIÓN”

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Por:  Guido Molteni

A Juan Grabois el hambre lo desvela. El hambre en serio, ese que nunca sufrió, pero que vio en las ollas populares de 2001. “Agustín Tosco decía que no sólo lucha contra la injusticia el que la padece, sino el que la comprende. Porque como la comprende la puede sentir como propia”, será lo primero que dirá Grabois en la charla con Tercer Cordón. Ese sufrimiento que logró comprender a inicios de este siglo es el que no quiere que vuelva con el regreso al país del Fondo Monetario Internacional. Sentado en una de las salas que tiene la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular  en Constitución, durante la entrevista el referente de la CTEP no dudará en afirmar que la llegada del FMI provocará una rebelión. Remarcará que el pueblo argentino no soportará a una dictadura económica extranjera que lo hambreé como en los 90. Calificará de autogolpe lo que está sucediendo en el país. Y propondrá un gran frente opositor para hacerle frente al neoliberalismo.

¿Cómo analizás el posible acuerdo con el FMI?

Estoy obsesionado con ese tema. Estoy tratando de estudiarlo en términos científicos, no únicamente ideológicos. Todavía no quieren revelar las condiciones del acuerdo y que no las quieran decir es un problema. Sutilmente Cristine Lagarde ya dijo que el plan económico de este acuerdo lo diseñó íntegramente Macri. Hasta lo puso en su Twitter,como diciendo “después no me echen la culpa a mí”. Una de las funciones que van a buscar con el acuerdo es que sirva para justificar el ajuste. Desde luego que la palabra FMI para la generación 2001 es miseria, hambre, desesperanza. Es peligrosísima la subordinación política y económica de Argentina a organismos que no tienen ni siquiera representantes físicos acá.

¿Y cómo pensás que puede reaccionar el pueblo ante este acuerdo?

Yo creo que va a haber una rebelión. Más allá de la voluntad de los dirigentes, si la cosa viene con un esquema como en los 90,  yo creo que va a haber una rebelión en serio.

¿Están dadas las condiciones para que eso pase?

El pueblo no se va a fumar una dictadura económica extranjera que lo hambreé. Una cosa es soportar un mal gobierno electo, y otra cosa es soportar una dictadura económica extranjera. El pueblo argentino, nos guste o no, eligió que esta gente que nos gobierna defina las políticas económicas de este país, no que las defina Lagarde y una banda de tecnócratas de la Universidad de Chicago, que en todos los países por donde pasaron dejaron un tendal de sufrimiento. No podemos dejar que vuelva el hambre de 2001. Eso es a lo que no queremos volver.

¿Esto cambia completamente la relación que tienen con el gobierno?

Nosotros siempre hemos dicho que lo peor que le puede pasar a nuestro pueblo es volver a una situación como la de 2001 o que el gobierno no termine su mandato porque los que más sufren son nuestros compañeros. Por eso siempre dialogamos. Pero en definitiva lo que tenemos ahora no es un gobierno, es una administración colonial de los intereses del capital, que lo pueden usar y tirar como han hecho con tantos personajes siniestros en la historia de nuestro país. Pensar que el enemigo es Macri es tener una visión muy pequeña.

¿Si arreglan con el FMI van a cambiar los métodos de hacer oposición?

Asumimos que el método de lucha en este momento histórico tiene que ver con la construcción de poder popular, la lucha reivindicativa y, para algunos compañeros, la lucha institucional. Todos los métodos siempre dentro de los marcos institucionales. Si se quiebra ese contrato social porque vuelve a haber una administración colonial en la Argentina, seguramente van a cambiar la visión de muchos de nosotros sobre cuáles son los métodos de lucha que hay que aplicar. Tiene que ver con no volver al hambre en serio. Yo soy muy respetuoso de ese concepto tan terrible como es el hambre, nunca lo usamos para justificar una determinada lucha. Nosotros peleamos por salario social. Pero la pelea por la subsistencia es otra cosa. Si esto llega a un punto de la pelea por la subsistencia, los métodos cambian y desde luego que van a ser muy distintos.

¿Y si el gobierno les garantiza que continúan las políticas sociales, pero con el FMI adentro?

La garantía de eso tiene que ser muy clara. Estamos con un piso muy bajo de derechos sociales, no se puede seguir bajando de ese piso. Y mucho menos se puede seguir bajando para garantizar que una banda de delincuentes internacionales se siga llevando el 40% de los intereses con las Lebac. Ninguna persona con responsabilidad sobre los laburantes, sobre los más humildes, puede tolerar eso.

 

 

¿Te arrepentís de haber priorizado el diálogo durante este tiempo?

Yo estoy orgulloso de haber priorizado el diálogo. Asumimos que, aún si quisiéramos, no existe ninguna posibilidad y ninguna correlación de fuerza para poder imponer en este momento de la Argentina un modelo de distribución de la riqueza radicalmente distinto al que hay ahora. Lo cual implicaría, por ejemplo, la nacionalización de todo el sector agroexportador. Entonces tenemos que tratar de dialogar y coexistir. Por eso siempre buscamos los mejores acuerdos posibles. Pero el contexto cambia cuando sale de los marcos institucionales de la democracia y aparecen actores externos que no son democráticos, porque al directorio del FMI no lo votó nuestro pueblo.

Esto es un autogolpe escribiste en Facebook…

Darle el control de la economía de un país a un núcleo de poder transnacional extranjero es delegar la soberanía, que es indelegable. Entonces hay un autogolpe, no tengo la menor duda. Hay que evaluar en serio los términos de ese acuerdo porque hay mucho en juego.

Llegaste hace unos días de Roma, ¿cómo evalúa el Papa la relación con el FMI?

Es una actitud indigna esconderse detrás de la sotana del Papa. Me refiero a que cualquier dirigente social o político que tiene alguna relación con él no puede justificar su opinión detrás de la del Papa. Nuestras posiciones y nuestras decisiones son nuestras y así debe seguir siendo. Estaría muy mal tratar de justificarnos con lo que él dice, y también estaría mal si él nos dijera lo que tenemos que hacer.

¿Pero el acuerdo con el FMI no te parece contrario a su mensaje?

El Papa se expresó con claridad en muchas ocasiones de manera diametralmente opuesta al programa que está llevando el gobierno, no me cabe duda. Es un gobierno subordinado a la idolatría del dinero. El dinero no sólo como elemento económico sino en su peor faceta que es la financiera. Además, en términos filosóficos, acá se intenta importar una idea que tiene que ver con la cultura anglosajona de la meritocracia. Eso es un ideal que no comparto y el Papa habló con claridad de esto: hay un ideal superior que es el de la justicia social, que lo formuló San Agustín y después lo retomó Marx, que dice “cada cual según su capacidad y a cada cual según su necesidad”. Esos valores comunitarios son contrarios con esta idea de la meritocracia.

¿Existe la meritocracia en la Argentina?

Tenemos un gobierno y una clase empresarial que es parasitaria en la Argentina. Es dependiente de la patria contratista. Son todos hijos de. Hay poco talento, poca innovación, poco de lo que los liberales llamarían iniciativa propia. No es que acá se han hecho ricos como Bill Gates inventando cosas. Entiendo que el presidente no inventó nada ni es hijo de un obrero. La mayoría de los funcionarios mucho mérito no tiene. La meritocracia es trucha como concepto de fondo y es trucha en su aplicación práctica.

¿Por qué el sector de la economía popular sigue creciendo a nivel mundial?

Hay un concepto del pensamiento social del Papa Francisco que me parece interesante, que es el del paradigma tecnocrático. En la fase actual del desarrollo del capitalismo existe una alianza entre las altas finanzas y la alta tecnología, en la que dominan las finanzas. La tecnología está al servicio de la ganancia y no del bienestar de la humanidad. Ese paradigma no es algo que está digitado desde una oficina de Estados Unidos que está conspirando contra la humanidad, sino que es una lógica de funcionamiento que hace que se aplique la robótica, la biotecnología y los procesos de automatización únicamente para generar mayores beneficios para las empresas. Y eso genera dos fenómenos sociales: el primero es la exclusión. Tiene que ver con el descarte del ser humano visto como un recurso y sustituido por otro de una mayor productividad desde el punto de vista mercantil, que es la tecnología. Eso hace crecer a nuestro sector. Y el segundo fenómeno social es el deterioro ambiental, que ya nadie puede decir que es una consigna jipona de Greenpeace, sino que está afectando de manera concreta y real la vida de millones de personas en todo el mundo.

¿Y cómo se lo frena?

Ese paradigma que es global es la madre de todas las batallas. Esa alianza entre tecnología y finanzas plantea una alianza popular entre los trabajadores que siguen manteniendo el empleo en una relación clásica y los descartados, que son los que están en la economía popular y producen su existencia con lo que el sistema descartó. Y podríamos agregar un tercer componente para esta alianza que son los indignados. Los que no sufren en carne propia estas injusticias, pero ven que no hay futuro para la humanidad así.

 

 

¿Y en Argentina esta alianza cómo se daría?

Nosotros orgánicamente como CTEP creemos que tiene que haber una central que agrupe a toda la clase trabajadora. Eso implica trabajar por la unidad en dos sentidos. Uno es más estructural, que es la incorporación de los trabajadores de la economía popular en las estructuras sindicales argentinas. Y otra es la unidad política del movimiento obrero y los trabajadores. Y las dos cosas son difíciles.

¿Por qué?

Es difícil para un dirigente con la mentalidad de la sociedad industrial entender que la exclusión del mercado laboral no es un estadio transitorio en el desarrollo capitalista, sino algo permanente en el paradigma tecnocrático. Que entienda que no se va a resolver ni con una política de derrame inducido, ni con la aplicación de cierto neokeynesianismo, ni con un gobierno popular. Nuestro sector va a seguir existiendo mientras exista el capitalismo. Y por otro lado hay niveles de mezquindad y de posicionamientos que tienen poco que ver con los intereses de los trabajadores que lamentablemente determinan cómo se organiza el movimiento obrero hoy. Entonces ese arte de tratar  de construir unidad en esas condiciones es complejo.

¿Y cómo ves a Pablo Moyano y Sergio Palazzo para construir esa unidad desde la CGT?

Hay muchos dirigentes… La Corriente Federal ha hecho una evolución muy importante con este tema de entender la realidad de los trabajadores de la economía popular. Esto lo tengo que decir: el hombre que más ha trabajado con nosotros es (Juan Carlos) Smith. Además para mí es un muy buen ejemplo de dirigente sindical por su integridad humana. Porque uno de los grandes problemas que hay en la militancia popular, social y política es la corrupción o, para decirlo en otros términos, la aspiración de algunos dirigentes de vivir como burgueses cuando representan trabajadores. Vivir como el otro polo dialéctico del conflicto social. Y eso es malo. Le quita fuerza y poder a los reclamos y además es malo intrínsecamente.

¿Ves posible entonces la unidad sindical de todos los sectores?

Hay una ventana de oportunidad. Es muy difícil porque implica que todos nos tenemos que comer sapos. Uno no puede andar eligiendo como si fuera Lilita Carrió con el dedo acusador sobre quién es bueno, quién es malo, quién es más o menos. Hay que buscar la forma de construir la unidad posible en el momento actual.

La semana pasada algunas organizaciones que promueven la CTEP lanzaron junto a otros movimientos un espacio político propio (“Vamos”), pero vos no estás. ¿Por qué?

Es muy importante recalcar que la CTEP no es parte de ningún armado partidario. El éxito de la CTEP radica en que entendimos que en esta etapa histórica la unidad en la lucha social nos permite construir una unidad muy amplia que no se puede construir en el ámbito político. Eso no lo podemos rifar. La CTEP es un sindicato, es una organización en sí misma, no es una coordinadora de organizaciones. Sí está promovida por una treintena de organizaciones que algunas son político sociales como el Movimiento Evita, Patria Grande, La Dignidad. En ese sentido surge esta iniciativa por fuera. Yo lo miro con mucha prudencia a eso, porque los experimentos en ese campo han sido bastante tristes. Como siempre milité en el terreno social, conozco el daño que produce la política partidaria a la unidad en lo social y lo vulnerable que deja a los sectores populares cuando los dirigentes de los movimientos sociales se pelean para ver quién es el concejal suplente de Tres de Febrero.Pero al mismo tiempo también miro al espacio con alguna esperanza, porque yo creo mucho en nuestra generación.

¿Los apoyás?

Lo que más apoyo de todo esto es el protagonismo de los jóvenes militantes. No sólo por una cuestión biológica y etaria, sino porque me parece necesario una refundación de la forma de militar y hacer política. Y quienes están hace mucho tiempo dirigiendo organizaciones creo que no lo pueden hacer. Pueden aconsejar, guiar, transmitir experiencias, pero no tienen que liderar. En este espacio, que hay que ver cómo se termina de armar, desde luego que me siento muy cerca y los voy a ayudar en todo lo que pueda.

¿Y si te piden que los ayudes siendo candidato?

Se tienen que dar una cantidad de circunstancias que no creo que se den. Pero eso no significa que no vaya a acompañar el espacio, en la medida que se den algunas condiciones.

¿Cuáles?

Una es que haya un protagonismo casi excluyente de una nueva generación. Otra condición es que sea un espacio que permita la construcción de unidad del campo popular frente al neoliberalismo. Es decir que no sea una pequeña alternativa que puede llegar a ser funcional a tal o cual sector del poder consolidado.Para decirlo con todas las letras, que no sea funcional a la estrategia electoral del gobierno porque divide los votos de la oposición.

 

 

¿Entonces ves al kirchnerismo y a Cristina adentro de esa unidad?

Yo creo que tiene que haber un frente opositor, unas PASO opositoras. Creo que los nuevos emergentes vinculados a movimientos sociales, de mujeres, juventud, estudiantil que no se sienten parte orgánica ni del kirchnerismo ni del peronismo más tradicional pueden construir un propio perfil, pero con un espíritu de unidad. Unidad con perfil propio para derrotar al neoliberalismo en la Argentina. En ese marco de condiciones yo voy a aportar todo lo que pueda, pero para que se dé eso falta.

Hace unos meses se filtró que tuviste una reunión con Cristina Kirchner…

Yo hablo con muchos dirigentes, con ella hablé un par de veces. No tengo dudas de que tanto ella como lo que ella expresa es parte del campo popular. Y esa parte del campo popular no puede no estar en un proceso de disputa con el neoliberalismo. También creo que hay que construir un perfil propio con una agenda clara que priorice cosas que faltaron durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner. Y que hay que construir otros métodos y otra serie de cosas que hacen que yo no me sienta kirchnerista. No me sentí antes y no me siento ahora. Pero hay que intentar construir un nivel de unidad nacional que permita que la agenda de los sectores populares se pueda expresar. Estamos en un momento en que uno tiene que ser consciente de cuál es la oleada y la ofensiva del capital sobre los pueblos en todo el mundo.La agenda del imperio busca agudizar las contradicciones al interior de los países para debilitarlos a tal punto que su penetración sea devastadora, como pasa en Medio Oriente. Nosotros no podemos permitir que eso suceda.


 

REFERENCIA

Fotografías: Melisa Salvatierra