-Esto es un kilombo, dice Daniel Menendez y se ríe con ganas.
Desde La Quiaca, Daniel, coordinador nacional del Movimiento Barrios de Pie atiende a los medios locales, a los nacionales, a sus compañeros, sus aliados y a su compañera a la que le pidió que lo mantenga al tanto sobre el estado de Male, su hija que arrancó la semana con mocos y una tos que no la dejaba dormir bien.
Lleva en su mochila 38 años, un título de sociólogo, un cargo de docente en la UBA, veinte años de militancia y desde hace algún tiempo se convirtió en uno de los referentes más destacados de la última generación de líderes que dio el movimiento de desocupados, aquel mismo que supo nacer promediando la década de los noventa, en los extremos petroleros del país para hacerse fuerte más tarde, en el extenso y súper poblado conurbano que rodea la ciudad en la que siempre atendió Dos.
Daniel fue parte de esa historia. Sin embargo, entre aquel comienzo en Cutral Có y Mosconi y el saldo que dejó la privatización de YPF, los cortes masivos de La Matanza, la dupla D Elia-Alderete, los MTD, Maxi, Darío y éste presente cambiaron muchas cosas. En principio la importante derrota del neoliberalismo el 20 de diciembre de 2001, pero también los años con voluntad inclusiva del kirchnerismo de los cuales Barrios de Pie supo ser, durante algún tiempo, parte, desde la gestión del Ministerio de Desarrollo Social, hasta que esa experiencia tuvo su final a partir de los límites y diferencias de esa relación, así como también de las dificultades del proyecto kirchnerista para revertir la persistente pobreza estructural. Sin embargo lo que estaba a la vuelta de la esquina era mucho peor y no tardó en llegar.
-Después de estos dos años de Macri un poco debes extrañar a Cristina ¿o no?
Daniel se vuelve a reír con ganas del otro lado de la línea y dice que extraña un poco más a Néstor, pero después se pone serio y sigue:
-Yo pienso que hay que armar algo nuevo. Revertir el descrédito de la política con ideas nuevas y nuevos activismos. Pero yo no soy de confrontar con los compañeros que piensan que lo mejor que hay es el kirchnerismo. Podemos tener distintas visiones, pero el único enemigo es el neoliberalismo.
Nacido en el Bajo Flores y con una primera militancia territorial en Mataderos y Ciudad Oculta, cuando se le pregunta por el origen de todo, elige contestar con una anécdota y cuenta que un día le preguntaron si estaba dispuesto a ir a militar en los lejanos kilómetros de la Matanza profunda dijo que sí sin pensarlo mucho. Subió a un colectivo y siguió hasta que miró por la ventana y le pareció que el mundo entero se terminaba en la próxima curva, hundido entre alguna de las tantas plantaciones de hortalizas. Pero también sabía que esa era la señal. Estaba llegando a su nuevo destino. Además, ya era tarde para echarse atrás. Nada más hay que encontrarle la vuelta, se dijo, pero el nuevo camino recién empezaba:
“Me paré y caminé hasta la puerta de atrás del colectivo, en donde esperaba una señora para bajar, pero cuando el colectivo frenó la señora salió como corriendo para adelante y bajó por ahí. Yo la miré y no entendí qué le había agarrado, pero empecé a bajar y después del último escalón del colectivo pise el suelo y me di cuenta que me empezaba a hundir, pero a hundir en serio, después apoyé la otra pierna y parecía que me había metido como en las arenas movedizas, pero en vez de arena era barro. Nunca había visto tanto barro y tan flojo y bueno cuando toqué como el fondo, me fui así caminando despacito hasta el comedor con el barro casi hasta las rodillas”.
-Ese día entendí. Nunca te las sabés todas, remata Daniel y se ríe con ganas otra vez. Después se despide. En dos horas volverá a tomar un avión para volver a Buenos Aires, en donde lo esperan reuniones con algunos intendentes y compañeros de su movimiento y los de la CCC y CTEP.
De aquella marcha Federal histórica de 1994 Daniel tiene apenas algunos recuerdos borrosos, sobre todo imágenes del Perro Santillán como figura casi mítica y su altura, porque según recuerda, le llamaba la atención que les sacara dos cabezas a sus compañeros jujeños y esa voz que parecía quebrarse a puro grito en los discursos.
En esa oportunidad los convocantes habían sido la CTA, el MTA, y la CCC como referentes de lo que podría llamarse sindicalismo combativo o el sindicalismo que no había traicionado y a ellos se había sumado la FUA radical.
Aquella marcha sentó las bases para edificar lo que vendría, incluso darle cobertura institucional a lo que estaba naciendo desde los márgenes, pero esa experiencia movilizadora no llegó a coronar como un nuevo actor político unitario o tal vez tampoco buscó serlo, porque cada uno estaba empeñado en su propia búsqueda política, que de todos modos tampoco se verificaría.
El nuevo salto del conflicto social ocurriría más adelante, cuando el neoliberalismo empezó a dejar ver su legado y lo que siguió a la desocupación fue el hambre sin metáforas, lo que siguió a las fábricas, fueron los barrios movilizados, y a los trabajadores los piqueteros. Es decir, un nuevo sujeto social jugado y con urgencias que llegaba para quedarse.
-¿Sigue siendo todo un kilombo?
-No es peor, pero ya me acostumbré. Me siento como el de la Vida es Bella.
Encima después de tantos años de aguantar tantos veteranos ahora que tenía todo para ser por lo menos el más fachero, me aparece Grabois…
Dani festeja su chiste pero se lo escucha cansado, aunque lo disimula con buen humor y una dosis de adrenalina por el gigante que ya está en movimiento para tomar por asalto el viernes a la difícil Buenos Aires
-¿Como lo ves a Grabois? ¿Por qué pensás que se destacó en los medios y en una parte del activismo?
-Porque es bueno. No hay misterio. Es un buen compañero, tiene un buen trabajo y es bueno declarando. Creo que lo mejor es que tiene una capacidad poco común para discutir a fondo, casi hasta enojado, pero sin perder la claridad de lo que tiene que decir. Eso es muy importante. Pero también el Gringo es brillante. Todos los compañeros tienen mucha capacidad, sino no hubiéramos llegado hasta acá.
-¿Cómo ves la situación social en los barrios?
– Mirá si no fuera por los movimientos sociales este país hubiera explotado en serio en el 2001 y no sé si hoy estaríamos acá hablando. De a poco la situación se va deteriorando pero no todos dan cuenta de eso. No conozco a nadie que se deje morir y la verdad es que lo que reciben los compañeros ya no alcanza para nada y ahora el FMI va a pedir que nos ajustemos más, pero en el cinturón ya no quedan más agujeros. El gobierno tiene que rever sus medidas.
Daniel no habla con sentencias, ni teoriza sin que nadie se lo pida, pero tampoco sobreactúa un estilo popular o habla sin decir nada como proponen los gurúes del gobierno. Cultiva un estilo distinto en donde la política y sus hilos se explican mejor aplicados a la experiencia concreta y colectiva.
-¿Fuiste parte de aquel diciembre de 2001?
-Sí claro, fue un momento muy importante en los que pasamos por todos los sentimientos posibles en una tarde. Yo militaba en Mataderos en ese momento y me acuerdo que cuando volvimos con los compañeros al barrio empezó a correr la bola de que iban a venir los de… a saquear y fue un kilombo. Todos los vecinos salieron a buscar todo lo que te imagines para defenderse y ese día me terminé quedando a dormir en el barrio para estar con los compañeros. En ese momento no nos terminábamos de dar cuenta,por las corridas y la tensión del momento, pero era obvio que era todo un bolazo. Y después charlando con otros compañeros nos enteramos que lo mismo había pasado en otros barrios. Había sido todo una mentira para que nos preocupáramos más por el vecino de al lado que por los que de verdad nos estaban matando de hambre.
Hay que estar siempre atento a esas mentiras, pero también es verdad que las mentiras no duran para siempre. En estos años nosotros crecimos mucho, tenemos más experiencia, más vínculos con otros sectores de la sociedad y más institucionalidad, pero mantenemos la misma voluntad de siempre.
El FMI ahora puede volver, pero el gobierno tiene que entender que nosotros nunca nos fuimos.
Daniel vuelve a pedir disculpas, pero se tiene que ir. Esta vez a una reunión para preparar el acampe que van a realizar en San Cayetano las juventudes de los tres movimientos convocantes a esta Marcha Federal.
-Venite mañana, dice y se despide.
En Buenos Aires llueve tranquilo, llueve parejo, pero para los que están jugados no hay días feos, ni feriados, ni dolores. La Marcha no se detiene y la ciudad ya se deja ver.
Está todo en juego. Un día épico está por empezar.