La calle angosta, amarreta, deja entrar con custodia apenas un poco del sol tímido que empieza a asomar entre las nubes grises y los edificios.
A media luz, un motoquero estaciona frente a la puerta del edificio Buquebús del Banco Hipotecario, saca de su mochila unos sobres, los acaricia, con todas las dificultades que un traje de lluvia hostil le permite, luego busca entre ellos, saca uno de color marrón y sube corriendo las escaleras como para embarcar.
Las amenazas de lluvia, como las del colapso no se cumplieron tampoco esta semana, pero las nubarrones no dejan el cielo y todo parece tratarse de un por ahora.
Por Reconquista también, pero a media cuadra de la fachada falsa- tan falsa como las de la Iglesia de Dios- del Banco Galicia se escuchan sirenas prepotentes y en pocos segundos llegan dos motos de la policía que cierran la calle casi peatonal. A cien metros de ellas cuatro camiones de caudales de color azul entran en otro banco para dejar o retirar plata que sólo algunos pocos van a ver. No hay pastores brasileros a la vista, tampoco ninguna presencia divina.
El hambre, los bancos y el neoliberalismo son palabras que otra vez vuelven a necesitarse para poder ser explicadas.
¿Qué es el hambre según la City?
La pregunta puede sonar provocadora pero no hay nadie que pueda responderla. ¿Quién puede contestar a nombre de la City?
Muchas de las personas que caminan apuradas por Reconquista o por 25 de Mayo entran y salen de la City como de un lugar ajeno o en el mejor de los casos como de un lugar de trabajo en el que venden diarios, caramelos, hamburguesas, llevan un sobre o atienden algún mostrador de banco.
Están también los que caminan atildados, con zapatos brillosos, o faldas negras ejecutivas, medias sonrisas y respuestas evasivas. Pero ellos, a pesar de lo que se imaginen, tampoco hablan por la City y la alegría que algunos de ellos declaran por el “nuevo” rumbo del país vale tanto como un super pancho en cualquier maxi kiosco del gran Buenos Aires.
Los dueños de la pelota, y sus gerentes locales con peso en la City hoy tan de moda,no caminan estas calles. Para saber lo que ellos piensan hay que escuchar algún discurso del presidente o mirar la pizarra del dólar y por ahora lo único que nos quieren contar es que decidieron entrar otra vez en negociaciones con el FMI.
No hablan del Hambre, pero FMI es otra de las palabras necesarias para acercarnos a su definición.
En la calle nadie sabe bien si se trata de otro comienzo o un nuevo final. Otra encrucijada en el camino. Otra vez, el mismo camino interminable.
¿Seremos el país que siempre elige mal o el de la resistencia a prueba de todo?
¿Cuál es el pasado? ¿Cuál el futuro? ¿En dónde buscar las mejores respuestas?
En Twitter, C5N repite la entrevista a uno de los trabajadores de Cresta Roja, realizada pocos minutos después de que fueran desalojados de la ruta por la Gendarmería.
El laburante emocionado y apuntado por los micrófonos explica los motivos que los llevaron al corte:
-No cumplieron con lo que se habían comprometido. Nosotros queremos trabajar. No queremos más limosnas. No queremos planes sociales. No somos vagos. Queremos trabajar y vamos a aguantar porque nos estamos manteniendo con los fideos que nos trae la gente porque nosotros ya no tenemos más nada.
Otra respuesta igual y diferente aparece del otro lado de la línea desde Cutral Có en donde nacieron los piqueteros en 1996 y empezó el final del menemismo.
-Está pasando otra vez lo mismo-dice Luis-Esta película ya la vi.Acá todo empezó con los maestros que estaban luchando como ahora por su salario. Se armaban asambleas con docentes, ex trabajadores de YPF y gente del barrio y así arrancó todo”.
Luis era un caso extraño porque no iba al piquete para pedir trabajo para él, sino para todo su pueblo, era parte del Movimiento Popular Neuquino y además militaba junto al Intendente en la municipalidad.
A pesar de eso, puso todo en juego y decidió salir con los suyos y comerse el frío y los palos de la gendarmería durante muchos días.
-El gobierno estaba decidido a no darnos bola, pero nosotros estábamos más decididos que ellos y a cada palo le poníamos el pecho: Cuando decían que estaban reprimiendo salíamos las familias enteras al corte. Era como que le pegaban a nuestros pibes.
Fue una experiencia dura, pero muy linda. Nosotros juntábamos fideos y arroz y los llevábamos al corte y comíamos juntos. Todo el corte se sostuvo gracias a las familias y muchos que en sus casas no tenían que comer, pero durante el corte todos comieron y éramos todos iguales porque estábamos en la misma.
-¿Qué es para vos el hambre Luis?
El hambre puede ser un miedo que no te deja dormir. Un problema que no sabés como resolver. Pero no hay una definición que pueda explicarlo. Ni siquiera si se lo preguntás a alguno de los muchachos que estaban en el corte sin trabajo. El hambre hay que sentirlo para entenderlo.
Ahora la gente otra vez está muy enojada como en esos años. Encima todos dicen que van a despedir entre mil y mil setecientos petroleros y se va a armar fuerte.
En uno de sus límites la City desemboca en la Plaza de Mayo, quizás como una de las rarezas del diseño urbanístico y la historia. En un mismo corredor, dos símbolos, dos países, dos caminos que reiteradamente se abren como en una película sin final.
Al costado del camino de rejas que atraviesa la Plaza, dos turistas ingleses esperan que el semáforo de Avenida de Mayo se ponga en verde mientras charlan despreocupados. A dos metros de ellos una familia de turistas colombianos se saca fotos con el celular y la Casa de Gobierno de fondo. Mientras ellos posan, un grupo de alumnos en guardapolvo escolar construyen una fila interminable y comienzan a avanzar para atravesar el largo pasillo de rejas hasta Hipólito Yrigoyen en donde los espera el museo del Bicentenario. Los sigo.