

Daniel es Doctor en Sociología y Magíster en Sociología Económica, ambos por el Instituto de Altos Estudios Sociales de la Universidad de San Martín (IDAES-UNSAM). Es becario posdoctoral del CONICET y entre sus principales temas de interés están las dinámicas de la pobreza y la desigualdad.
En esta entrevista, sostiene que el grueso de la crisis que está atravesando Argentina es autoinfligido. ¿Qué papel jugó la liberalización del movimiento de capitales?¿Cuál es el rol que cumple en este panorama el equilibrio fiscal al que apunta el Gobierno?¿Cuáles son las cifras de pobreza que se prevén?¿Cómo va a impactar la corrida del segundo trimestre en los sectores más vulnerables?
– A fin de mes se conoce la cifra del primer semestre de pobreza, ¿qué se prevé?
– Va a tener un leve aumento de la última cifra que fue 25,7%. Probablemente, suba al 27%, pero no creo que suba mucho más allá porque los primeros tres, cuatro meses del año, la economía más o menos seguía creciendo. Durante el primer trimestre del año, la pobreza no empeoró. Empieza a empeorar a partir de mayo. Esta medición no va a contemplar el deterioro de los últimos meses. Va a contemplar parte del veranito económico que llegó hasta mayo.
– Entonces, se espera que en la medición del segundo semestre se vea un aumento más significativo de la pobreza.
– Claro, ahí sí, seguramente, supere el 30%. Cuando vos tenés devaluación, lo primero que tiende a subir bastante rápido son los alimentos. Los alimentos tienen un impacto muy fuerte a la hora de medir la pobreza y particularmente la indigencia.
Esto ocurre porque Argentina es un país que produce alimentos y los exporta. Esos alimentos están cotizados en un mercado internacional que está en dólares. Si yo soy productor y hay devaluación me va a convenir venderlos afuera y no en el mercado interno. La forma de equipar es subir los precios locales. Por eso, suben los precios rápidamente de los alimentos cuando vos tenés una devaluación.
– Después de una devaluación hay un sector que se ve favorecido y otro perjudicado…
– Cuando vos tenés una devaluación lo primero que ocurre es una transferencia de ingresos de los sectores que ganan en pesos a los sectores que ganan en dólares. En Argentina los que ganan en dólares son los sectores que exportan: el agro, la minería, alguna empresa de software. La devaluación genera ganadores y perdedores. Dentro de los ganadores, están los sectores que exportan. El resto de la población se empobrece. Y se empobrece en relación a cuántas canastas básicas compra tu salario, no cuántos dólares compra. El dólar subió más del 100%, la inflación subió un 35% y los salarios subieron un 25%. El salario perdió por goleada contra el dólar, perdió un poco contra la inflación y contra la canasta. Eso es en definitiva lo que mide la pobreza. Si bien cuando sube el dólar, esa canasta tiende a subir, nunca sube en la misma magnitud.
– Dentro de los perdedores, ¿cuáles van a ser los sectores más perjudicados?
– La parte más castigada va a ser el conurbano de las grandes ciudades. Las economías regionales que viven del cultivo, por ejemplo, de alguna forma la mayor rentabilidad puede mover un poco la economía local. Donde seguro va a existir un deterioro es en el conurbano de las grandes ciudades donde predomina la industria del mercado interno, aquella que no exporta. Por eso, quien la tiene más complicada va a ser Vidal. El gasto se va a achicar y por lo tanto se van a frenar las obras públicas que también generan empleos, sobre todo en laburantes varones de sectores humildes. Una de las estrategias del año pasado de Cambiemos fue la obra pública en el conurbano: cloacas, por ejemplo. Hicieron mucha propaganda con eso. Compensóun cierto deterioro del conurbano con obra pública. En el interior, capaz, la mejora de la rentabilidad del agro y de las economías regionales te genera cierta actividad en ciudades del interior. Las grandes ciudades van a tender a estar más flojas.
– Y, ¿las consecuencias van a ser mayor desempleo, mayor pobreza y mayor desigualdad?
– Sí, aunque no siempre pobreza y desigualdad van de la mano. Incluso, Argentina tiene un conflicto distributivo muy inestable. Algunos países lo resolvieron y consiguieron estabilidad. Si no tenés un sistema distributivo resuelto va a ser muy difícil poder salir del estancamiento que tiene la economía argentina desde hace 40 años.
Supongamos que un país define como pobre a todo aquel que gana menos de 5 USD. Imaginate que ese país tiene dos personas. Carla gana 3 y Susana gana 9. Carla es pobre y Susana no. Y la brecha entre ambas es de 3 veces (dado que 9 es el triple de 3).
Ahora supongamos que al año siguiente, Carla gana 6 y Susana gana 60. Carla dejó de ser pobre. Pero la distribución del ingreso empeoró, ya que ahora Susana gana diez veces más que Carla.
Ese proceso es por ejemplo el que tiene China hace décadas. Baja la pobreza pero sube la desigualdad.
La Argentina de los años 90 sería que Carla pasa a ganar 1 y Susana 100. El total de lo producido es mayor (101 ahora contra 66 en el caso anterior), pero el deterioro distributivo es tan fuerte (de 10 veces a 100 veces pasa la brecha) que la pobreza sube.
– ¿Nunca se logró un consenso distributivo?
-En los `90, no hubo inflación y eso permitió una estabilidad, pero a un costo enorme:desempleo de dos dígitos, los sindicatos perdieron poder de negociación y movilización, las paritarias estuvieron frenadas, la economía argentina terminó como terminó. Era insustentable. Un equilibrio muy regresivo. El total de lo producido fue mayor, pero el deterioro distributivo fue tan fuerte que la pobreza subió.
El kirchnerismo fue un proyecto redistributivo. Pero en un momento, si la economía no te acompaña empieza a ser un juego de suma cero. Todos tironean para ver quién se queda con la misma parte de la torta. Eso provoca tensiones inflacionarias, por ejemplo. Durante los primeros ocho años crecía mucho la torta: los de arriba un poco crecían y los de abajo crecían mucho. Los últimos cuatro, la torta dejó de crecer, y generó muchas presiones macroeconómicas. Si la redistribución no va acompañada de crecimiento económico es muy difícil de sostener y te va a generar conflicto. En el último kirchnerismo, hubo menor desigualdad, pero no menor pobreza. La torta se mantuvo estable, lo de abajo se mantuvo y se recortó lo de arriba con una clase media alta descontenta, por ejemplo, porque le cobraban más impuesto a las ganancias.
– Volviendo a la transferencias de ingresos donde los sectores del conurbano van a ser los más afectados, ¿cuáles serían medidas paliativas?
– Las retenciones pueden tener un impacto para desacoplar esta dinámica internacional. Las retenciones hacen que no suba tanto el precio local porque el mercado internacional con las retenciones ya no me va a dar tanto. Las retenciones aparte de recaudatorio, tiende a apaciguar la devaluación. La devaluación genera una transferencia de ingresos muy fuertes de un sector hacia otro. Argentina es un país que teóricamente desde hace muchas décadas tiene una transferencia de ingresos muy pronunciada de un sector al otro: desde el urbano al agropecuario por decirlo de alguna manera y viceversa. Y siempre hay un conflicto. Esto Argentina nunca lo pudo solucionar. No se resuelve y eso tiene consecuencias a largo plazo porque es una economía muy volátil, muy inestable. Justamente, habría que pensar un sistema en el cual cuando vos tenés una devaluación no tengas tanta transferencia de ingresos. Las retenciones ayudan a hacer eso. Te capta una parte y el Estado luego la redistribuye con más jubilaciones, con más obra pública, con aumento a los docentes, por ejemplo. Ahora, si a vos el día de mañana te ocurre como ocurrió, por ejemplo, con el kirchnerismo, en donde Argentina se vuelve muy cara en dólares y pierde competitividad, en ese caso, tenés que bajarle las retenciones para suavizar la transferencia de ingresos. Hay que tratar que la transferencia de ingresos no sea un péndulo, no sea tan volátil. Otra medida que también se puede discutir es la participación de los trabajadores en ganancias: si a la empresa le va bien el trabajador se ve beneficiado.
– Sin embargo, el Gobierno no cree en las retenciones.
– El gobierno no cree en las retenciones, puso un sistema de retenciones que tiende a autodestruirse en el tiempo. Es un sistema donde puso $4 por dólar exportado. Si el dólar está a $40 como hoy en día eso es el 10%, pero si el dólar sigue subiendo el exportador va a seguir pagando $4 y la retención se va a ir licuando. Al exportador le conviene que el dólar se vaya lo más alto posible.
– Y, en este contexto de devaluación, ¿cuál es el rol que cumple el déficit fiscal para el Gobierno?
– El gobierno considera el problema de todo los males al déficit fiscal. No todos los economistas piensan igual. Hay dos déficit importantes en economía: uno es el déficit fiscal que es un gasto en pesos y el otro es el déficit externo que no es solo del Estado, sino es todo el país contra el resto del mundo. Es cuántos dólares produce Argentina menos cuántos dólares consume Argentina. El Estado argentino, en última instancia, puede imprimir pesos, ningún Estado quiebra en su propia moneda. Ahora, Argentina no emite dólares, ese déficit externo para muchos economistas y yo me incluyo, es mucho más importante. Si uno mira las crisis siempre se producen porque Argentina se queda sin dólares. Entonces cuando hay mucha demanda de dólares y no hay suficiente oferta, el dólar tiende a subir y ocurre la devaluación. Encarece el precio de todas las cosas, los salarios pierden contra eso, hay menos consumo, y todo eso hace parar la economía. Se arma una rueda viciosa originada por falta de dólares.
Entonces, según el diagnóstico que uno haga va a fomentar ciertas políticas. Si para uno el problema fundamental son los dólares lo que yo voy a tratar de hacer es aumentar las exportaciones o sustituir importaciones para consumir menos.
Sin embargo, el gobierno considera al fiscal el déficit más importante. Yo creo que si el gobierno considera que el déficit fiscal es la madre de todas las batallas lo que va a hacer es recortar el déficit disminuyendo el gasto. Y recortar el gasto público tiene un efecto recesivo. En la economía imagínate que hay cuatro motores: consumo (ese motor ahora esta jugando en contra con la devaluación), el gasto público (si estás en un contexto de déficit fiscal y querés recortar el gasto es un segundo motor de la economía que va a estar jugando en contra), la inversión de los empresarios (el gobierno ha tendido a creer que si vos dabas buenas señales y generabas confianza iba a venir una lluvia de inversiones, pero eso no ocurrió) y las exportaciones (único motor que va a crecer un poco, pero no llega a compensar los otros tres motores). Entonces bajar el déficit fiscal en un contexto recesivo es profundizar la recesión.
Si vos estás en un contexto recesivo, no tenés que hacer un ajuste fiscal porque vas a agravar la situación.
– Sin embargo, ante este panorama de ajuste fiscal, el Gobierno sostiene que hay que pasar esta tormenta donde “lograr el equilibro fiscal es el eje central para reducir nuestras vulnerabilidades”. ¿Es así?
– La mirada del Gobierno es que si la enfermedad de fondo es el déficit fiscal y vos eso lo resolvés, vas a generar un equilibrio macroeconómico que va a permitir crecer sobre bases más sanas. Esa es la mirada del Gobierno. Vos tenés que sacrificarte ahora y pasarla mal ahora, mientras, “saneás la economía”. Sin embargo, lo que efectivamente va a ocurrir es esto. Cuando vos tenés una recesión muy grande –incluso va a ser más profunda y más larga que otras recesiones que tuvo Argentina en los últimos años– lo que pasa es que la gente consume menos y van a bajar mucho las importaciones de Argentina porque parte de ese consumo tiene mucho de importado. El consumo de dólares de Argentina va a bajar. Y ahí se va a empezar a restablecer el equilibrio de dólares. Ahí se equilibra un poco el déficit externo. Este “stop and go” pasa en Argentina hace décadas. Solo que este Gobierno agravó mucho esta situación.
– ¿Por qué?
– En primer lugar, hizo una apertura comercial demasiado rápida. Al abrir las importaciones, sobreconsumió dólares. Otra cuestión que ya venía desde el Kirchnerismo y este Gobierno lo agravó es el caso del turismo. En la medida en la cual el turismo en el país sea más caro que el turismo afuera, la gente se va a ir afuera. Sobre todo la clase media alta. El Gobierno no hizo nada para amortiguarlo.
El año pasado si bien el país consumía más dólares de los que producía, esa brecha se financió con dos cosas: deuda externa e inversiones especulativas. Argentina les ofreció una rentabilidad muy alta en pesos. Esto funciona si el tipo de cambio está estable. El año pasado ocurrió y vinieron muchas inversiones. A principio de este año, vieron que la dinámica iba a ser imposible y como el dólar iba a subir empezaron a irse. Se produjo un efecto manada. El tipo de cambio empezó a subir y ahí empezó la corrida. El Gobierno financiaba este desfasaje de dólares con deuda externa y con estos flujos de capitales especulativos. Eso se complicó mucho este año y, por eso, este salto cambiario.
– ¿No es una torpeza del gobierno no haber previsto que esto iba a ocurrir con las inversiones especulativas?
-Yo creo que el Gobierno quiere construir hegemonía, no están contentos con lo que está ocurriendo, pero sí pasa que la ideología con la cual miran el mundo terminan conduciendo a esto. La mirada del Gobierno es que el mercado es eficiente y te resuelve muchos problemas. El kirchnerismo había dejado un cepo financiero muy regulado y este gobierno pasó al otro extremo, a una desregulación de los flujos de capitales total. No se recomienda tanta desregulación, porque viene un inversor, hace su negocio tres meses y se va. Eso te puede generar mucho ruido en la economía. Lo que muchos recomiendan es un punto medio. A la economía antes del cepo, desde el 2002 al 2011, le fue bien, creció. Hubo cierta regulación, pero un punto medio.
– Entonces, ¿cuál fue el error de Gobierno en esta liberalización del movimiento de capitales?
Yo creo que uno de los errores del Gobierno es que se confió en que si tenía mercados financieros desregulados iba a tener una lluvia de inversiones. Y eso no ocurrió. En las economías desreguladas, ocurre que en un comienzo tenés un cierto “boom”, por ejemplo 2017, donde la economía crece y la pobreza baja.
– Por último y siguiendo lo que dijo Macri, “veníamos bien, pero pasaron cosas porque el mundo también está volátil”, ¿la recesión puede también explicarse por el contexto mundial y regional?
– La economía mundial crece. Nuestros vecinos crecen: Chile, un 4%; Uruguay, 2,5%; Bolivia va a ser el país de la región que más va a crecer, 4,5%; Brasil nuestro principal socio comercial crece menos, peor algo crece, 1%. Evidentemente, esto de tirarle la culpa al mercado internacional es muy autocomplaciente. No es un contexto internacional principalmente adverso. Pueden haber circunstancias como la guerra comercial entre EEUU y China, pero lo cierto es que a los otros países no les pasó nada. Y el comercio mundial sigue dinámico. El grueso de la crisis es autoinfligido.
Infografía: Mariano Macherione