

Contar la historia de La Matanza, un partido de casi 2 millones de habitantes y con más de doscientos años de vida, puede ser una tarea titánica. Sin embargo, a los responsables de la serie documental La Matanza, la historia, el desafío no los amilanó. De hecho, luego de un trabajo paciente y minucioso, lograron encarar la inédita aventura de reconstruir un rompecabezas diseñado con infinidad de piezas.
Corazón del conurbano, la apodada quinta provincia debido a su enorme dimensión poblacional, sufrió vertiginosas mutaciones que fueron cambiando de raíz su fisonomía original. Cambios que son el fiel reflejo de los avatares que transformaron al país. De lo rural a lo urbano. De pequeñas poblaciones de terratenientes a olas inagotables de inmigraciones. O de la producción agropecuaria a la industrial. Alguien debía documentarlo.
Por todo esto, la búsqueda de la serie que el canal Encuentro puso al aire hace solo unos años, era arriesgada. No le faltaban razones y de las de peso a su director, Juan Vitale, para encararla: “La idea y el interés por La Matanza, un distrito tan gigante y complejo surgió naturalmente. Es un lugar que representa al conurbano bonaerense, pero también a las distintas periferias de Argentina y de Latinoamérica”. Dividido en trece capítulos, el ciclo se organiza a partir de diversos disparadores (historia, los asentamientos, los barrios, el río, etc.) que cuentan con la ayuda de una voz en off. Son casi treinta minutos de imágenes por emisión, en las que se rescata tanto el pulso matancero, como sus lugares esenciales. El cuadro se completa con el aporte de historiadores, periodistas, dirigentes sociales y sobre todo, de vecinos que vieron crecer su barrio y sus propios sueños en una armoniosa comunión.
Muchas hipótesis para un solo nombre. Difícil ponerse de acuerdo con el nacimiento del nombre La Matanza, nos cuenta el episodio Orígenes. Las teorías fluyen como las aguas que bañan el distrito. Van desde la que atribuye el nombre a las muertes ocasionadas por Pedro de Mendoza, el conquistador; o por la segunda fundación, la de Juan de Garay, y la violencia salvaje con la que éste arremetió contra los indígenas de la zona. Pero también las hay más originales, como la que asegura que la denominación surge por los ataques de perros cimarrones al ganado. Alejandro Enrique, periodista de investigación y vecino, explica en este primer capítulo del documental seriado, que para hurgar en los orígenes hace falta revisar escrituras antiguas, libros de actas de sociedades de fomento e historia oral. Gracias al Centro de Estudios Históricos de La Matanza conocemos, además, crónicas sobre la persecución a los indios querandíes, arrasados por los colonos. También apreciamos fotos de los primeros descendientes de vascos asentados en lo que hoy es Virrey del Pino. Eran tiempos de vida rural y poca población. De estancias, como la de los Ezcurra. Y de disputas de poder en todo el territorio. Entre los protagonistas de esas peleas, sobresale Juan Manuel de Rosas, quien en el blanco y negro de las gastadas fotos, aparece firmando su pacto de Cañuelas de 1829 junto a Lavalle. O los Ramos Mejía, rivales acérrimos del federalismo impulsado por el “Restaurador”. Entrados en el siglo XX y hacia 1930, La Matanza seguía siendo rural. Sin embargo, el crecimiento de la capital la va inundando con nuevas mareas de gente. Europeos recién llegados que transformaron el entramado poblacional. Turno para los primeros loteos que crecieron, ágiles, gracias a la novedosa industrialización. Mercedes Benz fue la nave insignia de aquellos emprendimientos fabriles. Al convite se arrimaron luego las inmigraciones internas. Especialmente de las provincias del noroeste.
De fábrica de autos a universidad de estudiantes. “En los 40 y 50 se podía comprar un terreno y encontrar una fábrica para laburar”, relata un vecino descendiente de “gringos”, en el capítulo Capital Industrial. Eso explica la explosión demográfica de aquellos años. Los ferrocarriles, primero el Sarmiento y luego el Belgrano, aportaron estaciones como Ramos Mejía, Laferrere o Rafael Castillo, alrededor de las cuales se fueron asentando los nuevos moradores de la tierra. Fueron tiempos de sustitución de importaciones. Lo rural le cedió terreno a lo fabril. Números que asustan: de 1930 al 50, el distrito pasaba de tener 136 fábricas a 1600. Ya en los setentas, época de gloria, las cifras ascendían a más de 10 mil industrias, destacándose las metalúrgicas. Pero las políticas neoliberales de la última dictadura, así como las de los años noventa, fueron derribando los cimientos de todo el entramado. Así fue como Chrysler, fábrica de motores, cerró sus puertas. Hoy presta sus instalaciones a la universidad pública que lleva el nombre del partido. Esta decadencia económica trajo, además, pobreza y prejuicios: “El proyecto que emprendimos nace con los prejuicios que tiene mucha gente sobre este lugar, ideas preconcebidas que teníamos al no ser matanceros. Los medios masivos de comunicación muestran una Matanza que está ligada a lo negativo, al delito, a los hechos policiales. Pero nosotros nos acercamos con respeto y fue creciendo el proyecto. Enfrentando esos prejuicios fuimos compartiendo y descubriendo un factor común de este lugar y que resumimos con tres palabras: orgullo, tierra y trabajo”, explica Vitale.
Un barrio, cien barrios. Muestra de gran diversidad, La Matanza fue ampliando sus horizontes en el diagrama territorial: villas, residencias, asentamientos, núcleos habitacionales transitorios, barrios privados, conforman hoy su geografía. En sus barriadas se diferencian con nitidez aquellas que fueron bendecidas con la intervención estatal, de las que no tuvieron tanta suerte. Crisis y bonanzas, golpes y democracia se cruzan para armar un mosaico latente y desordenado. Las villas, – adquisición de la dictadura militar de los setentas – continúan, desbocadas, su proceso de crecimiento, dando muestras elocuentes de la ausencia de planificación. En el documental, en el episodio Los Barrios, desfilan entremezclados y como diapositivas, Virrey del Pino con Laferrere, Rafael Castillo con González Catán. Ciudad Evita, entre tanto, se erige como ejemplo de urbanización planificada. Villa Palito, como espejo de la desidia.
La Matanza, la historia, nos acerca a un territorio vasto, heterogéneo, siempre crucial, tanto para la dinámica bonaerense como para el país entero. Es una mirada despojada de preconceptos oportunistas o malintencionados. Entre esas barriadas infinitas, sus calles de barro y sus grandes extensiones, somos testigos de un esfuerzo cotidiano. Es el esfuerzo de miles y miles, que a pesar de las malarias y de las injusticias, cargan en el pecho las insignias que los identifican como matanceros de ley: “Orgullo, tierra y trabajo”.
Entrevista extraída de: http://www.telam.com.ar
Para ver la serie completa en youtube: http://encuentro.gob.ar/programas/serie/8567