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Por: Corina Figun

 

 

“Tú me desprecias nada más porque soy pobre

Y a ti te gusta más el beso de los pesos

Tú me cambiaste por amor a los billetes”

Original Banda El Limon

 

14 de febrero. San Valentín. Amor. Romanticismo. Corazones.

Hace un tiempo que el amor romántico, y el día del año que más nos hace recordarlo, están en tela de juicio.

El temita de “la media naranja” ya no convence a todos y todas, y se agolpan las voces disidentes.

La idea de tener que esperar a una persona que nos complete, ya no enamora como antes.

Los feminismos de las clases medias discuten hoy aguerridamente con las ideas que hacen creer que la única forma posible de felicidad es la de la pareja heterosexual “para toda la vida”. Asistimos a debates enriquecedores y revolucionarios, en el sentido que plantean nuevas formas de proyectar las relaciones de pareja.

¿Pero qué pasa con el amor en contextos de pobreza?

En Tercer Cordón nos preguntamos por las percepciones y representaciones del amor en los barrios humildes. Nos cuestionamos, preguntando. Y por eso esta nota no presenta verdades. Simplemente rescata voces. Queremos amplificar la voz de las nadies, esas mujeres que atraviesan sus vidas en los contextos de la pobreza y que tienen mucho para decir.

 

La pobreza como valor agregado del amor

Existe, dando vueltas por ahí, la idea de que “en la pobreza se está más cerca del amor”, que cuando el dinero y lo material no son importantes para las personas, entonces el amor es más fuerte. En este aspecto, la mayoría de las mujeres que nos brindaron sus testimonios fueron bastante claras.

“El dinero es importante. Para el amor y para todo lo demás. No ando con chicos que no laburan. ¿Si llego a quedar embarazada cómo hago?”.

“Los valores de una persona no se miden por cuánta plata tiene. Pero sí pasa que en el barrio sin plata todo se hace más difícil. Y cuando tenés chicos más todavía. Supongo que es así en todas partes”.

“No creo que en los barrios pobres el amor sea más fuerte ni más débil que en otra parte. No tiene que ver con la plata, tiene que ver con si te hacés cargo o no cuando hay problemas o situaciones difíciles”.

Casi imposible hablar del amor en los barrios humildes sin hablar de los embarazos, muchas veces no deseados y en su mayoría el primero es a temprana edad. De acuerdo con un estudio de Unicef Argentina, el 15% de los embarazos en nuestro país es de madres adolescentes, número que se sostiene hace 25 años. Este número representa 5 millones y medio de jóvenes de entre 10 a 18 años.

Según el estudio, 1 de cada 2 jóvenes de entre 13 y 17 años vive en situación de pobreza por ingresos monetarios. La incidencia de la pobreza alcanza a 1 de cada 3 habitantes pero casi a 1 de cada 2 adolescentes.

“Quede embarazada porque quise. Lo busqué con mi novio porque nos amábamos y no me arrepiento. Hoy no estamos juntos pero está todo bien”.

“Fue un accidente, no fue culpa de nadie. Seguimos juntos con mi novio y vivimos con mis viejos. Queremos irnos a vivir solos, pero está imposible bancar un alquiler entre los dos”.

“Muchas veces los hombres les piden pruebas de amor a las chicas, y ellas no siempre están convencidas. Así debutan muchas chicas, y también muchas veces quedan embarazadas. No es cierto que ellos se borran siempre, pero si pasa que muchas veces no buscaban un hijo”.

 

Príncipes azules en los márgenes

“Después del primer embarazo dejas de creer en los cuentos de hadas”.

Detrás de los embarazos no deseados, desde luego, lo que está es la falta de aplicación de las leyes de Educación Sexual Integral y la desprotección del estado.

Nuestras entrevistadas, casi en su mayoría, hacen una distinción sobre las representaciones del amor en el barrio, según las edades. Y no sólo las edades, sino también la experiencia del primer embarazo. Marcan un antes y un después de esta experiencia, a pesar de que muchas tienen más de un hijo. Afirman que el primero las marca a fuego. Muchas dicen que antes del primer hijo o hija, tenían una representación del amor que cambió con la llegada del primogénito.

“Creo que las chicas más chicas tal vez creen en el amor romántico, a primera vista, para toda la vida y todo eso. Pero después ya no. Ni ahí. Los hijos te hacen madurar y además pasan a ser ellos lo más importante. Después no querés que nadie los lastime, eso es lo único que importa”.

Existen dos herramientas legales que son la ley nacional 26150 y la ley 2110 de la Ciudad de Buenos Aires. Ambas establecen la implementación de la Educación Sexual Integral, y fueron sancionadas en 2006, pero no se aplican. Las leyes establecen la implementación de la ESI para niños, niñas y adolescentes en todos los niveles educativos; con el objetivo de prevenir embarazos no deseados, enfermedades de transmisión sexual, violencia en el noviazgo y cualquier tipo de violencia de género.

 

Cenicientas villeras

Hay otra realidad que muchas mujeres de los barrios humildes mencionan: la creencia de que el amor puede “salvarlas”. La mujer que espera al príncipe azul para ser rescatada, es uno de los argumentos más fuertes del amor romántico, y está presente en casi todos los cuentos de princesas que muchas de nosotras leímos durante buena parte de la infancia: Blancanieves y la bella durmiente tuvieron que ser besadas para resucitar; Rapunsel tuvo que dejarse crecer mucho el pelo para que el príncipe trepara por su extensa cabellera a la torre donde estaba confinada; la Cenicienta necesito de un príncipe para abandonar la casa de su madrastra donde no podía disfrutar de los mismos lujos que sus hermanastras.

En los contextos de la pobreza, existen algunas cosas que prometen a los jóvenes la posibilidad de salvación de la situación social que les ha tocado vivir. La música y el fútbol, por ejemplo, son dos profesiones que adquieren características mágicas que producen el milagro de brindar a la gente la posibilidad de salir del barrio.

El amor es también una promesa entre las mujeres y los hombres pobres. El mito de la salvación, tan característico del amor romántico, se observa muy vigente en los sectores populares, pero bien asentado en la posibilidad de salir de un contexto concreto de vida: la pobreza.

Como la Cenicienta, muchas de las chicas del barrio dicen haber esperado por lo menos una vez en su vida, que un hombre las salve de las penurias cotidianas. Pero todas afirmaron no haber vivido nunca esa situación. Las Cenicientas del barrio nunca fueron salvadas.

El amor duele. En eso coincidieron todas las mujeres de barrios populares que charlaron con Tercer Cordón para ayudarnos a hacer esta nota. Se refieren a los embarazos que no buscaron y a las desilusiones que mencionamos más arriba. Pero también se refieren a las marcas de la violencia de género que llevan en el cuerpo y en la historia personal.

El amor romántico perdura en el barrio. Muchas de las niñas que a muy temprana edad se convierten en madres, dejan de creer en príncipes azules. Pero la necesidad de salvación no se va nunca.

“El problema de creer en el príncipe azul es que a las mujeres nos paraliza un poco, me parece. Porque sentimos que sin un hombre no podemos hacer nada. Y después ves a las madres solteras que tienen cinco hijos. Solas.”

“Yo creo que hay algunos debates que todavía no llegaron al barrio. Nosotros no tenemos acceso a nada: ni a la educación, ni a una obra social, ni a la justicia. Pero encima las mujeres no debatimos las mismas cosas que debaten en la universidad. Yo creo que si las mujeres pobres también pudieran discutir sobre estos temas, ni en pedo creen en el amor”.

“Las mujeres del barrio saben arreglárselas muy bien solas. Pero piensan que no porque además de mujeres son pobres.”

Necesitamos que los debates que hoy movilizan a tantas mujeres, penetren también a los sectores pobres. Y rescatar la particular mirada de las mujeres que sobreviven en los contextos de la pobreza. Como dijo Rita Segato entrevistada por esta revista: “Debemos aprender, las mujeres que somos de los sectores no populares, debemos escuchar, las soluciones para la vida, las estrategias para la vida, la inventividad y la concepción del mundo de las mujeres de los sectores populares.”