G20, PARANOIA, CIBERESPIONAJE Y BIZARREZ

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Por: Andrés Fidanza – @andresfidanza

Mauricio Macri tercerizó la seguridad del G-20 en las dos áreas más autónomas de su gobierno: la ex SIDE y el ministerio de Patricia Bullrich. La Agencia Federal de Inteligencia arrastra una opacidad histórica respecto a sus funciones, con un agregado reciente: ni siquiera tiene la obligación de rendir cuenta de sus gastos. El ministerio de Seguridad a su vez se convirtió en una suerte de principado, un poco ajeno a las leyes y controles obsesivos de Marcos Peña. Esas condiciones son preexistentes a la reunión del G-20, pero el clima de paranoia que rodea a ese evento de 48 horas las potenció. Ante la mirada de Bullrich y los servicios de inteligencia, todas las objeciones hacia la cumbre tienden a parecerse, provengan de organizaciones políticas, sindicales o intelectuales, de tuiteros sarpados, religiosos musulmanes, patrullas perdidas del anarquismo, chetos aburridos o loquitos sueltos.

Si el antecedente de los dos atentados terroristas en la Argentina empuja a extremar la cautela (ambos además se mantienen impunes), el macrismo elige dar una imagen de hiperactividad. Los preparativos oficiales van desde el ciberespionaje preventivo hasta la estigmatización ideológica, el coqueteo con el Estado de sitio y la sobreactuación mediática. Se trata de un combo que deja al gobierno al borde de la bizarrez, incluso para los sectores seducidos por el speech de la mano dura. 

El mensaje macrista pasa por alto un dato que reduce objetivamente las chances de un atentado terrorista: existe un trabajo coordinado entre el equipo de seguridad local y los de los 20 países invitados; y cada líder mundial a su vez cuenta con un enorme sistema de cuidado y protección personal. 

Sólo el estadounidense Donald Trump traerá una custodia de alrededor de mil personas. EE.UU ayudará a las Fuerzas Armadas a blindar el espacio aéreo con un avión y un barco radarizados.

En el discurso cambiemita, sin embargo, se desdibujan los límites entre las amenazas globales y el rechazo político al neoliberlismo o al rumbo de la globalización. 

La AFI puso la lupa sobre los grupos y militantes que cuestionan ideológicamente la movida: especialmente hizo foco en el espacio “Confluencia Fuera G20/FMI”, formado hace casi tres meses. La reunión fundante de ese colectivo se concretó en en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Ahí estuvieron representantes de la CTA Autónoma, Attac Argentina, Jubileo Sur, ATE, Frente Darío Santillán, Movimiento Evita, CTEP, Libres del Sur, PSTU, Movimiento Campesino de Misiones, Frente de Organizaciones en Lucha (FOL), Red Amigos de la Tierra, Asamblea Argentina Mejor Sin TLC, Multisectorial Anti-Extractivista, Sociedad de Economía Crítica y CLATE, entre otros. 

La ex SIDE controla a ese espacio en las redes y en los actos que protagoniza. Si bien se le sumaron organizaciones más grandes y conocidas, el movimiento que derivó en Confluencia Fuera G20/FMI es Attac (Asociación por la Tasación de las Transacciones financieras y por la Acción Ciudadana). Se trata de una agrupación global que recientemente cumplió 20 años. Se opone a las políticas neoliberales y a los tratados de libre comercio, sin contar con referencias partidarias. Junto a varias organizaciones, Attac planea realizar una semana de acción contra el G-20, desde el lunes 26 de noviembre hasta el viernes 30, cuando empezará la cumbre. Ese día además harán una marcha en la Capital, para darle la “malvenida” a Trump. 

“No tenemos nada que ocultar, ni queremos ir a confrontar con la policía. Seremos cientos de miles marchando, y sabemos que siempre hay grupitos que van a hacer disturbios”, afirma la referente de Attac, Luciana Ghiotto.

Infobae además publicó que Attac está siendo investigada por la Inspección General de Justicia, a raíz de “sospechosas transferencias bancarias desde el exterior”.

La presidenta de Attac, Beatriz Rajland, explicó que los fondos girados por la ONG Global Justice Now. “Los usamos en actividades de la Semana de Acción Global contra la Organización Mundial del Comercio, que se hizo en Buenos Aires en diciembre pasado. Los destinamos a la carpa, los baños químicos, para pagar pasajes de compañeros del interior. Todo eso figura en los balances, no hay nada que ocultar. Ahora, que se diga que estamos organizando no sé que… Nos extraña, o no tanto”, afirma Rajland, profesora de Teoría del Estado de la UBA.

Jefa espiritual y logística de la seguridad durante el G-20, la ministra de Bullrich advirtió: “Vamos a poner reglas del juego muy claras, no vamos a permitir caras tapadas, ni mochilas con piedras para que los que quieran ir a manifestar puedan gritar todo lo que quieran, pero sin romper nada”.

Para el CELS, en cambio, el gobierno hace una carambola política con el G-20: “le sirve de excusa para construir enemigos internos, criminalizar la protesta y justificar un mayor nivel de persecución a la disidencia”. Se trata de una descripción que no parece incomodar demasiado a Bullrich, ni a los espías de la AFI. A los 61 años, tras una drástica reconversión en su biografía, el catecismo de La Piba no incluye a las personas preocupadas por el punitivismo estatal. El contexto del G-20 sólo podrá aumentar la desconfianza mutua.