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Por: Federico Frau Barros – @fedefraub

Manuel Barrientos, Walter Isaía y Mauro Limas son tres amigos que se conocieron trabajando en el mundo de la comunicación hace ya varios años. Recientemente, junto a Washington Uranga, Natalia Aruguete y Clarisa Veiga, fundaron la cooperativa Huvaiti que tiene ya dos años y realiza proyectos de comunicación de la economía solidaria, cultura popular y derechos humanos. ESSAPP es “el primer proyecto fuerte de la cooperativa”, según ellos mismos explican, y es una aplicación para el campo de la economía social y solidaria que tiene un mapa interactivo que reúne más de 3000 actores del sector, difunde noticias del área y que contó con la participación de más de 20 personas en las distintas etapas del proceso.

-¿De qué se trata la aplicación que desarrollaron?

-Walter Isaía: Es una herramienta de integración y comunicación pensada para la economía social. Fue desarrollada en conjunto por la cooperativa Huvaiti, el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, la cooperativa de software libre gcoop y la Universidad de Quilmes. Pensamos en un espacio que ayude a la integración de las organizaciones de la economía social,  entonces surgió la idea del mapa de georreferenciación de las organizaciones y un espacio de noticias para generar una agenda. La idea era integrar ese campo diverso que es la economía social en el que hay movimientos sociales, organizaciones, cooperativismo tradicional, organizaciones rurales, campesinas y movimientos de desocupados que no siempre están relacionadas. En muchos casos hacen cosas similares y no se conocen.

-¿Qué notaron al hacerla?

-Manuel Barrientos: Falta de integración y trabajo en conjunto. En algunos casos ni siquiera se reconocen como parte del mismo campo. Hay definiciones en disputa, unos se denominan cooperativistas, otros como parte de la economía social, otros economía solidaria, otros economía popular, y algunos otros como economía de los trabajadores. La idea es tratar de que, más allá de las diferencias las cuales en algún punto está bien que se mantengan, se reconozcan parte de lo mismo.

-¿Cómo se alimentó inicialmente?

-Mauro Limas: Hubo dos actores fuertes que son la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ), que tiene un área de economía social solidaria bastante desarrollada, y por otro lado el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, que es una federación de cooperativas que nuclea 160 cooperativas en todo el país y es parte de la Confederación Cooperativa de la República Argentina (Cooperar). Inicialmente hubo una serie de acuerdos, sobre todo para el mapeo de las organizaciones, a través de las organizaciones vinculadas al Instituto Movilizador, a Cooperar y a la Red Universitaria de la Economía Social y Solidaria (RUESS), en la cual la UNQ tiene un rol protagónico. De esa articulación es que se empezó a armar el mapeo de organizaciones y hubo una fuerte impronta, al principio, de cooperativas, de programas universitarios y organizaciones de comunicación como FARCO, Red Colmena y radios cooperativas. Así arrancó.

-¿Y cómo fue el proceso?

-Mauro Limas: Fue un proceso de un año en el que, de manera participativa, fuimos armando la ESSAPP. El Instituto Movilizador consiguió financiamiento del Ministerio de Ciencia y Tecnología para desarrollar la aplicación. Luego se armaron varios talleres de diagnóstico con las organizaciones del campo de la economía social y solidaria en distintos lugares del país para ver cuál era la necesidad que tenía el sector, qué utilidad le veían a desarrollar algo de este tipo, cómo lo harían y qué cosas quisieran que tenga. Si bien había una estructura y teníamos una idea de hacia donde queríamos que fuera, esto ayudó a trabajar. Después de los talleres de diagnóstico, hicimos una versión beta de la aplicación que sirvió de prueba. Luego hicimos nuevos talleres para probar su funcionamiento y ahí se terminó cerrando lo que es hoy la aplicación.

-¿Reciben financiación del Estado?

-Mauro Limas: Este financiamiento inicial del Ministerio de Ciencia y Tecnología era relativamente grande y duró dos años. Para el mapeo de los actores, a través de la UNQ, también se consiguió un financiamiento para economía social y cooperativismo del Ministerio de Educación.

-¿Cómo es lo del mapeo?

-Walter Isaía: Es abierto, las organizaciones se pueden sumar directamente. En la página web tenés la opción de cargar directamente los datos. Luego hay unos moderadores que chequean esos datos y verifican que se adapte a las normas de la economía solidaria. Una vez que son parte, también pueden cargar noticias y su propia agenda. Ya son más de 3000 organizaciones mapeadas. Cada puntito del mapa de la aplicación es un usuario, dentro de eso hay distintos niveles de uso: hay usuarios que son una organización y hay otros que son una persona que no es parte de ninguna organización pero quiere comprar un producto de la economía solidaria y puede usar la app para buscar, supongamos, un restaurante cooperativo para ir a comer.

-¿Cómo sigue la aplicación? ¿Cuál es su futuro?

-Manuel Barrientos: Surgieron un montón de cosas. En el marco de las posibilidades, al lanzar la aplicación, se cerró una etapa, y quedó abierto a que la cosa siga.  La aplicación tiene un software libre y queda abierto para que se desarrolle aún más. En un futuro la idea es que se pueda comercializar desde la aplicación directamente, todavía no se puede porque hay temas legales de por medio. Se está hablando y pensando, pero todos estos desarrollos requieren inversión. Obviamente que durante el proceso se fueron modificando algunas cosas, iba a ser todo abierto y finalmente hay moderadores para verificar que las organizaciones sean del campo de la económica social y solidaria.

-Walter Isaía: Ahora no tenemos un financiamiento y eso dificulta dedicarle tiempo y prioridades. El financiamiento terminó en septiembre y ahora estamos repensando de qué manera mejorarla . Hay un funcionamiento básico de la aplicación, agenda y mapeo, que se sustenta solo. El tema es de qué manera mejorarla y ampliarla. Que se haga conocida por fuera del campo de la economía social.

-¿En qué cuestiones concretas la aplicación le facilitó las cosas a las organizaciones?

-Mauro Limas: Las organizaciones están muy entusiasmadas. Hay muchas que ni siquiera tenían página web. Antes vos buscabas tal organización en google y no aparecía nada. Ahora por lo menos figura su perfil en la app. Son cosas que parecen chiquitas pero para una organización es muy importante. El balance de ellas es muy positivo. Se reúnen muchos datos del campo de la economía social y solidaria y le da una dimensión bien gráfica y visual. Después hay distintas necesidades, algunas son más grandes que otras y tienen encargados de redes. Nosotros teníamos la hipótesis de que no iba a ser tan sencillo que la administración fuera efectiva, entonces en el primer año también hubo un equipo que fue haciendo un acompañamiento en ese sentido.

-¿Cuáles son los desafíos que se les presentan ahora?

-Walter Isaía: Pensar en otra etapa de la aplicación, que tiene mucho reconocimiento dentro del campo al que se la hemos mostrado y contado, pero que le falta salir, darle más cuerpo y densidad en lo comunicacional para afuera, y para adentro también, en las que ya están mapeadas. Trabajar lo comunicacional en el marco de la economía social es un trabajo que lleva mucho tiempo porque no está muy reconocido ni muy aceitado. Hay muchas organizaciones que todavía no tienen claro la dimensión comunicacional de los procesos y entonces lo ven como si fuera diseño gráfico, marketing o publicidad, y no incorporan la dimensión comunicacional a sus prácticas. El apropiamiento de esa dimensión lleva un tiempo de desarrollo y maduración. Creo que estaría bueno poder fortalecer todas las dimensiones que tiene este proyecto, en una segunda etapa. Porque es una herramienta muy útil que tiene que ser integral y necesita sumar otros actores a la discusión.

-¿Qué actores?

-Walter Isaía: Organizaciones del movimiento campesino, de los movimientos sociales, llámese CTEP o Barrios de Pie o Corriente Clasista Combativa, el Movimiento de Empresas Recuperadas, movimientos de organizaciones culturales. Nosotros lo pensamos como un amplio abanico, quizás es demasiado ambicioso pensar un espacio donde se pueda articular todo eso, pero esa es un poco la idea.

-¿Qué percibieron sobre la situación actual del país en este contacto permanente con los los integrantes del campo de la economía social?

-Manuel Barrientos: Como decía Walter, hay organizaciones a las que les falta esa mirada comunicacional y después también hay muchas otras que están muy imbuidas en la lucha cotidiana y en el laburo diario. Eso también dificulta que puedan avanzar. Hay avances grandes en los últimos años como el laburo de la UTT (Unión de Trabajadores de la Tierra) que ha crecido mucho.  Hay líneas de trabajo que están en marcha y que siguen funcionando, pero habría que ver qué hubiese pasado si hubiera otro contexto económico y político, quizás se hubieran potenciado más. El contexto dificulta al desarrollo de la economía solidaria, es como que se vuelve a una etapa anterior porque las organizaciones tienen que estar en la calle luchando nuevamente.

 

¿Cómo afecta la crisis económica a este sector?

-Manuel Barrientos: Hay muchos medios que hablan de la idea de que la crisis es una oportunidad para la economía social, porque muchos consumidores urbanos buscan alternativas. Por un lado es cierto, porque abre algunas posibilidades, pero también se vuelve mucho más difícil la vida cotidiana de cada uno. Esa mirada medio romántica tiene sus límites claros en la calle y en la vida real. Se da eso de “uy qué bueno, como hay crisis voy a comprar a la verdulería agroecológica”, pero la verdulería agroecológica, a su vez, tiene problemas muy fuertes, con mercados cada vez más concentrados, luchando contra el glifosato, y estas son tendencias que van más allá del gobierno de Cambiemos.

-Walter Isaía: Se dan como dos vías, vos tenés un montón de gente que pasa a la desocupación o fábricas y empresas que quiebran y estos procesos políticos, económicos, sociales y culturales generan recuperación de empresas, emprendimientos productivos. Lo generan por deficiencia del mercado capitalista que expulsa, entonces la gente se auto organiza y de alguna manera abonan la economía social y se conforman nuevos espacios. Y por otro lado, también tenés todas las dificultades económicas que pueden llegar a atravesar las organizaciones del campo social y solidario a nivel de ingresos, costo de servicios que se van por las nubes, de los insumos que en muchos casos están dolarizados, y eso hace que sea difícil seguir sosteniendo el trabajo.

-¿El futuro es de la economía social y solidaria?

-Manuel Barrientos: Hay en las sociedades urbanas, en los últimos 4 o 5 años, una incipiente conciencia sobre qué consumimos y eso impulsa la actividad del sector. Eso impulsa a trabajar por la visibilidad del sector que es muy poco visible. El movimiento de la economía social y solidaria representa un sector de la economía muchísimo más importante que la visibilidad que tiene. Una de las cosas que queríamos hacer con la ESSAPP era ayudar a cambiar eso. No son visibles porque obviamente no le conviene al sistema capitalista, porque lo enfrenta. Pero también porque no está esa mirada comunicacional, porque están en la lucha cotidiana y porque no está la idea de reconocerse como parte del mismo campo dentro de los actores de la economía social y solidaria.

-Mauro Limas: En gran medida y a diferencia de otra época, hay fragmentación y desintegración pero hay cierto nivel de proceso de articulación. Hay muchas universidades con programas y carreras de formación de apoyo a la economía solidaria. Y en ese sentido este campo conserva esos inconvenientes, pero hay un nivel de desarrollo que posibilita estar haciendo estas cosas. Hay muchos años de experiencia. Hay cooperativas de más de 100 años, medios comunitarios de más de 30, organizaciones de productores de más de 40 años, hay muchas comercializadoras que se dedican a esto y hay nodos de consumo organizados en los grandes centros urbanos.

-¿Y cuáles son las principales debilidades del sector?

Manuel Barrientos: Vemos que hay tres grandes problemas. Uno es la falta de federación, que no quiere decir que no haya integración, pero falta. Otro es la falta de visibilidad, a veces vas a comer a un lugar y ni siquiera sabes que es una cooperativa. Y el último es el asunto es la comercialización, que a la aplicación todavía le falta esa parte. Esto ayuda a democratizar la economía.

Walter Isaía: Hay estimaciones que hablan de que más o menos el 10 por ciento del PBI lo hacen las organizaciones de la economía social, contando al cooperativismo. Y si ves la fuente de trabajo que genera es mayor aún. Y el porcentaje de frutas y verduras que consumimos en los centros urbanos vienen en su gran mayoría de organizaciones de la economía social. El problema es la falta de visibilización de todo esto.