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Por: Alejandro Wall –@alejwall

Tal vez el primer contacto haya sido entre socios de Gimnasia y Boca en julio de 2016. La idea era organizar una charla sobre las sociedades anónimas en el fútbol, el arma que apunta a las espaldas de las asociaciones civiles. Otra vez pudo ser cuando socios de Atlanta buscaban consejos para organizar una agrupación en el club. Se contactaron con amigos de Boca. Y se dieron cuenta que más allá de las diferencias entre los clubes, más grandes, más chicos, más poderosos, menos poderosos, había que dar una pelea común. Fue unos meses después, en septiembre, que un grupo más grande que incluyó a otros equipos se reunió en el museo de Gimnasia, en La Plata. Todavía no era oficial, pero lo que iba a nacer de ese encuentro era la Coordinadora de Hinchas.

La presentación fue en diciembre de ese año en el Hotel Bauen con la presencia del sociólogo Pablo Alabarces, el preparador físico Fernando Signorini y los periodistas Gustavo Veiga y Ángela Lerena, ambos comprometidos con que los clubes sigan en manos de los socios. Y no fue casual el lugar elegido. El Bauen es un hotel defendido, recuperado y administrado por sus trabajadores en cooperativa. La Coordinadora, en definitiva, nacía para defender a los clubes, para recuperarlos si hiciera falta y para que siempre sean los socios quienes lo administraran.

La Coordinadora de Hinchas organizó charlas, encuentros, volanteadas. Se diagramó un plan de lucha para frenar ese avance. Este año, el Gobierno aceleró con su idea de implementar las sociedades anónimas en el fútbol, algo que logró enfriarse, al menos por el momento. En la superficie, la clave estuvo en algunos dirigentes que no cedieron a las presiones oficiales, que se opusieron a que se votara de manera secreta en la asamblea prevista para debatir las SAD. Por por abajo, fue vital la Coordinadora, que articuló fuerzas, difundió material, contactó a dirigentes, y militó con mucha fuerza para que el fútbol privado no avance sobre las asociaciones civiles.

 

 

Más allá del triunfo provisorio –el proyecto de sociedades anónimas quedó cajoneado, pero los operadores del macrismo volverán con él-, lo que queda por ver es si toda esa construcción desde abajo puede llegar a gobernar en los grandes clubes del país. Y, en todo caso, cómo se construye poder en los clubes cuando lo que se ve es que las alianzas tienden a expresar posiciones políticas diversas, aunque casi siempre tradicionales. Incluso, sectores que en la política nacional se reivindican de izquierda forman frentes con empresarios bajo la idea de que no se puede llegar sin plata. Y hasta se ven casos de comisiones directivas en donde se mezclan sin conflicto dirigentes del macrismo y el kirchnerismo.

“Nosotros construimos la Coordinadora de Hinchas pensando en las sociedades anónimas deportivas. Pero en el fondo pensamos en que las hinchas y los hinchas se vuelvan una voz política, que puedan discutir el precio de las entradas, que puedan discutir la vuelta de los visitantes, el precio de camisetas y el merchandising, los horarios de los partidos, las localías, los estadios; que los hinchas y las hinchas entren como un actor político, que es el que tiene que volver a los clubes”, dice Hernán Aisenberg, Cherno, uno de los fundadores de la Coordinadora de Hinchas.

Kevin Libsfraint tiene 25 años y a los 16 empezó con un grupo de amigos a juntar plata para llevar globos y rollitos para los recibimientos de Argentinos Juniors. A los 18, participó de una campaña de socios y a los 22 -o sea, hace tres años- entró como vocal por la oposición, la agrupación 15 de Agosto. Fue su primera experiencia en una elección. “Cuando en la Coordinadora metemos ficha contra las sociedades anónimas y decimos que, además del fútbol, defendemos toda la cuestión social y la democracia, se trata mucho de esto. De que en los clubes haya espacio para que los socios y las socias puedan participar de diferentes espacios y, desde ese lado, poder construir algo distinto a lo que habitualmente estamos acostumbrados”, dice Kevin, que marca la diferencia de dinero que hubo entre quienes ganaron la elección de 2015 y quienes fueron minoría, y aún así no se reflejó en los resultados finales.  

 

 

“Eso no quita –explica Kevin- que sea cierto que actualmente la mayoría de los clubes están conformados de manera tal que sea imprescindible que los principales dirigentes estén 100% a disposición, y eso genera esa dependencia de ‘alguien de plata’. En primer lugar, diría que a pesar de eso hay que seguir profundizando el trabajo de los dirigentes de base que pueden darle algunas horas por día. Y también que hay que encontrar la manera de que la dirigencia sea la que baja linea del plan de acción que quiere para el club y tome las decisiones políticas para eso, y que el club tenga una estructura que le permita funcionar, siempre en base a un proyecto y las ideas que vayan en linea con la impronta que la CD quiera. De esa manera no se va a tratar solo de conseguir un salvador sino de poder llevar un proyecto adelante. Creo que un avance sería poder implementar cupo femenino y cupo de juventud en todas las listas”.

Algunos clubes ya implementaron cupo femenino en sus estatutos. Otros, como Banfield, tienen desde este año una presidenta mujer, Lucía Barbuto. “Es un gran avance -dice Florencia Duarte, socia de Banfield, integrante de la Comisión de Género de la Coordinadora-. Es la única mujer de la Superliga. Sé que ahora va a trabajar con el femenino en AFA, y es hora de que haya más mujeres en cargos institucionales. Igual, me hubiera gustado que hubiera más mujeres en la comisión directiva porque solo hay otra, que es vocal suplente”. La lucha feminista también tiene su capítulo en el fútbol, un ámbito abiertamente machista. “Creo que a muchos les cuesta aceptar que haya mujeres tan capacitadas o más que los hombres. Por eso es importante la ley de cupos o la obligación de equipos de fútbol femenino, com ocurre en Conmebol, son espacios que hay que tomar y demostrar que podemos ocupar”, dice Florencia.

“En la mayoría de los clubes, a las mujeres no nos dan las mismas condiciones que a los hombres ni para trabajar: ya sea como empleadas, como profesoras, dentro de los planteles técnicos, como jugadoras ni como dirigentes. Los lugares de decisión y de poder siguen estando a cargo de los hombres”, explica Florencia. Por eso, dice, desde la comisión de género se movilizan para garantizar el acceso pleno a los deportes, la reglamentación de la ley del Deporte 27.202, la cobertura periodística no sexista, la promoción del derecho al juego, y la legitimidad de la diversidad de los cuerpos. “La selección femenina todavía es amateur y tiene las mismas obligaciones que la de hombres. Y aún así se metió en el Mundial de 2019”, agrega Florencia.

 

 

La militancia puede ser una réplica de la que se lleva adelante en otros ámbitos. Aunque muchas veces no se exprese de la misma manera. “Nosotros queremos alentar la militancia en los clubes, adentro de los clubes, incluso fundamos la Coordinadora inicialmente con agrupaciones: sólo podían ser peñas, partidos, agrupaciones, representativo de un grupo de hinchas, y después nos dimos cuenta que muchos venían solos, sin representación. En Temperley armamos una agrupación desde la propia Coordinadora. Y en Racing logramos unificar a quienes estaban sueltos, en diferentes agrupaciones y logramos unificar en una pelea común”, explica Cherno Aisenberg, integrante de Boca es Pueblo.

Boca es la gran expresión de lo excluyente que es la política en los clubes. Desde la llegada del macrismo, que hegemonizó el club desde 1995, se implementaron avales millonarios para poder ser candidato. Se necesita tener patrimonio. “Boca es pueblo tiene una legitimidad que no es contrastada con la realidad, porque para ser agrupación tenemos que juntar afiliaciones y para eso se necesita mucho dinero”, dice Cherno. “Nosotros nos financiamos con aportes personales. Estuvimos hasta repartiendo revistas para financiarnos. Ahora pasamos los partidos de visitante luego de que privatizaron la televisación. Con los partidos hay hamburguesas, choris, bondiola, cerveza, vendemos para financiar nuestra política. Pero siempre parece insuficiente porque los que corremos de atrás somos nosotros”, cuenta. Y es que si quisieran presentarse en elecciones les pedirían los avales. “El resto de los clubes es más accesible –relata Cherno-. En Boca está complicada la cosa para hacer política sin plata o sin recursos millonarios. Pero también es parte del negocio que armaron. Antes a Boca llegaba cualquier hijo de vecino, era un club barrial, era un club político. Pero esta es la manera que tiene Macri de saber que si él pierde el poder va a entrar otro empresario. Tenemos que ser creativos, el camino nos lleva a alianzas estratégicas, tácticas, puntuales, tenemos un programa político para el club, para la Coordinadora, para los clubes en general. Somos organizaciones populares, nos consideramos parte del campo popular. Nos reivindicamos de esa manera y nos enorgullece esa manera”.

En el último tiempo, también surgieron en los clubes de fútbol vertientes de izquierda denominadas antifascistas. De River a Racing, de Vélez a Ferro, de San Lorenzo a Independiente, de Platense a Boca, en casi todos los clubes nacieron estas agrupaciones que también están en otras partes del mundo. “Nosotros tuvimos un debate sobre por qué no llamarnos obrero y popular, por qué no llamarnos de izquierda. Creemos y vemos en la palabra antifascista una aceptación que por ahí nos da un cierto margen de maniobra para captar a más personas. Existe un sentimiento generalizado en el hincha argentino que se opone a lo represivo, a la policía o a la política represiva que implementa un club, ya sea una venta limitada de entradas para que se la preserve al turismo o lo que ocurrió con San Lorenzo perdiendo su cancha en la dictadura”, dice Carlos, integrante de Boca Antifascista, que plantea un programa independiente, delimitado políticamente de los sectores a los que caracteriza patronales. “El contexto es complicado, hay que juntar una determinada cantidad de avales y pareciera que sólo alianzas políticas pueden lograr eso. Habrá que luchar para voltear el aval”, dice Carlos.

 

 

“Yo creo que la militancia popular, la política de base, tiene que entrar a disputar esos espacios en los clubes”, dice Cherno. “Es importante la concientización de los socios y las socias, la participación en las asambleas, empezar a vivir la vida política desde abajo, desde la base, para poder ver todo y pensar que es lo mejor para el club. Por eso creo que sí es posible generar algo desde abajo”, agrega Florencia. “Lo que intentamos –cuenta Kevin- es incentivar a los socios a que participen, vayan a las asambleas, que sientan el respaldo para empezar a armar algo. Y que quienes lo empezaron puedan profundizarlo”.

“Es posible pensar la política en los clubes a partir del contexto nacional y de cómo se milita a nivel nacional. No se puede escindir una lucha local de un plano más general. El fútbol lo analizamos como un subproducto social que emerge en esta sociedad de clases. Sería importante o ineficaz que nosotros sólo intervengamos en el club de una manera diferente a lo que se intervendría a nivel nacional”, dice Carlos, de Boca Antifascista, que aclara: “Tenemos una visión clasista de la realidad. Queremos trabajadores que dirijan el club y el destino de todos los clubes del fútbol argentino”. Desde esa posición, dice de la Coordinadora: “Es una experiencia positiva en tanto y en cuanto pueda mantener la independencia política de las variantes patronales. Todos los clubes están gestionados como empresas y apuntan en mayor o menor medida a un proceso de privatización”.

Aún con las dificultades que supone hacer política en los clubes -a la vista queda lo que ocurre en Boca, donde el año que viene habrá elecciones-, la Coordinadora de Hinchas crece en el fútbol argentino. Impone una experiencia militante hacia adentro de las instituciones deportivas. “Es que así entiendo la política –dice Cherno-. He pasado por la universidad, por mi barrio, y ahí he construido organizaciones, y soy parte de mi sindicato en mi trabajo, es una forma de vida la militancia también. Entonces, ¿cómo voy a dejar de lado y de cuidar la militancia política en el lugar que más amo, al cual pertenezco, del cual soy socio?”. Y lanza lo que podría ser casi una proclama de esperanza para otros y otras que están en la misma: “Las grietas –dice Cherno- siempre se encuentran, siempre aparecen”.


REFERENCIA

Foto gentileza: Tiempo Argentino