“LA HUMILLACIÓN DEL SER HUMANO PROVOCA ODIO Y ESE ODIO, VALORES REVOLUCIONARIOS”

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Por: Delfina Corti – @depuntocorti

En el 2001, a Fermín Muguruza – músico, productor, cineasta y activista político vasco – le llegó una foto publicada en el diario vasco Egunkaria sobre el desfile que la comparsa de gigantes de Pamplona protagonizó en la Quinta Avenida en Nueva York en 1965. La comparsa, para quienes no la conocen, está compuesta por ocho gigantes que representan la unión de los continentes: una pareja de reyes americanos, una pareja de reyes africanos, una pareja de reyes europeos y una pareja de reyes asiáticos. Al tener la foto en sus manos, lo que le impactó a Fermín fue el epígrafe: “Debido a los disturbios raciales, se prohibió la participación de los gigantes negros”. A partir de ahí, supo que tenía una historia que contar.

Black is Beltza construye el relato de Manex Unanue, uno de los hombres que tenía que llevar a uno de los gigantes negros. Desilusionado porque el resto de sus compañeros acordó seguir con el desfile a pesar de su ausencia, decide no volver a casa. Este puntapié permitirá ser parte, junto a Manex, de los acontecimientos que ocurrieron mediados de los ´60: disturbios raciales; alianzas entre los servicios secretos cubanos y los Black Panthers estadounidenses; el espíritu del Che en el Congo, Argelia y su muerte en Bolivia; y la dictadura franquista. “Es una película sobre persecución, amor y revolución”, definió Fermín.

Black is Beltza hace foco en las luchas antirracistas, antifascistas y en los valores revolucionarios. ¿Por qué creés que aquellos valores raciales y fascistas están volviendo a ser parte del centro político, social y cultural?

– En la historia, yo me planto en los años sesenta. En el `65 es cuando ocurre el desfile de los gigantes en Nueva York y en el `67 cuando transcurre la acción, desde el 5 junio que comienza la Guerra de los Seis Días hasta el 9 de octubre que asesinan al Che por orden de la CIA. Durante esos meses, lo que ocurre es crucial. Yo en esos meses cuento la historia. Lo que viene después es parte de mi memoria. La memoria es una creación. En el `68 llegó el primer atentado de ETA, yo tenía cinco años. Mató a un torturador en Irún, un día que llovió muchísimo. Uno a veces dice: “Llueve más que el día en que mataron a Melitón Manzanas”. El mundo, desde aquellos años, ha ido evolucionando, pero siempre con una hegemonía del mundo capitalista donde es el poder económico el que manda sobre el poder político. Entonces, retomando el por qué vuelven estos valores, es porque se han ido haciendo una serie de políticas que construyen en el ser humano el miedo a la pérdida de trabajo. Se hacen comparaciones peyorativas sobre cómo viven unos, cómo viven otros y que tú también lo puedes perder todo. Tienes que mantener el status quo, tienes que tener miedo a los que vengan desde afuera cuando probablemente tú y tus antepasados hayan venido de afuera como ocurre en EEUU. Eso es divertidísimo con toda la ironía del mundo. Hablan en contra de los inmigrantes cuando ellos eliminaron a los pueblos originarios. Todos son hijos de inmigrantes. Se ha construido un discurso en los medios de comunicación de cómo la gente tiene miedo a perder el trabajo. Y sobre eso se ha construido el miedo a lo extraño, a lo que viene de afuera, a los que nos van a quitar el trabajo. Y eso se suma al tema racial porque siempre es el Otro.

– No se le tiene miedo simplemente porque vienen de afuera, importa de dónde vienen aquellos que vienen. En Argentina, no es lo mismo un inmigrante europeo que uno latinoamericano, por ejemplo.

– El movimiento migratorio se da constantemente por necesidad, por búsqueda, por guerras. El tema de que el racismo vuelva a estar presente es muy alarmante. Hay que buscar el origen. Cómo hemos dejado que los medios de comunicación hayan ido construyendo todo este mensaje poco a poco. No es de ayer a hoy. Lo que ocurre en Francia, por ejemplo. Barrios y periferias donde el voto comunista, solidario, de conciencia obrera era un clásico, empieza a tornarse un voto para el Frente Nacional. Eso esta ocurriendo en todo el mundo. Hace dos años estuve en Argentina. Allí, les dije que para mí existe un Plan Cóndor mucho más sofisticado. De la misma manera que antes existía para eliminar el marxismo, ahora existe uno más sofisticado para eliminar gobiernos de izquierda, progresistas que quieren cambiar el status quo en Latinoamérica. Lo que ocurre en Bolivia es precioso. Se los intenta ridiculizar. Hay toda una campaña, pero siguen aguantando. Allí, matan al Che y parece que todo se ha acabado, pero esa semilla germinó, se mantuvo y salió.

– En Black is Beltza, es muy interesante el rol que cumples las mujeres. Sobre todo, aquel ligado a la liberación sexual. Un tema que hoy en día sigue discutiéndose: la mujer es dueña de su cuerpo.

El tema de la liberación sexual en la mujer es una cuestión que está latente continuamente. La liberación sexual como la lucha antiimperialista. Cuando en la película se vuelve a Madrid, allí todavía estaba el Franquismo. En los carteles que aparecían en Tirso de Molina, en el Metro, se pueden leer las reglas para hacer feliz a tu esposo. Era la propaganda que se lanzaba durante aquellos años. Era el soporte político del franquismo. Es un contraste político que nosotros queríamos mostrar. Precisamente, en ese aquellos años de liberación sexual, de reivindicación del goce del cuerpo fuera del amor convencional, estaban las reglas para hacer feliz a tu esposo. Todas las luchas están ligadas. Para mí, el motor revolucionario es el elemento cultural. Toda la creación de libros, películas y música tienen relación con los hechos. Era un frente cultural. Los hechos y la cultura se retroalimentan. En este caso, hay un motor cultural. Tenemos un elemento decisivo que es el triunfo de la revolución cubana. Marca un antes y un después. Pero además de esto, el elemento cultural no se hubiera podido dar sin un magma que está empujando y que está invitando al hombre nuevo, a la mujer nueva a cuestionarse el estilo de vida que se lleva hasta entonces.

– En España, aquel motor cultural era censurado y clandestino. La última escena donde el protagonista y un compañero se encuentran con el Guardia Civil mientras transportan ejemplares de Mikel Laboa, funciona como homenaje a la música vasca. ¿Alguna vez fuiste perseguido o censurado?

Yo estuve diez años en un proceso judicial por el máximo jefe de la Guardia Civil que hubo durante muchísimos años en el País Vasco, que fue Galindo. Fue ascendido a General cuando estábamos en juicio. Es un torturador y asesino. Nos dijeron que lo habíamos acusado de narcotraficante en una canción. En la canción, decíamos una información que había salido en todos los periódicos. Habían incautado una tonelada de cocaína en la frontera con Francia. Al día siguiente, pesaba 900 kg. 100 kg desaparecieron adentro de la comisaría. Entonces, se decía que había sido la Guardia Civil. Hicimos una canción y nos cayó el juicio. 10 años de juicio, de amenazas de la Guardia Civil y la ultraderecha que son lo mismo. “De día uniformados, de noche incontrolados”, así son. Cuando ganamos ese juicio, nos volvimos a juntar para hacer conciertos. Venía gente de todos lados. A esos autobuses que llegaban, los paraba la Guardia Civil y los cacheaban. Les intentaban humillar. Qué vengativos, rencorosos son y qué odio nos tiene. El odio y el rencor de la Guardia Civil al País Vasco siempre existió. Gabriel García Lorca ya tenía un poema sobre la Guardia Civil que si lo buscas es increíble. Es un cuerpo policial militar. Aquí se pedía la disolución de ese cuerpo. Durante el franquismo fue la gente que más humillaba. La más represora, los más asesinos.

– Y así y todo son intocables…

En el Estado español nunca hubo una ruptura democrática. Siempre estuvieron los mismos que estuvieron con Franco. Nosotros cantábamos y contábamos la historia no oficial en nuestras canciones. Se mantuvieron los mismos en todos los estamentos: ejército, policía, aparato judicial. Son descendientes de esa gente. De repente, el PP es el descendiente de los franquistas. Son cosas que hay que ir hacia atrás para entender lo que está pasando. Me parece muy importante hacer esta película, aunque sea una manera más de entretenimiento, yo estoy contando cuál es el contexto sociopolítico, cultural de las dictaduras en todo el mundo.

– La frase que aparece en la película  – “Idos con vuestra música de mierda” – ¿te la dijeron alguna vez?

A mí me lo han dicho muchas veces y, por eso, la quise colocar. Eso para mí funcionó como una invitación. La cultura es el gran arma que seguimos teniendo. Es la llave que tenemos contra la ignorancia. Y todo esto esta basado en la ignorancia. Retomando aquella primera pregunta que me hiciste. ¿Por qué hay una vuelta? Porque en vez de la información, se ha trabajado la ignorancia.

– Definiste a Black is Beltza como “una película sobre persecución, amor y revolución”. Si nos centramos, ahora, en amor y revolución, ¿Creés que van de la mano o el odio también puede ser motor de una revolución?

Desde la izquierda, hay que intentar cuestionar todo. Readaptarnos a los discursos del presente para hacerles frente. La concepción marxista es una herramienta que sirve: hay que hacer un análisis concreto de la realidad concreta. La realidad es esta. No conozco tanques de pensamiento que estén imaginando donde vamos los próximos años y que estén ideando líneas de acción activista en cara a esos años. Nos están obligando a actuar en la inmediatez. El odio también ha sido un motor de revolución. La humillación del ser humano, intentar de que no sea persona, eso provoca un odio y ese odio es un motor de levantamientos, de valores revolucionarios. Nosotros hicimos una canción donde decíamos que uno, a veces, tiene que golpear con el amor y, a veces, con el odio. Hay campos en los que es mejor convertir ese odio, transformarlo. Es muy difícil. Por ejemplo, después del 1º de octubre en Cataluña, cuando te golpean, lo primero que sentís es humillación. Tú, como ser humano, has sido inferior. Lo que queda ahí es odio. ¿Cómo transformar ese odio en algo positivo? Ese es uno de los grandes retos revolucionarios que hay. Por eso, cuando se grita “Viva la muerte”, nosotros lo que tenemos que hacer es gritar más fuerte “Viva la vida”. “Viva la vida” se convierte en una gran arma revolucionaria. En Argentina, cuando se grita a favor del aborto, por ejemplo, y algunos saltan y dicen que eso es “viva la muerte” uno tiene que gritarles “No. Es viva la vida. Viva la vida de la gente que vive”. Es el derecho de las mujeres para que vivan.

El odio es un motor que necesitamos que no se neutralice porque si vos estás humillado y no sentís odio por eso, estás neutralizado.

– Willy Toledo quien es perseguido por incumplir el Código Penal al decir “Me cago en Dios” le presta su voz, paradójicamente, a un Guardia Civil. ¿Qué opinas de las religiones y, principalmente, de la islamofobia que se vive en España?

Yo me declaro ateo sin fisuras. Hay un elemento cultural en las religiones que tiene que ver que al ser de una religión en determinada época es estar en contra de algo. Una anécdota: cuando llego a Irlanda del Norte y les digo que soy ateo me preguntan: “¿Ateo católico o protestante?”. Quiero decir que la religión en Irlanda es en defensa de un  elemento cultural, una invasión del protestantismo por parte de los ingleses. Con el tema del Islam ocurre algo parecido. El Islam es considerado como un elemento identitario ante todo el despojo. A mí me queda, por lo menos, esta religión. Sí estoy en contra de todos los fundamentalismos, como ocurrió con Willy Toledo.

– Para el pueblo vasco es muy importante el tema de la identidad

Para el pueblo vasco es muy importante porque a nosotros nos han quitado la identidad, nuestra lengua. Hago un homenaje a nuestra anterior generación que comienza a luchar en un frente cultural para recuperar la lengua (Nota: Beltza es negro en vasco). Esa es la gran lucha contra el franquismo. Después, hay una lucha armada, pero la gran lucha comienza con una lucha cultural para recuperar una lengua, una bandera que nos han prohibido. Cuando muere Franco, yo tengo 13 años y lo único que hacíamos era pintar banderas vascas porque estaban prohibidas. Todo este tema sobre la identidad, sobre la guerra de religiones es curioso de estudiar.

– Las canciones narran parte de la historia y en “La esquina del mundo” le hacés un guiño a Galeano al decir “sin cicatrizar / heridas en la tierra / venas abiertas / de Latinoamérica”. Hay una frase de Galeano que me parece interesante y si bien iba a comenzar la entrevista con ella, la uso como cierre porque es un resumen de esto que venimos hablando: “En cierto modo, la derecha tiene razón cuando se identifica a sí misma con la tranquilidad y el orden: es el orden, en efecto, de la cotidiana humillación de las mayorías, pero orden al fin: la tranquilidad de que la injusticia siga siendo injusta y el hambre hambrienta”.

La primera vez que fui a Latinoamérica, llevé Las venas abiertas…Tuve la suerte de conocerlo a Eduardo Galeano, en Montevideo, en 2006. No hicimos muy amigos porque él era amigo de Ramón Chao, el papá de Manu Chao. Sabía que nos habían prohibido conciertos en el año 2003 porque hacía apología del terrorismo cuando cantaba en “Sarri, Sarri” sobre la fuga de dos presos. Hablamos algo de política. Él estaba muy dolido porque había hecho campaña contra las papeleras, y muchos obreros que tenían miedo de perder el trabajo, lo acusaban de traidor. “Estamos perdiendo a la clase trabajadora. Se inculcó tanto el miedo a perder el trabajo que estamos perdiendo”, me dijo. Pero era muy alegre y tenía un humor increíble. Incluso, habíamos estado contando chistes durante todo el día.

– ¿Recordás algún chiste que hayan contado?

Cuando Marx murió y llegó al Cielo, San Pedro lo envió al infierno. Allí, lo recibieron con los brazos abiertos. Después de unas horas, hubo una huelga en el infierno. Reclamaban días de descanso y seguridad laboral. Satanás se acercó y vio a Marx al frente de ellos. Enojado por la situación, lo mandó al cielo.

Después de unos días, ansioso por conocer el caos que había ocasionado en el cielo, se acercó a San Pedro y le preguntó cómo estaban y cómo estaba Marx. San Pedro le contestó que estaban muy bien. “Oye, ¿qué opina Dios de él, está contento?, le pregunto Satanás. San Pedro lo miró y él respondió: “Dios no existe, camarada”.