Cuando escuchó por primera vez que la Ministra de Seguridad Patricia Bullrich salió a criticarla en los medios, sonrió. Para María del Carmén Verdú era una clara señal de que estaban haciendo las cosas bien. La referente de la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (Correpi) y de Poder Popular, es una piedra en el zapato de la represión para el macrismo. Con estadísticas claras, y apoyada en un trabajo riguroso por los derechos humanos que viene haciendo con sus compañeras y compañeros desde 1983, Verdú explica en la charla con Tercer Cordón por qué este Gobierno es el más represor que tuvo el país tras la dictadura. Hace hincapié en la necesidad de que el 24 de marzo haya una sola marcha, que no diluya las diferencias políticas entre las fuerzas, pero que privilegie la unidad en las calles para resistir. Y remarca el contraste entre unas fuerzas de seguridad que condensan lo más podrido de la cultura patriarcal, y una lucha antirrepresiva que siempre fue feminista en la práctica.
¿Hay un hilo histórico que une la represión en la dictadura y las represiones actuales?
Cada gobierno en cada momento histórico aplica su política represiva en función de las necesidades de la etapa. Todo lo que venimos diciendo desde Correpi sobre gatillo fácil lo dijo Rodolfo Walsh mucho antes de la dictadura. El avance de la lucha de clases en los 60 y 70 obligó a que la clase dominante recurriera a su forma de gobierno más brutal. Es el extremo. Pero represión hubo antes y hubo después.
¿En estos últimos dos años eso se profundizó?
Sí, el macrismo está rompiendo todos los récords en gatillo fácil, torturas, detenciones arbitrarias y represión a la protesta.
¿Y por qué lo hacen?
Necesitan disciplinar al pueblo. En el actual momento tenés la conjunción de las dos peores condiciones. Por un lado tenés una necesidad objetiva de parte del gobierno y sus aliados provinciales (de Cambiemos y las otras fuerzas) de reforzar el control y el disciplinamiento, porque sino no pueden avanzar con las reformas estructurales en la economía que quieren hacer. Y por el otro, es un gobierno al que le importa muy poco aparecer como el gobierno de la mano dura. Hacen política con eso, hacen propaganda. Están convencidos que a su electorado le gusta.
Lo hicieron con Chocobar, con el asesinato de Facundo Ferreira, de 12 años, en Tucumán…
Exacto, esa reivindicación explícita es una gran diferencia con otros gobiernos de la historia. Eso nunca lo vi en toda mi vida, que salgan a abrazarse con un tipo que le disparó a una persona por la espalda o justifiquen a otro que mató a un nene de 12 años. Antes esos casos también pasaban, pero se hacían los boludos. Ahora te lo dicen de frente, sin ningún tipo de eufemismos.
¿Qué estadísticas manejan en Correpi sobre las víctimas por parte de las fuerzas represivas?
En los primeros once meses del gobierno de Macri pasamos de una muerte cada 28 horas a una cada 24. ¡En once meses! Al kirchnerismo le había llevado casi once años pasar de una muerte cada 30 horas a una cada 28, y decíamos qué barbaridad. ¡Y era una barbaridad! Sobre 5500 casos imaginate que para hacer esa diferencia de cuatro horas tiene que ser un pico muy grande. Y ahora estamos en una muerte cada 23.
Esto ustedes también lo viven en el día a día…
Sí, se multiplicaron los llamados a Correpi. Pasamos de recibir tres o cuatro consultas por semana de gente que sufre la violencia de la policía, a tres o cuatro llamados por día. Una locura. No es una estadística académica, pero es concreta.
¿Cuál es el techo de este espiral ascendente de represión?
En el marco de esta pendiente hacia arriba de la represión hay un quiebre, que es a mitad del año pasado, la desaparición de Santiago Maldonado. Después vino el asesinato de Rafael Nahuel. Ahí tenés un espiral vertiginoso con un crecimiento todavía más brutal que desemboca en la doctrina Chocobar. Ya nos quedamos sin adjetivos. Se superan día a día. Cuando uno piensa que no pueden hacer nada más grave, nada más inhumano, van y lo hacen.
¿Y la Justicia qué rol cumple en todo esto?
La Justicia es una correa de transmisión del gobierno, sin ningún tipo de variación. Volvemos a hablar después de muchísimas décadas de causas por intimidación pública, por sedición, por rebelión. Las últimas que recuerdo fueron en los piquetes del 2000. Fijate que Patricia Bullrich dice que a la versión de las Fuerzas siempre le van a creer. Y los jueces le hacen caso.
Por ejemplo, cuando Bonadío dictó el procesamiento de los detenidos por la marcha del 14 de diciembre, reconoció en un párrafo que no tiene evidencias, no hay video, no hay fotos, pero le da plena validez a las actas de las detenciones policiales. ¡Ningún policía va a hacer un acta de detención que diga que detuvo a alguien porque se le cantó! Con eso tiene tres personas presas desde el 14 de diciembre.
En las últimas semanas Bullrich criticó a Correpi, ¿cómo lo toman?
Es un enorme orgullo que nos critique. ¿Imaginate si dijera algo bueno de nosotros? Es casi un clásico que nos critiquen. Estamos acostumbrados, pero las cifras que manejamos son todas serias, somos muy rigurosos. No tienen un flanco por donde entrarnos. Durante el kirchnerisimo también nos criticaron.
Pasan los gobiernos y Correpi sigue molestando. ¿Existe una solución de fondo para la problemática de las fuerzas represivas?
Nunca va a haber una solución de fondo mientras haya capitalismo. La organización en el frente antirrepresivo se puede comparar con la organización obrera que reclama una mejora del salario. Eso no soluciona las cosas, el cese de la explotación la solucionaría. Pero es lo que sirve para generar mayor conciencia. Primero hay que construir esa conciencia.
Después de tu candidatura política en las últimas elecciones con Poder Popular fuiste teniendo una visibilidad pública que trasciende al Frente Antirepresivo. ¿Por qué tomaste esa decisión?
Por un lado tiene que ver con una decisión más personal de no limitar la intervención a lo represivo. Y por el otro, por haber encontrado un espacio que está orientado en el mismo sentido que yo considero que tiene que ir la organización popular. Nuestra pelea nunca fue solo por la sentencia, sino por la conciencia. Y ese espacio es uno más para dar esa disputa de sentido que permita cambiar las cosas de una vez por todas.
En los últimos años se está viviendo un avance del feminismo en todos los ámbitos de la vida, ¿Cuánto condensan de machismo las fuerzas represivas?
Vivimos en una sociedad patriarcal y las agencias estatales represivas son de lo más concentrado de esa cultura patriarcal. Porque además son las que tienen como tarea garantizar la continuidad de esa lógica. Eso lo ves muy clarito cuando vas a esas comisarías de la mujer. Todas pintadas de rosa, te atienden mujeres, pero las víctimas son tratadas con la misma lógica que si te atendiera el sargento García en cualquier comisaría. No hay nada que tenga más concentrada esa lógica patriarcal que las fuerzas de seguridad. El paradigma de gendarme, de policía, de prefecto es un varón. Más allá de que cada vez hay más mujeres en las fuerzas, llevan la misma lógica. En el funcionamiento interno no hay ningún quiebre. La lucha antirrepresiva siempre fue primordialmente feminista en la práctica.
¿Cómo se preparan para la marcha del 24?
Logramos convencer a todo el Encuentro Memoria Verdad y Justicia, menos al FIT, de que era necesario llevar la propuesta de dos columnas, dos cabeceras, una plaza, un escenario, dos documentos. Planteamos que con un gobierno de estas características es necesario avanzar en mayores niveles de unidad en las calles. Sin perder la independencia política, obvio. El título de nuestro documento es “Unidad en las calles contra la impunidad, el ajuste y la represión de Macri y sus cómplices”. Haber llegado a esa síntesis es importante. Hay que repetir lo que hicimos el 14, el 18 de diciembre, el 8M, las marchas por Santiago Maldonado, que estuvimos juntos pero no revueltos, como dice Norita Cortiñas. El 24 de marzo es el día donde ponemos sobre la mesa la cuestión de los derechos humanos, de la represión. Y entonces con este avance feroz de las fuerzas represivas, estamos hablando casi de un estado de excepción, tenemos que hacer un esfuerzo por alcanzar mayores niveles de unidad en las calles para resistir.
Foto: Corina Figún