

Por: Lucas Pedulla – @lucaspedulla
Más de 20 mil despidos sólo en septiembre y octubre. Los datos implican un promedio de 6000 despidos o suspensiones mensuales: siete de cada diez se dieron en el sector industrial. El aumento de la conflictividad laboral. El incremento de la mesa navideña es de casi el doble de lo que subió el Salario Mínimo Vital y Móvil, mientras la canasta básica de la pobreza pasó el 54 por ciento. En el medio, llega a Argentina el tercer desembolso del FMI con pedido de más ajuste. Informes y datos que reflejan en qué condición llega el país de cara a un año electoral.
“La industria tuvo un año muy malo”, sentenció el presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Miguel Acevedo, mientras el riesgo país alcanzó el índice más elevado de la región detrás de Venezuela y Ecuador. La proyección del máximo dirigente fabril pone un signo de alerta que no viene desde el sindicalismo, los movimientos sociales o las multitudinarias marchas callejeras. “El riesgo país nos indica algo increíble”, agregó Acevedo. “Hay una Argentina blindada por el Fondo Monetario Internacional, pero estos niveles de riesgo te demuestran que no nos creen”.
No fue la única entidad empresaria que se pronunció. “Si continúa esta tendencia de caída en las ventas habrá más cierre de comercios porque ya que no tendrán margen para subsistir”, alertó la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME). Según sus relevamientos, las ventas minoristas bajaron en noviembre un 15,6 por ciento, lo que completa once meses consecutivos de bajas. En octubre, 8 de cada 10 negocios mostraron merma en las ventas. Los datos indican que es el peor noviembre desde 2009, cuando CAME comenzó con los relevamientos. Un ejemplo: la fábrica de calzado Paquetá, en Chivilcoy, cerró esta semana y dejó a 600 familias en la calle.
“En los últimos tres años estuvimos pensando en un crecimiento de ficción”, dijo Acevedo. “Veníamos creciendo, pero llegó la devaluación y nos demostró que las cosas no eran tan reales”.
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Menos trabajo, más conflictividad
Los despidos y suspensiones ascendieron a 20.872 casos en el bimestre septiembre-octubre, casi siete veces más que lo del mismo período del año anterior, que sumaron más de 3000. El dato se desprende de uno de los últimos informes del Centro de Economía Política de Argentina (CEPA). La preocupación de Acevedo tiene su correlato en los números: siete de cada diez cesantías se dieron en el sector industrial.
En total, la evolución de los despidos en los primeros diez meses trepa a casi 57 mil casos: el 77 por ciento corresponde al sector privado. Los datos implican un promedio de casi 6000 despidos mensuales. Es un incremento del 88 por ciento respecto del 2017.
Más datos:
1 de cada 9 despidos de los primeros diez meses del año se relacionan con cierres de empresas o plantas.
En el caso de la industria, la proporción es mayor: 1 de cada 7.
La mayoría de los despidos en el sector industrial se produjeron en el rubro de Alimentos y Bebidas (4165), Textil (2966), Metalúrgico (1552), Autopartes (1220) y de Electrónica y Electrodomésticos (1208).
En el área de Servicios, de los 9099 despidos, el 53 por ciento se dio en Comercio.
¿Cuál es el correlato de estos datos? Según el informe del Observatorio del Derecho Social de la CTA Autónoma, la conflictividad laboral creció un 12 por ciento respecto del año pasado. El principal motivo fueron las diversas crisis en cada unidad productiva que llevaron al atraso de pagos de salarios, suspensiones y despidos: el 57 por ciento de los conflictos en el sector privado y el 44 por ciento de los registrados en el sector público se debieron a estas causas. El correlato se expresa en que las negociaciones salariales quedaron detrás de la inflación y la amenaza de despidos.
Un dato importante: los trabajadores de la economía popular y social encabezaron el 10 por ciento de las protestas del trimestre. La conflictividad en este sector escaló un 160 por ciento respecto al mismo período del 2017.
Del pan dulce al FMI
Tampoco serán sencillas estas fiestas. Otro informe de CEPA arrojó que, en la comparación de precios respecto al año pasado, una típica cena navideña (asado, picada y helado) cuesta casi un 50 por ciento más caro ($3240 pesos contra $2176 del 2017) para una mesa de 5 o 6 comensales. Si se estira la comparación a 2015, el aumento escala al 251 por ciento.
El informe desglosa el aumento por producto:
Queso: de $150 a $339 el kilo.
Pan: $48 a $80.
Gaseosa cola (2 x 2,25 lts): $110 a $180.
Helado: $250 a $400.
Chorizo: $35 a $190.
Lechuga: $14 a $70.
Lo mismo sucede con la mesa dulce: un champagne, una sidra, dos pan dulces (la unidad de 500 gramos pasó de los $75 a $180), un budín y frutas secas tienen un costo aproximado de $943 pesos mientras que en 2017 sumaban $530. En los últimos tres años, se encareció un 216 por ciento.
Algunas conclusiones de CEPA:
“En diciembre de 2018 una familia debe disponer de un total de $4.156 para poder costear una cena navideña compuesta por una picada, un asado para 5-6 personas, helado y una mesa dulce. Considerando las dos fiestas de navidad y año nuevo, el total que debe disponer es de $8.312”.
“Los alimentos que se consumen en una cena de fin de año y en la mesa dulce aumentaron en promedio 54% en el último año, mientras que el SMVM (Salario Mínimo Vital y Móvil) solo lo hizo 28%, al igual que la jubilación mínima. Si se considera la evolución desde 2015, el incremento alcanzó el 243% entre las fiestas de 2015 y las actuales, pero el SMVM sólo creció 102% y la jubilación mínima, 116% en igual periodo”.
“Si se considera el Salario Mínimo Vital y Móvil, se pueden adquirir 2,7 cenas y mesas dulces en 2018, mientras que en 2017 se podían comprar 3,3 cenas y mesas dulces, es decir, una pérdida de poder adquisitivo de 17%. Si se considera los precios de 2015, la perdida asciende a 41%, dado que en aquellas fiestas podían adquirirse 4,6 cenas y mesas dulces”.
Según el INDEC, la llamada “canasta básica de pobreza” (pan, galletitas, arroz, harina, fideos, papa, azúcar, legumbres, frutas, carnes, huevos, leche, aceite, bebidas, sal y yerba) subió en noviembre un 4 por ciento. En los últimos doce meses, aumentó un 57,3 por ciento, y la de indigencia, un 54,1. Se explica en que la tracción a la inflación general viene por el lado de alimentos y bebidas. El organismo calculó así que un grupo familiar compuesto por dos adultos y dos menores necesita 10.122 pesos por mes solo para no ser indigente. Hace un año, ese número se ubicaba en 6568 pesos.
Los datos se complementan con que el Gobierno recibirá la próxima semana su regalo de Navidad: el FMI depositará su tercer desembolso por 7600 millones de dólares, bajo la condición de que sigan aumentando las tarifas, los salarios se contengan, se reforme la seguridad social y las leyes laborales, mientras espera una recuperación lenta del país.
Así quedó en claro con la votación con represión del Presupuesto 2019: el único ítem que aumenta respecto a la inflación en las partidas destinadas a gasto público es el pago de intereses de deuda, veintiséis veces lo invertido en Vivienda.