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Por: Delfina Corti

Mundo Villa. Más preguntas que respuestas.

 

Me junté con Joaquín Ramos un sábado a las diez y media de la mañana en la YPF que queda sobre Antártida Argentina. Días atrás, le había comentado mi interés sobre Mundo Villa – un medio de comunicación que trabaja con los sectores más vulnerables de la sociedad –  y él me invitó a participar del Taller Periodístico que dictan todos los sábados en la Villa 31.

Mientras caminábamos hasta la entrada del barrio junto a Martín, integrante del curso, le pregunté sobre la dinámica de los talleres. “Predomina el trabajo práctico. En este momento, estamos armando un spot sobre la inauguración de la Casa de la Cultura en la Villa 31”, me dijo. Y me contó brevemente la historia que había detrás de su construcción.

Al entrar, caminamos por un largo pasillo rodeados de puestos comerciales. A medida que avanzábamos, el olor a comida impregnaba el aire. Quizás por el hambre que me produjo o porque desconocía parte de la comida y bebida que se ofrecía, me llamó la atención la cultura gastronómica. En el momento en que me detuve a leer un cartel sobre una bebida que decía “Chicha de maní”, Joaquín me preguntó si conocía el barrio. Le contesté que no, que era mi primera vez.

A los pocos minutos, llegamos a El Galpón – espacio construido por el Gobierno de la Ciudad, y ubicado entre el Playón y la Comisaría, debajo de la Autopista – donde se dictan las clases del Taller. Subimos al aula y, a los pocos minutos, entró Isrrael Ledezma, Director de Mundo Villa TV.

“Parece ser que hoy no vamos a ser muchos”, dijo Joaquín pasadas las once. Para ese entonces, se habían sumado Ramón, Clara y Juan. Ese sábado, en el taller, se armó el guión técnico del spot. Joaquín hizo hincapié en que los chicos anotaran qué entrevistas querían realizar, qué tomas iban a hacer en el barrio y, sobre todo, las imágenes que funcionarían como insert.

Antes de arrancar, mostró dos documentales breves. El primero, sobre la inauguración de la Casa de la Cultura en la Villa 21. El segundo, “La obra pendiente”, a cargo de Mundo Villa, documental que explica aquello que Joaquín ya me había comentado minutos antes.

***

El 7 de abril del 2014 se firmó el convenio para la construcción de la Casa de la Cultura en la Villa 31. Los planos estaban a cargo del arquitecto Daniel Becker y tenía como antecedente la exitosa construcción de la Casa de la Cultura en la Villa 21. El lugar elegido, la casa de Adams Ledezma, conocido como el padre del periodismo villero quien fue asesinado el 4 de septiembre del 2010 y padre de Isrrael. Sin embargo, las obras se paralizaron cuando Teresa Parodi asumió como ministra. La casa de la familia Ledezma quedó destruida, inhabitable. Nadie se hizo cargo. Ruth Torrico tenía que vivir ahí con sus seis hijos.

En “La obra pendiente”, Ruth le pide a Cristina Kirchner ayuda para que alguien se haga cargo del freno en la construcción de la Casa de la Cultura. “Pasan algunos meses y justo en ese momento la Secretaría cambia a Ministerio, se hace cargo la señora Teresa Parodi. ¡Qué casualidad, todo se paralizó! En esos días después, mis compañeros y yo fuimos despedidos del trabajo, sin ninguna explicación, somos expulsados como si fuésemos peste.

El lugar donde se iba a construir la Casa de la Cultura es mi casa; empezaron a demolerla y la dejaron así (…). Me entra agua cuando llueve, me inundo, prácticamente la mitad de mi casa está destruida”, se escucha en off a Ruth, mientras varias imágenes muestran aquello que les habían prometido.

Isrra está sentado frente a mí y, al mismo tiempo, aparece en el video, en su propia casa destruida, sacando el cartel que habían puesto meses atrás y que decía: “Casa de la Cultura. Villa 31. Ministerio de Cultura. Presidencia de la Nación”.

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Cuando terminó el video, Joaquín me contó que a principios del 2017,  Diego Fernández, Secretario de Integración Social y Urbana, puso su firma en los planos de la obra de la Casa de la Cultura de Villa 31. De este modo, se retomó su construcción. “Estamos preparando el spot para su inauguración que se planea para principios del año que viene”, finalizó.

Aquel sábado, mientras los chicos se quedaron haciendo parte del guión técnico,  Isrrael y Joaquín me llevaron a conocer el barrio y las obras de la Casa de la Cultura. A pocos metros de El Galpón, está la plaza Adams Ledezma, construida recientemente. Frente a la canchita de fútbol, está la casa de los Ledezma con un cartel amarillo que cubre la fachada y ahora dice: “Proyecto Casa de la Cultura. Sigamos avanzando juntos. Buenos Aires Ciudad”.

Durante aquellos minutos que caminamos por los pasillos del barrio, Joaquín me contó que las obras en la Villa 31 por parte del Gobierno de la Ciudad habían crecido, incluso la campaña que se hizo para las elecciones fue enorme. “Sin embargo, en la Ciudad, Cambiemos perdió únicamente en dos lugares: en la Villa 21 y en la Villa 31”, agregó. Me mostraron las fachadas que realizaron en las casas que dan a la Autopista y las remodelaciones que hicieron en un playón enorme en donde tiempo atrás se jugaban torneos de fútbol. En aquella cancha de once, ahora se pueden ver varios autos estacionados y una cancha de vóley en la cual ahora juegan a una especie de fútbol-vóley.

Cuando regresamos, Joaquín les preguntó a los chicos qué tomas habían pensado. Comenzaron a debatir qué entrevistas realizar, qué tomas preparar para el sábado siguiente. El taller terminó con la organización de la filmación para el próximo encuentro. Martín, Joaquín y yo nos fuimos e Isrrael nos acompañó hasta la salida. Quedé en volver para presenciar los primeros días de rodaje y así lo hice.

 

 

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El sábado siguiente, nuevamente, a las diez y media en la YPF. A las once, en El Galpón, había más personas: no solo estaban Ramón y Juan, sino también Vicky, Nacho, Britany, Dalma, Dylan y Elena. Antes de salir a filmar los insert y la entrevista a Isrrael, Joaquín les mostró ejemplos de tomas para tener en cuenta. Vimos una entrevista de Nacho y Vicky al Director de la radio FM La 31, una radio comunitaria con llegada a toda la Villa 31.

Después de analizar varias tomas, salimos todos a la calle. Ramón fue el encargado de filmar. Al final del taller, me comentó que empezó este año a participar: “Emilia, una vecina mía, fue por el barrio comentando el inicio del taller. A mí me gusta la fotografía así que arranqué con esa idea”.

Dalma fue su ayudante de cámara. Ese día la conocí porque el sábado anterior no la había visto. Joaquín me comentó que ella había arrancado con los talleres de Mundo Villa y, ahora, trabajaba con ellos.

“Arranqué en Fraternidad Sur cuando tenía quince años. Era un programa para adolescentes donde vos hacías un curso y recibías un viático. Me anoté en el Taller periodístico y mi profesor fue Joaquín. Yo ya conocía Mundo Villa porque los veía, a veces, en las parroquias del barrio. Cuando me enteré de que eran ellos, me quedé. Siempre me llamó la atención la radio y me gusta mucho escribir. La primera vez que hice una nota fue en la Villa 21 sobre medio ambiente. Cuando la vi publicada, no lo podía creer. Fue muy groso para mí”, me dijo días después en una charla.

***

Una vez en los pasillos, empezaron a grabar tomas del barrio: en la carnicería, a los zapateros, un chico descamando un pescado…Finalmente, llegamos a la plaza Adams Ledezma y tomaron varias imágenes de la Casa de la Cultura desde afuera. Todavía le falta, pero su próxima apertura genera mucho entusiasmo para la transformación cultural de jóvenes, adultos, abuelos. Así sucedió en la Villa 21 y se espera lo mismo en la 31.

“El momento en el que un chico esté en la Casa de la Cultura va a ser un momento donde el pibe va a estar un minuto menos en la calle solo, o en una esquina, o presenciando algo violento. Los jóvenes atraviesan miles de variantes, pero en estos barrios se potencian, se viven al máximo. Acá uno crece muy rápido y si la familia no te da contención es muy difícil saber que uno puede soñar algo diferente. Los curas villeros hacen muy bien este trabajo. Queremos seguir ese camino, que la gente se adueñe de la Casa y que explote”, me contestó Dalma cuando le pregunté sobre la expectativa que generaba la apretura de la Casa.

Mientras algunos chicos jugaban un picadito en la canchita de la plaza, Isrra se sentó con el micrófono en la mano y su casa de fondo. Después de algunas pruebas de sonido e imagen, comenzó a responder varias preguntas que, detrás de cámara, le hacía Elena sobre su infancia y el rol de su papá Adams Ledezma como delegado y periodista en la Villa 31.

***

– Yo nací en 1994, en Cochabamba, Bolivia. Me vine en el 99 por un tema familiar. Yo llegué a los cuatro años con mis hermanos y mi mamá. Mi papá vino un año después. Fue complicado vivir en el barrio, estábamos en la época de la crisis. Venir de un país a otro país se complica. La tuvimos que pilotear para sobrevivir porque no había trabajo en aquellas épocas. Vivía antes en Güemes. Después, me mudé de playón. En el 2003, empecé a vivir en la 99. Mi viejo se postula en el 2003 para delegado y gana las elecciones. Mi viejo de a poco fue creciendo acá en el barrio. Al principio fue complicado, pero después nos fuimos adaptamos (…). Adams era delegado de la manzana 99. Lo asesinaron en el 2010. Fue el fundador de Mundo Villa. Mi viejo tuvo una infancia muy jodida. No se crió ni con su mamá y ni con su papá, sino con sus abuelos. A los 14 fue al cuartel, a los 15 se egresó. El tenía muchos conocimientos. Vino acá a probar cómo es Argentina. Bolivia estaba mal económicamente (…). En ese tiempo, yo tenía 12, 13, 14 años. Mi viejo en lo que hacia yo no me metía. Era muy estricto con nosotros. Él manejaba lo que es política, delegados. Yo me enfocaba en mis estudios. Él siempre nos decía que en lo que él hacía nosotros no nos teníamos que meter.

***

Cuando terminaron la entrevista, volvimos todos a El Galpón y nos despedimos. Dalma e Isrra nos acompañaron hasta la salida. Mientras caminábamos, empezaron a organizar un almuerzo para el sábado siguiente. Le pedí a Dalma su teléfono para charlar con ella durante la semana sobre su trabajo en Mundo Villa. “No lo puedo creer cuando hago una pausa en el día a día. Todo lo que era para mí Mundo Villa, cómo lo buscaba para leer y, hoy, me encuentro del otro lado. No puedo creer que ahora reviso la nota para ver cuál va a ser la siguiente entrevista. A mí me gusta escribirlas, tomar un mate y que de esa charla salga algo lindo. Puedo estar operando, coordinando la clase, sirviendo mate, tirando cables, buscando invitados. Me encanta escribir y escuchar a esas personas, escuchar sus historias, mostrar a través de las historias de vida lo hermoso y rico que es cada villa. La particularidad que tienen y cómo sus personajes lo reflejan. Mostrar lo que casi nadie quiere que se vea. Sobre todo con respeto y alegría. Hay contextos que favorecen o contradicen que algo puede pasar, pero no es que uno puede y el otro, sí. Si uno quiere escribir, puede.”, me dijo días después.

Aquel día, la saludé en la entrada. Con Isrra, estuvimos charlando durante un largo tiempo. Me comentó que está pensando en estudiar Derecho o Periodismo y que se hizo hincha de Boca porque en aquel momento “ganaban todo”. Le pregunté qué era la “Chicha de maní” y me respondió que es una bebida alcohólica boliviana. Le dije que me habían dado ganas de probarla y que iba a volver para hacerlo. Me despedí de él y lo mismo hice, minutos después, con Joaquín en la YPF.