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Por: Lucas Pedulla

 

Las trabajadoras y los trabajadores despedidos del Hospital Posadas participarán en la marcha convocada por Camioneros, a la que adhirieron gremios de la CGT, la CTA y movimientos sociales. También lo harán sindicatos de la Federación Sindical de Profesionales de la Salud de la República Argentina, entre ellos el CICOP, el gremio bonaerense, que sufrió la quita de la cuota sindical por apoyar el reclamo de los despidos en el Posadas. Salud pública, precariedad laboral y el nuevo mapa sindical, los ejes de un debate que sigue.

La Federación Sindical de Profesionales de la Salud de la República Argentina (Fesprosa) comunicó que gran parte de sus gremios movilizarán en la marcha convocada por Camioneros para el miércoles, y a la que adhirieron gremios de la CGT, la CTA y movimientos sociales. Uno de los sindicatos más importantes que integran Fesprosa es la Asociación de Profesionales de la Salud de Buenos (CICOP), que también convocó a movilizarse el 21F. No es casual: de los 3878 trabajadores del sector público que fueron cesanteados en enero (según el último informe del Centro de Economía Política Argentina, sobre un total de 6639 despidos), 122 corresponden al Hospital Posadas. Diecisiete de ellos eran delegados de CICOP y dos del Sindicato de Trabajadores de la Salud (STS), dos gremios que se opusieron a la precariedad de las condiciones de trabajo dentro de los hospitales bonaerenses.

“La salud en la provincia tiene una grave crisis”, dice a Tercer Cordón Fernando Corsiglia, presidente de CICOP. “Tiene como centro fundamental hoy la imposibilidad de conseguir recursos humanos y profesionales. Estamos funcionando con servicios casi cerrados, que funcionan un día sí y un día no, y eso genera muchas dificultades en la tarea y en la asistencia a la población. Hay áreas críticas -pediatrías, neonatología- en un marco general donde cuesta conseguir personal. Y el motivo fundamental es porque se paga salario muy bajo y hay muy malas condiciones laborales. Estamos en un salario inicial 23.300 pesos, una tarea denodada  ya que lo que deberían hacer dos o tres personas, lo hace uno solo y una altísima demanda de atención creciente que genera un cuadro de situación problemático, que se ha agudizado y no encuentra respuestas de los funcionarios. Deberíamos estar discutiendo salarios reales y una mejora sustancial pero lo que encontramos son evasivas, reuniones, respuestas pobres e inconexas. No vamos a tener sistema tal como lo conocimos si no afrontamos la situación con seriedad”.

 

El matiz disciplinador

El conflicto en el Hospital Posadas comenzó el año pasado cuando la Dirección del nosocomio intentó imponer la extensión de la jornada laboral de Enfermería de 10 a 12 horas. Los trabajadores se opusieron y presentaron un amparo ante la Justicia federal. La respuesta de las autoridades fue el descuento de hasta el 80 por ciento en los salarios: enfermeras que cobraban 23 mil pesos pasaron a cobrar 4 mil. En noviembre, la titular del Juzgado Federal de Primera Instancia en lo Civil, Comercial y Contencioso Administrativo N°2, la doctora Martina Isabela Forns, falló en favor de los trabajadores y ordenó el reintegro de los descuentos. No solo no sucedió, sino que 50 de los despidos de enero son los enfermeros del turno noche. La mecánica fue perversa: el 15 de enero, cada profesional debía pasar por mesa de entrada y fijarse si estaba en los dos listados que había confeccionado la dirección de Recursos Humanos. Si estaba en uno, su contrato seguiría hasta marzo. Si estaba en otro, todo 2018.

Hubo 122 trabajadores y trabajadoras que no estaban en ninguno. Al día siguiente, el Hospital amaneció militarizado con personal de Gendarmería y Policía Federal recorriendo los pasillos.

Diecisiete de los despedidos eran delegados de la Asociación de Profesionales de la Salud de la Provincia de Buenos Aires (CICOP), uno de los gremios que apoyó el reclamo de los trabajadores. De yapa, el Gobierno bloqueó al sindicato el cobro de la cuota sindical. “No solo intentaron imponer la modificación de las condiciones laborales, echaron gente y aún están pendientes 130 trabajadores en marzo, sino que quieren ahogar económica y financieramente a la seccional del Posadas para ahogar al gremio en su conjunto”, dice a Tercer Cordón Fernando Corsigilia, presidente de CICOP. “Todo esto no hubiera sido posible si en la inmensa mayoría del estado nacional no fueran inestables las condiciones de contratación. Los trabajadores no tienen su incorporación definitiva y, en el caso del Posadas, un 80% está en esa situación”.

 

-¿Cómo se explica desde un punto de vista sanitario y gremial lo que pasó en el Posadas?

-Hay, en principio, dos grandes cuestiones. Una tiene que ver con una decisión política. Es el único hospital de administración nacional, porque con la descentralización en los ´90 pasaron a estar bajo las provincias y municipios. Es muy grande, de alta complejidad y lo que entendemos que ha hecho el Gobierno ahí es lo mismo que hizo en el INTI, en el SENASA: por un lado promover cese de contratos o despidos o no renovaciones en función de determinadas definiciones que tuvo. La primera es quitarse todo lo que considera conflictivo. Ahí tenés la representación de nuestro gremio y de STS, y también muchos activistas, militantes, que tenían o tienen una clara identificación política. Además de eso, claramente hay un ataque a las organizaciones dispuestas a no decir a todo que sí. Otra es la sanitaria: estos 122 trabajadores, en su inmensa mayoría, ocupan lugares importantes en sectores de atención, fundamentalmente en muchas áreas cerradas, terapia intensiva, neonatología, y quedarse sin ese recurso valioso es temerario porque los eventuales reemplazos, además de tener una menor calidad laboral porque son monotributistas, no tienen la experiencia de quienes han trabajado 15 años en esos lugares.

-¿Y cómo se ubican estos despidos desde una perspectiva macro?

-Todo el desarrollo político que ha tenido este Gobierno en estos dos años tuvo como grave definición avanzar en lo sindical. En principio demonizando, y luego planteando que son ñoquis y no trabajan. Así han tenido desde el principio una política de intentar disminuir la fortaleza de los sindicatos. Tiene un objetivo claro: imponer el desarrollo de las negociaciones en planos asimétricos, con sindicatos disminuidos, más chicos. En ese contexto, ha sido mucho más voraz en los lugares donde encontró resistencia. Las definiciones en el INTI, el SENASA y el Posadas tienen un claro matiz disciplinador: mostrar como ejemplo no solo en el plano estatal, sino también en el privado, lo que puede pasar si hay resistencia y organizaciones que no se someten a las decisiones del gobierno.

 

 

-¿Por qué marchan el 21?

-Nos parece que la marcha del miércoles, así como ocurrió con el paro nacional de ATE, expresa una defensa de los intereses de clase trabajadora y es indispensable marchar y trabajar en pos de que esas expresiones sean lo más fuertes que podamos. Ambas marchas expresan una crítica al modelo en curso pero al mismo tiempo, una oposición a la política que plantea el Gobierno. Creo que aún tiene mucha menos fortaleza de lo que podría, porque hay que juntarse: si no, el problema lo vamos a tener más grande. Es indispensable deponer los intereses sectoriales en defensa de la intereses de la clase trabajadora.

 

La mezcla

CICOP es uno de los gremios que conforma la Federación Sindical de Profesionales de Salud de la Argentina (Fesprosa). Su presidente, Jorge Yabkowski (también secretario de Salud Laboral de la CTA Autónoma) dice a Tercer Cordón que “una buena parte” de los sindicatos que componen la Federación van a participar de la marcha del 21. “Algunas provincias no participan por alguna mirada crítica hacia el moyanismo. La Federación dejó en libertad de acción a sus regionales para que tomen su decisión”.

-¿Cómo evalúa este contexto?

-A nosotros nos quitaron la cuota en el Posadas como manera de castigar y destruir a la organización que está en la resistencia. Comprendo a quienes hoy desde un sindicalismo combativo e independiente tienen recelos a mezclarse o salir a la calle con sectores de la burocracia sindical que evidentemente están en negocios de corrupción, pero por otro lado se está produciendo una divisoria de aguas en todo el sector de la burocracia sindical. Hay otro sector más combativo, algunos románticos del período anterior, muchos que condicionan sus acciones a que vuelva Cristina. Está todo muy mezclado pero aun así, de los que salen a la calle a pelear contra la reforma laboral, la previsional y las paritarias sin techo, no todos tienen un CV presentable, y los trabajadores necesitan salir. Entonces el 21 vamos a estar en la calle. Gremios muy importantes de Fesprosa como Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe van a estar.

 

A pesar de esa mezcla que usted ve,¿Interpreta que desde la asunción de Cambiemos se está gestando, de a poco, un nuevo mapa sindical?

-Se está produciendo una confluencia que, sin hacer paralelismos, algunos comparan con la Marcha Federal del ´94: el MTA (Movimiento de Trabajadores Argentinos, con Hugo Moyano a la cabeza), la CTA incipiente, la CCC. Hoy hay nuevos actores, como la CTEP, una CTA dividida; no es el mismo mapa pero podría decir que, a grandes rasgos, está dividido en un sindicalismo acordista y otro que resiste al modelo neoliberal. En el interior de los que resisten, hay diferentes medidas y miradas también. Algunos plantean ir a una CGT unificada con las dos CTA adentro, pero el modelo sindical que defendemos es totalmente distinto. Lo que decimos es que hay que ser pluralistas y autónomos, sin meternos tampoco dentro de la batalla al interior del kirchnerismo. Aun así hay oportunidades de salir en marchas como la del 21 en función de los intereses comunes que tenemos.

 


REFERENCIA

Fotos gentileza de Nacho Yuchark.