Un micro repleto de trabajadores marítimos viajará desde el puerto de San Fernando hacia el centro porteño. Empleados de lanchas y catamaranes colectivos, de barcos paleros y areneros, todos afiliados al SOMU y militantes de la agrupación marítima Juan Ocampo, se movilizarán por tierra en contra del reformismo permanente que ensaya el gobierno. Pero la decisión de rechazar el ajuste oficialista encierra otro mensaje: un gesto de agradecimiento a Hugo Moyano, quien los apoyó (con éxito) en la elección interna del gremio. Pese a que la intervención macrista del SOMU respaldaba generosamente a la lista 20 Celeste, los marítimos de la Juan Ocampo ganaron en sociedad con otro sector vinculado a ATE. Tras ese triunfo, con una mezcla de lealtad pragmática y lealtad emotiva, los trabajadores de la seccional San Fernando optaron por acompañar al camionero en su primer gran desafío contra Mauricio Macri.
Otros afiliados al SOMU prefirieron despegarse de la movida, y muy en especial de la familia Moyano. El último jefazo de la CGT se convirtió en una suerte de mancha venenosa judicial para el resto de la dirigencia sindical. Los marítimos de la filial bonaerense desafiarán el miedo corporativo al carpetazo y marcharán por la avenida 9 de julio con una bandera que reclama “fuera intervención”. El eslogan refiere a la demora para concretar el traspaso de mando hacia la conducción electa. Porque el plazo legal de la intervención venció hace casi diez días. El juez Rodolfo Canicoba Corral y el Ministerio de Trabajo impulsan una transición paulatina, negociada y que incluya la continuidad de dos veedores propios. A partir del escándalo de la asadora Sandra Heredia, elegida por Jorge Triaca administrar el SOMU de San Fernando, el ministro de Trabajo quedó cerca del despido. Y si bien logró mantener el cargo, la difusión de otros casos similares o peores podría marcar el fin de su buena estrella. De ahí tanta resistencia a entregar los balances y la data fina sobre el estado del SOMU, tras dos años de gestión macrista-judicial.
El intento de regularización en el sindicato marítimo funcionó (y todavía lo hace) como una metáfora de cierta bambalina opaca del PRO. El lado B de su marketing buenista, en el que abundan las mañas históricas de la política.
La derrota de la lista alentada por Triaca a su vez expuso la enorme dificultad del oficialismo para hacer pie en el universo gremial. Sobre todo a nivel de las bases. Por fuera del lenguaje de la rosca, del toma y daca, de la estigmatización y el apriete, el macrismo se queda sin recursos para seducir a los trabajadores medianamente organizados.
La primera interventora del SOMU fue la actual senadora Gladys González. Suerte de contracara valiente y pura del sindicalista Omar “Caballo” Suárez, el perfil de González calzaba a la perfección con lo que pretendía comunicar el macrismo. El sindicato, a pesar de aquel mensaje, se volvió rápidamente una bolsa de trabajo informal.
Sólo en el primer año de la administración por parte del Ministerio de Trabajo, hubo 172 designaciones. La mayoría de los elegidos provenía de la política: ex empleados de la Cámara de Diputados bonaerense y de Santa Fe, de la Tesorería de la Provincia y el Renatre.
En el segundo año de la intervención, la oficina del SOMU en San Fernando duplicó su lista de empleados: pasó de cuatro a ocho. La asadora del ministro de Trabajo designó a su ex pareja y a la hija de su novia actual. Ninguna de las tres, empezando por la empleada de Triaca, tenía experiencia gremial alguna.
La breve gestión de Heredia dejó otra marca que ahora lamentan los trabajadores de San Fernando: estuvo ausente al momento de negociar con las cámaras empresarias de los barcos el bono navideño de diciembre pasado. Así, unos 300 marítimos del SOMU perdieron su plus salarial. Ese monto único era de ocho mil pesos para los llamados paleros (trabajan en barcos que llevan troncos, por ejemplo de Tigre hacia Papel Prensa) y seis mil pesos para los lancheros, que se desempeñan en lanchas y catamaranes colectivos.
Heredia sólo tenía que avalar el acuerdo, pero en diciembre ya había empezado a menguar su presencia en las oficinas del SOMU. La prioridad la tenía la quinta familiar de Triaca, donde atendía a las visitas. Tales antecedentes, entre otros motivos más macro, pusieron a los marítimos de San Fernando a marchar contra el gobierno.