IDEAS DEL PALO PARA SALIR DE LA CRISIS

#EleNão, O DE CÓMO LAS MUJERES SALVARÁN A BRASIL DEL FASCISMO
2 octubre, 2018
LA SALUD NO SE ACHICA
5 octubre, 2018
Facebook
Twitter
email
Print
Por: Pablo Bassi – @pablobassi_ 

 

Les preguntamos a economistas de las centrales sindicales cuáles serían sus primeras medidas de gobierno.

No suelen tuitear hilos con diagnósticos ni son invitados en horarios mainstream de la tv. Tampoco los llaman seguido para hablar en radio o escribir opiniones en portales. Anteponen la política, aunque su tarea es arrimar análisis económicos a las centrales sindicales.

Mariano de Miguel, Horacio Fernández, Mariana González y Martín Navarro trabajan cada uno por su lado para la CGT, la CTA Autónoma, la CTA de los Trabajadores y la CTEP. Todos prefieren responder en nombre propio, con ideas que en verdad son entramados de visiones colectivas. Como salida al ajuste, la mayoría prioriza la reactivación del mercado interno para beneficio de los trabajadores y las empresas.   

– ¿Y cómo la financiarías? –le preguntamos a Mariana González, la economista coordinadora del Centro de Investigación y Formación (CIFRA) de la CTA de los Trabajadores.

– Ingresos pueden generarse dando marcha atrás con medidas que adoptó el gobierno: reducción de las retenciones, del impuesto a Bienes Personales, aportes patronales, Ganancias. Pero además, es necesario adoptar medidas que dejen de estar orientadas al ajuste en el gasto público, como despidos y reducción de salarios. Hay que proteger los ingresos reales de los más desfavorecidos, incrementando jubilaciones mínimas y la AUH, por ejemplo.

Martín Navarro, coordinador de la mesa de economistas del Movimiento Evita, integrante de la CTEP, dice que reactivar el mercado interno implicaría otorgar créditos a empresas e incentivos del tipo compre argentino, pero no para sustituir todas las importaciones. “Es necesario garantizar la soberanía de ciertos insumos y protegernos de factores externos”, precisa. “Hay que orientar bonos a la producción nacional, no a la rentabilidad. O que la rentabilidad no esté por encima de la inversión”. 

En un mismo sentido se expresa Mariano de Miguel, director del Instituto de Estadísticas de los Trabajadores, que depende de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo, uno de los economistas más consultados por la CGT.

“Para apalancar la economía hay que recomponer el consumo y que el gasto público tenga un rol activo. Aplicar políticas orientadas a eso: retenciones a las mineras y empresas energéticas, mayores cargas patronales a grandes empresas, aumentar la AUH. Si no podés crecer porque el país nunca se ocupó de elaborar una estrategia de desarrollo para insertarse mejor en el mundo, generar dólares y sustituir importaciones, hay que alentar la inversión privada productiva”.

Los matices surgen en relación al dólar. Mariano de Miguel, por ejemplo, no cree necesario asignarle un doble precio, para importaciones de máquinas y turismo, por ejemplo. Llegado el caso, propone otros mecanismos como reintegros, subsidios o incentivos. Martín Navarro explica que si hay una corrida cambiaría, podría gravárselo. “El dólar tiene que ser uno”, dice.

Mariana González lo relativiza más aún y asegura que el dólar debería desdoblarse. “No digo volver al cepo”, sostiene. “Pero tiene que haber una regulación que oriente los gastos de importación de bienes de consumo, de turismo en el exterior o de fuga de capitales”.

Así también piensa Horacio Fernández, el único autodidacta de los cuatro, trabajador público, coordinador del Instituto de Estado y Participación (IDEP) de ATE, el sindicato más grande de la CTA Autónoma: 

“Pasa que la Argentina no tiene un problema de falta de dólares; Argentina no controla su cuenta de capitales, de comercio exterior ni de finanzas. Mirá, al pasar el dólar de veinte pesos a cuarenta, las principales quince exportadoras pasaron a facturar de 540.000 millones a un billón de pesos. Prácticamente el ajuste que te pide el Fondo Monetario Internacional”, gráfica. 

 

 

La herencia

Parecieran reproducir una visión orgánica cuando les preguntamos qué habría que repetir del modelo económico kirchnerista y qué no.

González, de CIFRA, destaca el fortalecimiento del mercado interno y una política de crecimiento que permitió fijar objetivos de largo plazo en la promoción de ciertos sectores industriales. “Un crecimiento con inclusión que hasta permitió renegociar la deuda externa y pagarla”, dice en referencia a la quita de 2005. 

La “política de inclusión” también es valorada por Mariano de Miguel, de la UMET. Él incluso la caracteriza de “agresiva” en jubilaciones y la AUH. Pero se diferencia de González, en cuanto a los tempos: 

“Los doce años enseñaron que si no cambiás estructuralmente la economía en su matriz productiva, industrial, agraria a los efectos de resolver los graves problemas de dólares, se paga caro. Hasta 2011, Argentina tuvo un sobrante de dólares externos para haber encarado transformaciones de base a nivel energético, minero, pesquero e industrial”, argumenta. 

El kirchnerismo no sólo se debate en la Argentina, sino que todo el campo popular de la región discute los ciclos denominados progresistas en América latina.

– Un balance que hay que hacer es la autonomía de las expresiones sociales en los cargos ejecutivos –dice Horacio Fernández, del IDEP.

– Decís que no hubo autonomía.

– Digo que se subordinaron o las subordinaron cuando eran convocadas, y entonces los sectores populares perdieron la posibilidad de intervenir con potencia. Durante el kichnerismo hubo cepo, pero se fugaron en total 100 mil millones de dólares. Y  hubo un arreglo con el Club de París tan ruinoso como el acuerdo de Macri con los holdouts.

Para Martín Navarro, del Movimiento Evita, el kirchnerismo no le dio importancia a la integración económica con América latina como sí a la integración política. “Guillermo Moreno prefirió una relación más madura con Estados Unidos que con Brasil”, recuerda. 

También critica la débil negociación abierta con los supermercados. Para los trabajadores de la economía popular, este aspecto no es menor. Dirigentes de las organizaciones sociales hacen hincapié en la necesidad de garantizar soberanía alimentaria. De descentralizar las urbes, volver al campo, construir chacras y controlar la producción. Dicen que en otros países, a los carrefour no les permiten meterse en las ciudades.

“Lo que pasa que ningún político te va a decir que necesitamos un Estado tan grande como para correr al mercado de donde está, o al menos condicionarlo”, reflexiona Navarro.

 

 

2019

– ¿No hay alternativa electoral fuerte porque aún no hay programa económico que la sintetice? –preguntamos.

– No, el problema es que hay desacuerdo político –responde Mariana González.

– Creo que existió la unidad necesaria para que la caída no fuese peor –plantea Martín Navarro- La ley de Emergencia Social es un ejemplo; el trabajo sindical, aunque a destiempo, es otro ejemplo. Lo que hay es un desfasaje en la síntesis económica, porque lo que no hay es síntesis política.

– Es un problema político, no económico –suma Horacio Fernández.

– ¿Cuál sería la salida? –preguntamos.

– Desde los sectores sociales que impugnan esta trayectoria hay que construir un acuerdo que no tenga que ver con la gobernabilidad que hoy se expresa no sólo es Cambiemos, sino en otras fuerzas del Parlamento bajo el eufemismo de acciones tendientes a la gobernabilidad, y en sectores sindicales que encorsetan el conflicto social –agrega Fernández.

– Hay dos programas económicos más claros que corresponden a tercios que se polarizan –señala de Miguel, aunque matiza la repelencia. Dice que dentro de cada tercio hay grietas– Y hay una oferta electoral que no tiene una configuración política de que pueda inferirse un programa. O porque no lo hay, o porque es diverso. De lo que ahí ocurra va a resolverse la salida.