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Por: Luis Vivori

 

Si bien Nueva Pompeya pertenece a Capital Federal, su condición de barrio orillero lo tiñe de inmediato con los colores del conurbano. Así es como en una de sus confusas fronteras, aparece Valentín Alsina, ciudad del sur bonaerense. Con ella, Pompeya comparte paisaje: esqueletos de frigoríficos, metalúrgicas y demás establecimientos industriales. Reflejos de un tiempo pasado que hoy solo refriega en la cara aires de decadencia y desolación. En esas latitudes, un 25 de enero de 2005, un auto perseguido por policías, desbocado y a contramano por la avenida Sáenz, atropelló y mató a tres personas e hirió a otras tantas. Lo que los medios se apresuraron a contar y llamaron “La masacre de Pompeya”, no fue más que un relato fraguado por policías de gatillo fácil y sus cómplices. Un papelón mediático en cadena, armado a las apuradas en el mismo momento del hecho. Enrique Piñeyro, director empecinado en buscar la verdad con sus documentales, tomó nota de los hechos. El realizador, que ya había desbaratado las mentiras de los dueños de empresas aéreas frente a tragedias evitables y con responsables muy claros, con El Rati Horror Show desenmascara una red de complicidades policiales y judiciales. Una red de impunidad pergeñada para zafar de responsabilidades en un accionar que se repite incesante, el de gatillar y matar a inocentes.

 

 

Kosteki y Santillán, el adelanto. El 26 de junio de 2002, cerca de la estación Avellaneda, los militantes populares Kosteki y Santillán, caen por balas oficiales. Dijeron que era “una pelea entre piqueteros”. Los asesinatos, perpetrados por la policía al comando del comisario Alfredo Fanchiotti, engordaron la lista de gatillos fáciles. Piñeyro conecta en su film este hecho con Pompeya. No es caprichoso. Están cerca y no solo por una cuestión geográfica. De inmediato, Pompeya entra en la escena. Vemos los noticieros de la tele repitiendo un mismo verso: “Un grupo de delincuentes que robaron a un militar, escapan y atropellan a tres personas en la avenida Sáenz”. Un relato homogéneo. Las imágenes, frenéticas, combinan periodistas indignados con vecinos que piden pena de muerte. “Este amoral que jugó con la vida ajena”, arroja un caracterizado movilero. “Que se pudra en la cárcel”, escupe un transeúnte. El dueño de una peluquería, único testigo, no duda: “yo lo vi al ladrón cómo le disparaba a la policía desde el Peugeot 205 blanco”. Mientras, el cuerpo con ocho balazos encima de Fernando Carrera, es introducido en una ambulancia. Lo llevan rodeado por una horda que clama justicia del tipo express y que se muestra dispuesta a llevarla adelante, colectivamente y sin intermediaciones que interrumpan el proceso. Se cuela un dato que hace ruido: “Tiene 27 años y no tiene antecedentes”. El marasmo informativo culmina con el juicio: “Solicitamos para el acusado la pena de 30 años de prisión por robo agravado y por ser autor de homicidio reiterado en 3 oportunidades”. Lo insultan. “Condena ejemplar”, dicen los noticieros.

A desmantelar la puesta en escena. Un break. La voz e imagen de un locutor comienza a recuperar los hechos. Los verdaderos. En un trabajo de ingeniería, minucioso, Piñeyro va desarmando una a una, las patrañas. Mediante recreaciones, animaciones y un documental dentro del documental, en el que se pueden ver sus propias costuras, empezamos a entender. El 205 de Carrera no fue el de los robos. Carrera nunca robó a nadie. Y la persecución de la policía fue a un inocente, que andaba por esos lares para evitar problemas de tránsito. Y que al ver que lo perseguían en un auto común (un Peugeot 504 negro con pedido de captura usado por policías de civil) pensó que le querían robar. En su desesperación se metió a contramano por Sáenz. Al recibir un disparo en la boca, uno de los ocho que lo impactaron, perdió la conciencia y atropelló a tres personas sobre aquella avenida. Todo lo que vino después no fue más que el armado de una puesta en escena policial. Tapando evidencias, inventando otras, intentaron y lograron, al menos por unos años, zafar de su responsabilidad de haber casi asesinado a un inocente y de provocar, debido a su impericia y acciones violentas descontroladas, la muerte de tres personas. Un gatillo fácil con múltiples y lamentables consecuencias.

 

 

Comisaría 34, escuela de represión. “Si me largaban a mí había que enjuiciar a los policías. Era más fácil echarme la culpa a mí”, describe Fernando Carrera en el documental. Todavía estaba en la cárcel, cumpliendo una condena que debía ser para otros. Tuvo que esperar hasta 2016 para ser liberado gracias a una sentencia definitiva de la Corte Suprema de Justicia. Un preso sin antecedentes ni culpabilidad en una pelea quijotesca frente a una comisaría y jueces plagados de antecedentes. La comisaría 34, responsable del desastre, ya tenía acostumbrado al barrio a sus abusos represivos. Ezequiel Demonty, por ejemplo, un joven del lugar, perdió la vida en el riachuelo, obligado a arrojarse a esas aguas por uno de esos miembros de la maldita policía afincada en la comisaría 34. Impunidad que contó durante años con la complicidad de jueces “amigos” que les garantizaron cobertura, como en el caso de Pompeya. Y no se trata solo de gatillo fácil, como lo resume Piñeyro: “Lo de Pompeya es un caso de gatillo fácil sin dudas, pero hay otras cosas más graves. En un párrafo textualmente el fallo del Procurador dice: ‘si bien es cierto que en el fallo no se menciona que Carrera no fue reconocido en las dos oportunidades, eso lo único que prueba es que Carrera no fue reconocido mas no su ajenidad al hecho’. Si esto pasa estamos fritos; estamos en el horno, volvemos a la época del Proceso donde personas no identificadas interceptan a cualquiera, en coches sin identificación ni chapa, pueden tirarte, matarte si presumen que sos culpable. Es una conspiración de Estado que le está dando el poder discrecional a la policía para que te mate por considerarte presunto culpable y eso nos afecta a todos. Nosotros tenemos un valor ciudadano que es la presunción de inocencia y ¿si perdemos eso?”

 


 

REFERENCIA

 

Entrevista extraída de:

http://cinefreaks.net/2010/09/14/entrevista-a-enrique-pineyro-lo-que-le-paso-a-fernando-carrera-manana-le-puede-pasar-a-otro/

Película completa en Youtube: https://www.youtube.com/watch?v=_u4PcG8S0TI