Argentina no había sufrido golpes de estado. Las mujeres no votaban. No se había jugado ningún Mundial de fútbol. El crack económico del 30 se olía, la segunda guerra Mundial ni se imaginaba, la Unión Soviética empezaba a extrañar a Lenin, Fidel Castro tenía dos años y Hitler era un político marginal de Alemania. Nelly Minyersky nació el 28 de julio de 1929 en Tucumán y conoce la historia porque la vivió.
Pionera de la Campaña por el aborto y primera mujer presidenta de la Asociación de Abogados de Buenos Aires, si Nelly dice que la calle puede definir que el aborto sea legal es porque los años de experiencia le enseñaron que cuando la voluntad popular desborda no hay “rosqueo” en el Congreso que aguante. Por eso, en la charla con Tercer Cordón en su estudio de la avenida Corrientes hará hincapié en la necesidad de ser millones en las calles el día de la votación.
Madre, abuela y bisabuela, la dulzura con la que Nelly hablará de las nuevas generaciones que se suman a la pelea contrastará con la firmeza al referirse a los argumentos que se utilizaron en contra de la ley. De los dichos del doctor Albino y el periodista de La Nación Mariano Obarrio a la esperanza que le genera ver a tantas jóvenes comprometidas.
-¿Qué piensa que puede pasar el 8 de agosto?
-Una siempre es ambiciosa. Hoy estamos parejos, que es mucho. Si hace unos meses me decías que íbamos a estar así, no lo creía. Pero ahora queremos la ley. Está difícil, pero creo que estar en la calle puede salvar la ley.
Hay personas que dudan si es tan importante el rol de la gente que se moviliza…
Nooo, que nadie dude. Ya quedó demostrada con la votación en Diputados la importancia de la gente afuera del Congreso. El 8 hay que estar ahí.
¿Por qué la pelea por esta ley se hizo masiva?
Creo que tuvimos la virtud de unir la inquietud por el aborto con la de los derechos humanos. Y ahí jugó un rol muy importante la Campaña Nacional, un movimiento admirable, muy democrático, territorial y transversal. Este fenómeno va a ser motivo de mucho estudio.
¿Vivió en su historia algo parecido a esto?
Nunca hubo tanta movilización como la que hay ahora. No lo vi en mi vida.
¿Qué piensa que van a decir en un futuro los estudios sobre los argumentos que se utilizaron en contra de la ley?
Leés los debates que hubo a lo largo de la historia y es impresionante lo retrógrado de los argumentos. Yo creo que estamos siendo demasiado blandas, hay unos cuantos discursos que merecen que se los denuncie ante el INADI. Dijeron barbaridades.
¿Cómo cuáles?
Por ejemplo, hubo un periodista (Mariano Obarrio, de La Nación) que dijo que el único caso en que se contempla el aborto es si la mujer violada es incapaz. Además de que el código no dice eso, lo que está diciendo es gravísimo. Según su lógica, entonces hay mujeres violadas que tenemos la capacidad de prestar consentimiento ante una violación y nos viene a decir que debemos seguir con el embarazo. Es penoso y peligroso.
También en su exposición usted debatió con el senador José Mayans, de Formosa
Sí, le tuve que explicar que los derechos civiles se dan desde el nacimiento porque el código nos dota de la posibilidad de tener un nombre, estado civil, domicilio… y el senador me respondió que el domicilio es el seno maternal. En el afán de decir cualquier cosa mezclan todo.
¿Escuchó la exposición del doctor Albino?
Sí. Albino es un personaje siniestro, un paradigma de lo que puede ser el mal. Hablar del preservativo como habla este hombre es un delito. Son actitudes criminales. Son personas que hacen daño. Ellos hablan que nosotras queremos matar niños y no es así. Son ellos los que matan en forma indirecta. Nosotras damos la pelea por la vida.
¿Por qué piensa que reaccionan con esos argumentos?
Hay un sector pequeño, pero poderoso, que a lo largo de la historia siempre reaccionó así cuando se quisieron ampliar derechos. Se creen que son los dueños de todo, y muchas veces terminan siendo los dueños del destino de las otras. No entiendo por qué hay tantos seres humanos que nacen y se creen con más derechos que los demás.
¿Subestiman a la gente?
Tienen tanto desprecio por la población que deben creer que somos todas taradas, que si se aprueba vamos a ir corriendo a abortar. Con la ley del divorcio pasó lo mismo. Con el matrimonio igualitario también.
¿Y cómo ve el rol que está jugando la iglesia?
Las presiones que está ejerciendo son enormes, enormes, enormes… Pero siempre tuvieron un papel muy negativo. La iglesia tuvo una culpa muy grande en haber privado a las mujeres al placer y al goce. Y eso entorpeció las relaciones sexuales. Yo nunca tuve educación sexual en la escuela. Y esa es una batalla ganada, sacamos la sexualidad del manto de tabú, de lo negro, eso es muy beneficioso.
¿Cómo se fue acercando al feminismo en su historia?
El feminismo en mi historia lo abordé por las tareas que afronté, no estuve en grupos que se caracterizaban por ser feministas. De hecho yo no decía que era feminista. Pero lo cierto es que lo era por las acciones que tomaba. Ahora todas nos decimos feministas y eso está muy bueno.
¿Y cómo era levantar esas banderas en esos tiempos?
Algunas cosas muy distintas y otras no tanto. En los 60 y 70 hubo movimientos liberadores. Hay muchas reivindicaciones por las que se está luchando hace mucho tiempo, ahora logramos mayor masividad.
Dentro de esa masividad aparecieron las nuevas generaciones que se sumaron a la lucha. ¿Qué piensa cuando las ve?
Me emociona mucho ver a las jóvenes. Cuando me dicen gracias, yo les digo gracias a ellas. Hoy estaba pensando que si esto no sale, a las pibas hay que explicarles que no las tiene que decepcionar, que esto se va a seguir peleando. Porque esto no se para más.
“131 votos fueron afirmativos, 123 negativos y hubo una abstención”. Cuando escuchó el resultado de la votación en Diputados, Marcela se largó a llorar en medio de la clase de yoga que tomaba en Bariloche. Si bien todas sus amigas se pusieron contentas, ella fue la única que no pudo contener el llanto y sólo alcanzó a decir: “Es la lucha de toda su vida, es la lucha de toda su vida”. Así recuerda Marcela, la hija de Nelly, el momento en que se enteró de la media sanción.
“Esta es la revolución de las hijas, pero en mi caso fue al revés, yo fui aprendiendo de ella. Y ahora aprendo también de las más jóvenes. Mi recuerdo es que lucha por el derecho de las mujeres y de los niños desde siempre. Yo me crié con eso, ella es un ejemplo de pensamiento de vanguardia, siempre está adelante. Y para mí es un orgullo”, cuenta Marcela.
Y remarca: “Hay un cambio muy grande de conciencia que se fue gestando y ahora las chicas tienen una fuerza imparable. Cuando ves a las pibas con los pañuelos, la batalla está ganada en cada una de nosotras, en ella misma. Ella siente que aunque no se apruebe, la batalla está ganada”.