LA GRIETA, LA UNIDAD Y EL RIESGO DE LA PICHETIZACIÓN

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VUELTA AL COLE
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Por: Guillermo Caviasca-Matías Cambiaggi

 

“¿Qué es el peronismo? Una máquina de poder”

M.A.Pichetto

 

¿Hace cuánto se habla, se piensa sobre las próximas elecciones?

La fecha queda lejana sin dudas porque habría que rastrearla mucho antes de lo que indica el comienzo del almanaque, y antes incluso del comienzo del actual gobierno, hasta llegar a algún lugar discutible del gobierno anterior.

Aunque es difícil encontrar un mojón tan preciso como originario, un gesto evidente, una coronación oficial. Pero el hecho es indubitable:  si todo concluye al fin, y todo tiene un final, también todo tiene un principio.  Y la construcción del adversario lo tuvo, aunque no importa demasiado qué momento se elija para señalarlo.

Lo que siguió fueron apenas las derivas del teorema de Vox Dei: la soledad del delfín con nado propio, la dificultad para ponerle el cuerpo a una campaña cuesta arriba, e incluso las incómodas elecciones de medio término que significaron no solo la capacidad del oficialismo para revalidarse, sino también una oportunidad para otra medición de fuerzas y reacomodamientos–aún en curso- al interior de la variopinta oposición. 

Todas-a esta altura- noticias viejas para un país con más Alertas políticas que meteorológicas, sin embargo, la novedad más vieja, sigue siendo la lógica ordenadora del blanco o negro, nosotros o ellos- de la cual el cambiemismo también hizo uso y abuso en su particular clave clasista, bajo la espectral figura de “la grieta”. Término que junto a al de “unidad” no sólo resultan de los más repetidos por estos meses, sino que, se supone, esconden las claves de todo lo que estará en juego. ¿Pero qué entendemos por grieta y unidad en esta particular coyuntura teñida de colores opuestos?

Empecemos por la primera de las dos palabras en cuestión: ¿De qué hablamos cuando hablamos de la grieta? ¿Qué es lo que define y cuanto es lo que oculta? 

Nada cuesta tanto como pagar por el error de un sobreentendido, por eso vale dejar establecido que se trata de un concepto con distintos usos e interpretaciones a pesar de que muchas veces supongamos que todos hablamos de lo mismo, cuando en realidad no es así y es por esto que su uso desprevenido constituye la primera de las trampas a eludir.

Mientras los “comunicadores” de la derecha cool clavan la pala en sus visitas a los medios en torno a los modales y las prácticas sociales de los trabajadores y sus organizaciones o incluso en aspectos atendibles pero accesorios de la experiencia peronista histórica, revolviendo en viejos rencores o lecturas de significativos sectores de las capas medias, para sostener algo de consenso, aún entre quienes fueron perjudicados por sus políticas, la verdadera grieta que eluden es a la que sí le temen y que no es otra cosa que el tradicional pensamiento de nuestra élite oligárquica y su condena al peronismo originario como traba estratégica al desarrollo del país de las vaquitas siempre ajenas.

Pero no se trata de Perón, ni de Evita y mucho menos del actual peronismo para todos los gustos, sino de lo que siempre estuvo en el centro de la verdadera grieta argentina: sus conquistas materiales y simbólicas, jamás aceptadas por amplios sectores del poder económico. 

Con todo, como esperanza latente y por la fuerza misma de estas conquistas históricas hoy jaqueadas y en entredicho, a pesar de los años, desde aquella guerra civil de baja intensidad hasta este reparto de las propinas si bien han cambiado muchas cosas, en el corazón de esta grieta modelo siglo XXI aún se escuchan con fuerza las mismas razones, lo mismos motivos de aquella “insubordinación fundante” que aún no se ha vuelto dócil y como todos vimos, watsap mediante, no tiene problema en decirle al mismísimo presidente en la cara y con casco de laburante que somos nosotros o son los monopolios. 

¿Será éste, el del delegado obrero que interpeló al presidente el anuncia de un fin de ciclo precipitado? Probablemente, pero las condiciones objetivas y las subjetivas no siempre van de la mano como muestra la historia y es ahí en donde el otro concepto más repetido durante estos meses ha cobrado importancia: la unidad.

Pero como ocurre con la grieta también es necesario precisar en su definición o en todo caso establecer sus objetivos, sus condiciones o sus paraqués, porque si bien no todas las preguntas siempre tienen respuestas, las tienen aún menos cuando las urgencias obturan la mirada de más largo plazo.

De vencer en las elecciones de 2019 y volver todo a un mágico punto de partida, ¿en qué lugar de la película quedaríamos? ¿Volveríamos al 2003, al 2015 o a un nuevo desierto aún inexplorado? 

Impuesta la grieta como concepto y la unidad como posibilidad de regreso, lo que aún es deuda son las respuestas a las preguntas que le darán forma como oportunidad, punto de encuentro o collar de estreno, pero collar al fin.

Más claro que nadie lo dijo un destacado dirigente de la marca Cambiemos:

“No importa tanto si ganamos o perdemos las elecciones. Lo que importa es que los cambios que estamos haciendo sean estructurales y que el gobierno que nos siga no los revierta”.

Blanco sobre negro, otra vez, la otra trampa se viste de urgencia, necesidades básicas insatisfechas y aritméticas, pero también se llama gobernabilidad y sus supuestos laderos, sin los cuales el ciclo cambiemos nunca hubiera existido, como así tampoco sus leyes estratégicas para desarticular conquistas y derechos consagrados.

En ese sentido Pichetizar las miradas críticas no significa aliarse al demonio, sino asumir sus tics más desagradables y volverlas sólo aritmética, cálculo frío de si con éste o con aquél, descuidando el profundo sentido de la política y sus motivos. Confundir el poder con el ejercicio del gobierno, o vivir de una ficción con cimientos de barro. Transformar para la vida digna de las mayorías y la construcción nacional de lo nuestro, o gestionar el poder con las variaciones indispensables de acuerdo a lo heredado.

No se trata de miradas románticas, sino de la más filosa racionalidad que debe tomar en cuenta en donde se encuentra la principal arma de los olvidados de siempre que no es en los estudios de televisión, ni en elaboraciones tacticistas, sino en hacer escuchar sus demandas, proponer caminos, profundizar su movilización, su autonomía, su voluntad de protagonismo, dialogar con la sociedad sin interpretar la correlación de fuerzas como una foto y sobre todo, aprender de su larga historia.

En esta nueva encrucijada del ciclo argentino, la razón verdadera de las grietas, la construcción de gobernabilidades y las contradicciones de las superestructuras de la política, la X de la ecuación, y la respuesta a todas las preguntas se encuentra para propios y ajenos, otra vez, como en 2003, tal vez, en la articulación de dos procesos fundantes: las conquistas del peronismo histórico que transformaron para siempre los designios del país burgués y diciembre de 2001 como la demostración de la indómita voluntad popular de este pueblo, pero también como la persistencia de un proceso abierto que nadie hasta el momento ha sabido cómo dar por concluido para terror de los ajustadores.