ADELANTO DEL LIBRO «GENERACIÓN 2001»

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26 septiembre, 2021
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ADELANTO DEL LIBRO «GENERACIÓN 2001»

El 2021 va a ser recordado como el año del aniversario de Okupas y su consagración nostálgica en Netflix. Sin embargo, tendrá lugar también otro aniversario, recuerdo de un hecho más trascendente, escrito también sobre el asfalto porteño, pero en un registro distinto, tan violento y realista que se cobró varias vidas a manos de sus intérpretes policiales y unos cuantos presidentes y toda una forma de interpretar la política y sus sentidos, a manos del coro revolucionado. Nos referimos, por cierto, al 20 de diciembre.

Con motivo de este segundo aniversario, algunos de los movimientos nucleados en la UTEP, lanzaron una editorial denominada Manzana uno, y un primer título que propone un diálogo revulsivo entre aquella fecha, sus contenidos y nuestro complejo presente con sus propias encrucijadas: Generación 2001, de Matías Cambiaggi.

A continuación, compartimos un adelanto del libro:

Introducción

Desde el año 2010, pocos días después de la muerte de Néstor Kirchner, el Gobierno de Cristina Fernández dio comienzo a un proceso novedoso de incorporación de jóvenes a funciones de gobierno, tareas de gestión, y legislativas. Todos ellos y todas ellas, con una particularidad especial: ninguno se había formado en los ámbitos institucionales del Estado, sino en organizaciones sociales, o políticas, enfrentando los ajustes, a los partidos tradicionales y al propio Estado en ocasiones, durante los últimos años noventa o los inicios de los dos mil.
¿Cuáles eran los motivos de aquella convocatoria? ¿No existían acaso otros actores, con mayor experiencia para cumplir con estas funciones estratégicas del Estado?
¿Qué había pasado para que sucediera ese salto abrupto en la composición generacional de quienes debían hacerse cargo de las funciones de gobierno? ¿Qué para que los criterios de su selección sean tan distintos a los de la tradicional lógica estatal?
¿Qué había pasado con los sobrevivientes de la generación de los setenta que habían cargado con tantas responsabilidades durante el gobierno de Néstor? ¿Qué había pasado con los de la generación de los ochenta que habían sorteado como pudieron la debacle de la primavera radical que nunca fue? ¿Cuáles eran los límites o dificultades de unos y otros? ¿Cuál, la promesa de los que recién llegaban?
¿Por qué Cristina Fernández decidió apoyarse en esos jóvenes que, a su inexperiencia en el Estado y la política tradicional, sumaban, por si fuera poco, también la escasez de títulos, de la que siempre se quejaba un poco en broma y otro poco en serio Néstor Kirchner?
¿Qué méritos habían tenido esos pibes y pibas que hasta pocos años antes a la asunción del gobierno de Néstor Kirchner habían mirado de reojo o incluso rechazaban a casi la totalidad de los políticos? ¿Cómo podían ser ellos y ellas los elegidos pocos años después, para ejercer la cotidiana y difícil tarea del gobierno?
La historia es conocida y fue alabada sin beneficio de inventario por unos, o criticada casi con rechazo epidérmico por otros, ya sea desde paneles televisivos o en las caníbales redes sociales, pero fue, ante todo y más allá del ámbito del que se tratara, muy poco reflexionada en los términos del largo proceso que la alumbró y por eso, aquel debate necesario quedó trunco por la falta de intérpretes que quisieran darlo y, después, por el cambio de gobierno de 2015, que, sin pérdida de tiempo, dio por clausurada aquella orientación.
“La recaída neoliberal” , tan breve como ruinosa en términos sociales, no sólo contó con intérpretes provenientes de los sectores dominantes y sus administradores, sino que, también en términos generacionales, apeló a los viejos conocidos aunque bajo una fórmula surrealista que integró conservadores de comité, presidentes de ONG´s y, sobre todo, empresarios amigos, ajenos, en teoría, al mundo de “la política” aunque exitosos en base a sus contactos y presiones sobre ella.
El Frankenstein con zapatos náuticos y ojos celestes, de Cambiemos, como ya sabemos, aportó a la dinámica de la política local menos novedad que un diario viejo y terminó en un fracaso que no fue noticia. Sin embargo, algo se quebró con el final de esta experiencia y su caída, de tan esperable, volvió más fuerte el golpe, más condenable la experiencia CEO y por supuesto, más importante que nunca la necesidad de fortalecer el legado pedagógico sobre esta aventura fallida.
En 2019, tras dar vuelta la página de la experiencia neoliberal bajo la conducción de Macri, el proceso de incorporación de los jóvenes ya no tan jóvenes, con Alberto Fernández en el gobierno, fue retomado para profundizarlo.
Axel Kicillof, Wado de Pedro, Fernanda Raverta, Juan Grabois, Leonardo Grosso, Mayra Mendoza, Luana Volnovich, Cecilia Todesca, Daniel Menendez, Andrés Larroque, Leandro Santoro, Santiago Cafiero, y Máximo Kirchner, entre otros y otras, son algunos y algunas de las referencias más reconocibles de este proceso, pero son, entre todas las diferencias que los distinguen , exponentes de lo que por sobre todas las cosas los une; el proceso histórico, cultural y político de formación que los marcó a fuego como un colectivo particular.
Ese tiempo especial, del cual cada uno en su medida, fue protagonista, y que abarcó desde los últimos años de los noventa, hasta pocos meses antes de la asunción del gobierno de Néstor Kirchner, tiene al 2001, como la fecha que señala su irrupción como colectivo social, y por eso, como el número que mejor sintetiza su formación de origen.
¿Estamos por esto, en presencia de una generación?
¿Cuáles serían sus atributos? ¿Cuáles sus marcas? ¿Cuál es la novedad que pueden aportar al presente político? ¿Existe un saber político por poner en juego?